Opinión

Sin políticas no hay gobierno

2021-11-24
Por Miguel Castillo Rodríguez

Gestor público especializado en gobiernos locales

coverFoto: Presidencia del Perú

El presidente Castillo en su discurso de los 100 días de gobierno, pronunciado en el departamento de Ayacucho, afirmó “mi gobierno tiene un rumbo claro que está establecido en la Política General de Gobierno (PGG) con ejes y lineamientos claros para transformar nuestra patria…”. Cito este párrafo para mostrar que nuestro presidente no es ajeno al proceso de planeamiento estratégico nacional, y sabe que para dirigir el Estado no bastan las promesas hechas desde un estrado. Sus discursos tienen que servir de enunciados para la formulación de las políticas de estado y a través de estas todo el sistema administrativo del mismo se debe alinear y gestionar los planes necesarios para lograr los objetivos nacionales de desarrollo, el cierre de brechas y la mejora la calidad de vida de los peruanos.

La campaña electoral hace tiempo que terminó. El discurso de apertura de su gobierno con mucho esfuerzo ya se tradujo en la Política General de Gobierno, sin embargo, la ambigüedad en la gestión persiste. Haciendo un análisis comparativo entre el discurso presidencial del 28 de julio y del ex premier en su pedido de confianza con la PGG publicada en diario “El Peruano” y aprobada mediante Decreto Supremo N° 164 -2021 –PCM, en ambos casos menos del 30% de sus propuestas se ven alineadas en este documento, es decir mientras de un lado tenemos un discurso oficial por otro lado tenemos el discurso del descontento.

El presidente y el candidato

Castillo tiene un discurso simple, regionalista y de confrontación que apunta a una mayor distribución de los recursos económicos y mayor autonomía administrativa hacia los departamentos del interior del país.

En el partido Perú Libre, varios de sus integrantes lo han descrito como "un sindicalista de provincia", ¿que nos quieren decir con ello? Creo que se refieren a qué la visión de nuestro presidente es limitada y no abarca a todos, sino solo al grupo que representa. Tengo claro que Castillo no es un comunista, no sé si socialista, pero usa parte de ese discurso para reclamar los derechos que el siente, como ciudadano, que nunca fueron atendidos.

Como lograr unir ambas caras de la moneda, como conciliar sus dos discursos, recordemos que los planes no son abstractos, tienen que ser factibles y contar sobre todo con el presupuesto para hacerlos realidad, en el mejor de los casos saber de dónde sacar el dinero para cumplirlos.

Al leer, el eje 2 de la PGG “Reactivación económica y de actividades productivas con desarrollo agrario y rural”, es claro que la postura del gobierno se orienta al fomento de la economía local, de los micro, pequeña y mediana empresa, formal o informal, de aquellos que se ubican al interior del país sobre todo los alejados de las grandes ciudades, donde la gran empresa no tiene el protagonismo. Quizás por ello en sus discursos habla de nacionalizar y que los peruanos hagamos empresa. En este punto sabemos que una economía globalizada debe buscar el punto exacto para fomentar y conciliar ambas posturas, pero en Castillo esa visión no existe.

Aprendiendo a gobernar

Castillo tiene una desventaja, la coyuntura política, social y económica que atravesamos. Llego al poder en el medio de una crisis mundial, confrontaciones políticas internas y con el descontento social al límite. Castillo no gano por ser socialista o comunista, sino por representar otra vez al político aparentemente limpio, alejado de la corrupción del partido opositor, y sobre todo ser un peruano cuyos rasgos representan a muchos sectores de la sociedad, por ello y para fortalecer su lado andino, se puso el sombrero y nunca se lo volvió a sacar.

El Perú es un país difícil de gobernar, sobre todo si ganaste por los votos en contra de tu rival de segunda vuelta, lo cual no le da mucho margen de acción. No tiene un partido que lo apoye, tampoco técnicos que traduzcan con acierto sus ideas y las viabilicen en políticas de gobierno claras. Se ha rodeado de amigos que pueden ser leales pero su inexperiencia los hace presas fáciles de la oposición.

Gobernar es más difícil que prometer. Castillo prometió mucho, otro gran problema, usó la estrategia del salvador para ganar. Se ungió como el iluminado que cambiará todo lo malo del país, solo con redactar una nueva Constitución, con la cual desterraría la corrupción, traería progreso y mejoraría la vida de todos los peruanos. No tomó en cuenta el tiempo que le tomaría cumplir con su promesa, y quiénes votaron por él -sobte todo en primera vuelta- quieren ahora lo que Castillo prometió.

Gobernar para el futuro

No creo que Castillo quiera destruir al país, solo no sabe gobernar. No estuvo preparado antes de postular y tampoco habiendo ganado. Al ser un presidente con poca preparación académica tiene problemas para entender un reporte macroeconómico, las variaciones del mercado, los problemas estructurales del país o conocer las funciones del Estado. De otro lado su regionalismo termina siendo excluyente.

Gobernar un país no es tarea de 5 años, es una acción permanente. Es decir, en 5 años no cambiamos un país sentamos las bases para que el siguiente presidente continúe lo bueno o mejore lo malo. No se trata de cambiar de rumbo cada 5 años, que es lo que ocurre en países con un estado débil.

Los gobiernos deben sentar sus bases en Políticas Nacionales donde se ha trazado la ruta que se debe seguir para alcanzar, lo que todos queremos, el desarrollo. El gobierno de turno debe alinearse a los objetivos de estas políticas y a través de la acción llegar a cumplirlos.

En el Perú, las tenemos, están descritas en el Acuerdo Nacional y el Plan Estratégico de Desarrollo Nacional. ¿Algún político o aspirante a serlo las habrá leído? ¿Antes de redactar su ideario Vladimir Cerrón habrá leído estos documentos? ¿Sabrá nuestro presidente que gran parte de lo desea para el País está escrito en esas políticas? Con la frase que citamos del presidente Castillo al inicio de este artículo, sé que ha tomado conocimiento sobre estos documentos de gestión nacional, aunque no creo que los haya entendido en su real magnitud. Tampoco lo culpo casi todos nuestros políticos no les dan la debida importancia. Es cierto en 100 días un profesor sindicalista, que también es un pequeño agricultor no cambiara al país, pero al menos debe sentar las bases para ello.