Opinión

Una vez más, Pedro Castillo se dispara al pie

2022-01-31
Por Jorge Frisancho

Escritor

coverFoto: Andina

Yo realmente no creo que lo que hizo el presidente Castillo y que propició la renuncia de Avelino Guillén al Ministerio del Interior haya sido una alianza con las estructuras de corrupción de la Policia Nacional, como muchos sugieren. Creo más bien que se trata de un cálculo político: desde donde se encuentran, Castillo y sus asesores más cercanos deben haber calculado —sin equivocarse— que no tienen el suficiente capital político para confrontar la corrupción en ese plano, algo que por lo demás nunca ha sido una de sus principales prioridades de gobierno (y debería serlo, pero dejemos ese tema para luego).

Pero ese, creo también, es el cálculo errado. Primero, porque si bien es cierto que no tienen ese capital, también lo es que no tienen el que se necesita para darle la espalda a Guillén y lo que representa. Es una figura de mucho mayor consenso que el propio presidente y le confiere a su gobierno una credibilidad de la que de otro modo carece, y su salida, como estamos viendo hoy, bien puede convertirse en el gatillo de una crisis ministerial que lo haga tambalear. Esto es algo que Castillo y su gente tendrían que haber sabido, pero al parecer, no lo supieron. O no les importó, lo cual es peor.

Y segundo porque el tal "capital político" no es algo que se tenga o se deje de tener de manera infusa, sino algo que se construye con las propias acciones. Es algo que uno hace. De tal modo que afirmar abiertamente a Guillén en su disputa con Gallardo y sus oficiales aledaños, incluso desde una posición de debilidad, podría haberle servido a Castillo como factor de acumulación, dándole aire en lugar de quitárselo y ayudándole a asentarse en el gobierno, algo que no ha conseguido en todos estos meses.

En cambio, lo que tiene hoy Palacio en las manos es una nueva oportunidad política desaprovechada, un nuevo desorden autoinflingido y un nuevo llamado a la vacancia, de esos que parecían haberse desinflado y que hoy sin embargo se escuchan desde nuevos, traicioneros cuarteles.