Opinión

Posible golpe parlamentario con la colaboración del presidente

2022-11-12
Por Carlos Reyna

Sociólogo

coverFoto: Presidencia de la República

La probabilidad de destituir a Pedro Castillo por una vía inconstitucional, es decir mediante un golpe de estado, acaba de materializarse. Este viernes la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales acordó, por una mayoría ajustada de un solo voto, que hay fundamentos para acusar al presidente Castillo por traición a la patria, que es uno de los pocos delitos para destituirlo estando en el ejercicio del cargo.

En consecuencia, esta acusación pasará a su siguiente estación de debate, la Comisión Permanente del Congreso. Este debate será el próximo miércoles y ese mismo día podrá ser votada. Como la relación de fuerzas es la misma que la de la subcomisión, lo más probable es que sea aprobada y pase luego a la última y definitiva etapa, el pleno del Congreso. Como el reglamento del Congreso no exige mayoría calificada, los famosos 87 votos, sino mayoría simple para la aprobación final de esta denuncia, también es posible que esta sea aprobada y, con ello, que Castillo sea por lo menos suspendido del cargo.

Los golpistas

De los 11 votos que le dieron el pase a la Comisión Permanente, 8 son de Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País. Es el bloque de extrema derecha cuyas acciones para impedir que Castillo gobierne comenzaron antes que este asumiera el cargo. Por lo tanto no están determinadas por el desempeño del presidente sino por una convicción ideológica independiente de los hechos y de la consistencia fáctica y jurídica de sus acusaciones: Castillo es comunista y debe impedirse que instale el comunismo en el Perú. Por eso mismo, apenas el cajamarquino ganó la elección realizaron una larga campaña sin fundamento sosteniendo que hubo fraude.

Los autores originales de la mencionada denuncia contra Castillo son políticos y abogados con la misma convicción ideológica que las bancadas de oposición. Tienen la misma práctica de levantar acusaciones sin sustento objetivo, y algunos han tenido vínculos orgánicos con el fujimorismo. Entre ellos, Francisco Tudela, Fernán Altuve, Hugo Guerra Arteaga y Lourdes Flores.

En un anterior artículo mencioné que la denuncia contra Castillo por traición a la patria es una de las evidencias más claras del golpismo. Esto porque no tiene precisamente otro fundamento que el extremismo dogmático, sin ninguna lealtad con los hechos ni con la ley. De ahí que pueden ser señalados como golpistas que promueven un golpe parlamentario. La sombra tutelar del ya viejo golpismo de Alberto Fujimori, del cual Tudela fue canciller y vicepresidente electo en las elecciones fraudulentas del 2000 se proyecta nítidamente sobre su denuncia.

Contra la ley y la Constitución

Casi todos los juristas y constitucionalistas sostienen la carencia absoluta de sustento en la denuncia. No es muy difícil comprobarlo. Basta revisar el Código Penal en el Capítulo Atentados contra la Seguridad Nacional y Traición a la Patria y se encontraran 9 artículos con las respectivas figuras que tipifican a esos delitos. Todas ellas se refieren a diferentes actuaciones objetivas y concretas. Ninguna de ellas fue realizada por Castillo cuando expresó de manera vaga y confusa su simpatía por una salida al mar para Bolivia.

Pero ya sabemos cuanta fidelidad al marco constitucional y a los requerimientos de objetividad y racionalidad suelen tener los voceros de la oposición. Nada de eso acompaña a las caricaturas de fundamentación que vienen presentando. Lo hacen con ese histrionismo cínico ficticiamente solemne y patriótico que hace recordar aquel momento en que Alberto Fujimori anunció la disolución del Congreso. Nada que sorprenda.

Ahora, ante la perspectiva de consumación de un golpe parlamentario contra el presidente, la polarización que nos acompaña hace muchos meses puede derivar a episodios de violencia de niveles impredecibles. Para que lleguemos a este punto, uno de los que más han colaborado ha venido siendo el propio Pedro Castillo.

La colaboración de Castillo con los aspirantes a derrocarlo

Apenas comenzado su gobierno se hizo evidente que el gobierno iba a tener opositores extremos que buscarían derribarlo y que controlaban un tercio del parlamento. Fue de esperar que Castillo y Perú Libre, el partido de gobierno, tendrían como una de sus prioridades en aislar a los golpistas. Por el contrario, en estos 16 meses de gobierno, los han venido alimentando.

Primero se entregó a los hermanos Cerrón todo el manejo de la bancada oficialista. Su torpeza determinó que, desde el comienzo hasta ahora, el Congreso quedara controlado por la extrema derecha y que, más tarde, los oficialistas se partieran en cinco grupos.

Luego, se optó por preferir como primeros ministros a expertos en generar conflictos, incapaces de construir algún tipo de consenso. Así han sido los señores Bellido, Valer y Torres. La única con un desempeño aceptable fue Mirtha Vásquez.

Pero lo peor y de mayor afectación a los peruanos ha sido la entrega de la gestión de gobierno a facciones corruptas. Así ha sido en varios de los ministerios críticos para el bienestar social de los peruanos como el ministerio de Transportes, Educación, Salud, Producción, Interior y otras entidades como Petroperú. Sujetos corruptos fueron colocados como asesores del propio Castillo, y terminaron involucrando a su propia familia.

Cuando no ha entregado ministerios a personajes de ese tipo, Castillo ha colocado a personajes absolutamente incompetentes en sus respectivas áreas, como Agricultura, Ambiente, Trabajo. Han sido muy pocos los ministerios en donde puso a cuadros competentes y probos. Y si los hubo, no duraron en sus cargos.

Mas dedicado a favorecer a este tipo de gente, este presidente no ha mostrado mayor interés en implementar la reforma tributaria, la segunda reforma agraria, la masificación del gas, u otras medidas similares. Tampoco en hacer cuestión de confianza si el Congreso las rechazara.

Con este desempeño, Castillo ha entregado mucho material para que los medios lo usen en su contra, para que la extrema derecha continúe sus conspiraciones y para que suba su desaprobación ciudadana. Solo algo más del 20 % de los peruanos lo aprueban, pero esto ocurre no por los logros del gobierno, sino por una identificación simbólica con un presidente de origen rural. Si la extrema derecha no pudo sacarlo hasta ahora es por su enorme torpeza y porque sus caras visibles también están quemadas por la corrupción.

Lo más grave es que Castillo no ha dado muestras de cambio. De hecho, el Estado está más desarmado que antes, y los peruanos más vulnerables, frente a una serie de amenazas crecientes, externas e internas, que tiene el país. Entre ellas, el calentamiento global, las epidemias, la inseguridad alimentaria, las diversas formas de criminalidad y las enormes brechas educativas y tecnológicas que nos separan del progreso como nación. Cada día que pasa quedamos más expuestos. Esto viene de antes, pero Castillo lo ha acentuado más. Por eso, desde hace unos meses, ya existían fundamentos para su vacancia por incapacidad moral. Pero sus enemigos no lo podían vacar porque además de algunos apoyos por convicción también logró otros apoyos pagados.

Felices fiestas

Así venían siendo las cosas. Los peruanos, que en gran mayoría padecíamos los daños tanto del gobierno como del Congreso, solo contemplábamos. Ahora, abruptamente, se abrió paso la opción de destituirlo por una denuncia infundada. Para la agenda de fin de año tendremos entonces un posible golpe parlamentario con hartos desmanes de por medio. ¿Qué estamos pagando las y los peruanos? Pues el precio de dejar la política en manos, no de políticos, sino de facciones corruptas. Y de esperar, además, que se vayan solitas.