Opinión

Son más de 98,000

2022-01-14
Por Luz Abarca
coverFoto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

El 2021 ha sido retador para familias enteras, sobre todo por la pandemia del covid-19 que ha agudizado problemas estructurales de un Perú que se niega a desvincularse de la ingobernabilidad y la corrupción que con pesar han visto generaciones pasadas. Y a ello hay que sumar la falta de voluntad de mirar y apostar por la infancia, la última rueda del coche.

Prueba de ello es que, en nuestro país el covid - 19 nos ha dejado grandes ausencias. Somos el país con el mayor número de Niños, Niñas y Adolescentes (NNA) en estado de orfandad, pues casi 98,000 perdieron a sus padres o cuidadores. Así lo anunció la ministra de Inclusión Social. En tanto la región Cusco ocupa el tercer lugar con mayor registro de casos de orfandad, solo antecedida por Lima y Loreto.

Si bien es cierto, desde el Estado a través del INABIF se ha planteado la entrega de S/. 200.00 mensuales, a la fecha solo se ha cubierto alrededor de 18,000 familias, sin embargo, no es del todo suficiente. Es preciso transparentar y hacer un reajuste del sistema de registro de defunciones, por ello saludamos que el legislativo haya aprobado el proyecto de “Ley para promover la protección y desarrollo integral de las niñas, niños y adolescentes en situación de orfandad”, presentado por el ejecutivo en noviembre pasado, este proyecto permitirá suprimir como requisito el certificado de defunción, ya que muchas familias se han visto imposibilitadas de hacer un registro adecuado de la muerte de un familiar, lo que permitiría extender el beneficio a más niños en estado de orfandad.

Urge acoger a los más de 98.000 NNA como nuestros, más allá de una asistencia económica, que según ley tendría que ser usada para fines de alimentación, educación, salud física. Es preciso tomar medidas integrales con horizontes concretos en concordancia con los gobiernos regionales, locales y sociedad civil que garanticen el acceso real a servicios de salud física y emocional, educación y vivienda. Los estragos generados por la pandemia no nos deben quitar la esperanza de apostar e invertir por el futuro de la infancia y más aún de quienes perdieron a quienes tendrían que protegerlos y velar por ellos. Que nuestras miradas nos encuentren y acerquen a la necesidad de los demás en los sentimientos de ausencia que alguna vez sentimos al no hallar a nuestros padres. Invertir en los niños, niñas y adolescentes es tarea fundamental del Estado y la sociedad.