Opinión

Nosotros también tenemos un sueño

2021-09-14
Por Carlos Flores Lizana

Antropólogo y Profesor

coverFoto: ©Luisenrrique Becerra │ Noticias SER

El tema de los sueños es algo muy bello que tiene que ver con lo que en las Escrituras y otras literaturas llamamos, las utopías históricas, las esperanzas movilizadoras, el proyecto histórico de Dios para todos los hombres. Está relacionado con el mito de futuro de “esa tierra sin mal”, que buscaron y aún buscan los pueblos originarios guaraníes. Entre los quechuas también está presente en el mito de Inkarri vivo, hasta hoy esperando que llegue a cumplirse cuando la cabeza del Inka recupere su cuerpo que crece desde la Pachamama que lo va formando. Tiene que ver con el derecho a vivir, ser libres y buscar ser felices, como lo dijera Martin Luther King, el 28 de agosto de 1963, en su conmovedor discurso en Washington D.C. Decia “Yo tengo un sueño”, en la gran marcha de los derechos civiles para los negros de los EEUU. Tiene que ver con “la ciudad de Dios” de San Agustín, Tomas Moro, y San Arnulfo Romero los tres cristianos, y con José Carlos Mariátegui, desde la corriente socialista marxista. Es muy importante darnos cuenta que los mitos o utopías de futuro, si los podemos llamar así, se constituyen o crean con un esfuerzo de reflexión, investigación y análisis de nuestra historia personal y colectiva. Además de ello, para nosotros los creyentes en Dios, es un esfuerzo por oír escuchando al Espíritu, de pedir y recibir su luz, es lo que en la oración del Padre Nuestro pedimos, “venga a nosotros tu Reino y hágase tu voluntad”, etc. No es un providencialismo pasivo, o mágico infantil, todo lo contrario nos exige un esfuerzo permanente de reflexión y análisis, de consenso y acuerdos comunes hechos con madurez y de manera permanente.

Como digo, es algo muy hermoso, algo que nos de esperanza. Esa “pequeña esperanza” de la que habla Charles Peguy, que nos hace caminar, a pesar de todo. Por eso este tema me parece de mucha importancia en este momento de nuestro país en términos políticos e históricos. Estamos celebrando, con algunas limitaciones, los doscientos años de nuestra independencia, el comienzo de nuestra autonomía política, social y cultural como nación, después de cerca de 300 años de un régimen colonial opresor y castrante de nuestra identidad cultural, social y económica. Lo segundo es que también después de esta segunda vuelta electoral, donde hemos mostrado muchos aspectos de nuestra identidad, pero sobre todo como lo señalaba la historiadora McEvoy, las fracturas hondas que tenemos que unir y restañar en varios terrenos de nuestra realidad nacional.

Los sueños en las Escrituras

En las Escrituras hay varios pasajes donde aparecen textos relacionados al sueño como lugar de revelación y el primero de ellos es el que le dio Dios a Adán, antes de presentarle a su compañera Eva, la formada de una costilla de su costado, que lo más probable sea el izquierdo, es decir, cerca a su corazón. Este relato divino es realmente fundante, como para decirnos que el sueño tiene que ver con el amor y con ser hombre completo, acompañado, no solo. Conocemos la alegría que le produjo el encuentro con ese “regalo” que Dios le había preparado, con tanto cuidado y cariño para su hijo, el hombre. Le dio tanta alegría por su semejanza a él que en la escritura dice que le puso su mismo nombre, solo que en femenino, la llamó varona, “porque del varón había salido”. Además el texto nos dice que somos una sola humanidad diferenciada en dos sexos complementarios y llamados a la unidad por el amor y la fecundidad de la vida. Poniendo de esta manera lo que Jesús dijo después, que los esposos “ya no son dos sino una sola cosa, y por lo tanto que el hombre no separe lo que El quiso que estuviera unido”. Que se dejará al padre y la madre para hacerse una sola carne.

El segundo relato relacionado al sueño está en la maravillosa historia de José “el vendido por sus hermanos”. Este relato es tan bello y está relacionado nada menos que con la fraternidad rota, pero sobre todo con las condiciones para restablecerla. José “el soñador”, pero a su vez el que interpreta los sueños, es el protagonista de este drama e historia educadora. Primeramente José, a causa de sus sueños no es comprendido, sino envidiado y luego odiado, por sus hermanos y finalmente vendido como esclavo a unos comerciantes de personas que se lo llevan a Egipto. El comentario después de la venta de su sangre es “veamos en que quedan esos sueños”. Estando en la cárcel le piden interpretar el sueño de dos empleados del Faraón, para uno era el anuncio de su muerte y para el otro su salvación. Finalmente la historia de José continua con la interpretación de los sueños del Faraón egipcio, con lo que se salva de la hambruna que vendría después de los siete años de abundancia.

El sueño lo lleva a su salvación y ubicación en el gobierno del Faraón con un cargo político muy alto. La política acertada de José hace que su misma familia termine bajando de Palestina o Canaán, al territorio de Egipto. Toda la familia de José y sus hermanos se salvan por haber interpretado bien el mensaje de Dios, que es el autor en definitiva de todo este camino desconcertante pero efectivo en su realidad.

En este texto nuevamente se resalta la novedad y la salvación que viene de saber interpretar bien los sueños. Igualmente aparece que nada impide lo que Dios quiere llevar adelante en su proyecto de cuidar y consolidar a su Pueblo. Que como dice Santa Teresa de Avila, “Dios escribe derecho sobre líneas torcidas”. Los caminos de Dios en la historia humana son impredecibles, pero son eficaces y reales, Pablo dirá “todas las cosas suceden para bien de sus elegidos ”o “En El somos nos movemos y existimos”.

El tercer relato sobre el tema en el Antiguo Testamento tiene que ver con el sueño de Jacob en el cual se resalta la importancia del lugar donde debía hacerse el templo para Dios, el lugar para encontrarse con Dios. Este sueño tiene que ver con la visión de una escalinata con la cual suben y bajan los ángeles o mensajeros de Dios, este subir y bajar a un determinado lugar indica que no todo lugar es bueno para comunicarse con Dios, que El tiene lugares preferidos, etc. Jesús en el nuevo testamento dirá que El es el lugar del encuentro con Dios, para nosotros, quien le recibe a El recibe al Padre. Quien acepta su humanidad y su manera de vivir, acepta a Dios su padre.

Otro texto importante es el del Exodo, cuando Moisés va a la montaña que Dios le señala y entra como en un sueño antes de hacer las ofrendas para Dios, de igual manera esta relación con el sueño que se repite con Jesús en la transfiguración, después de mostrarse y oír la voz del Padre, ellos, los discípulos, dice el texto, que se despertaron y vieron solo a Jesús, y El les dijo que “no contaran a nadie lo visto, hasta que el resucite de entre los muertos”. En estos relatos según los biblistas se hace notar que los sueños tienen que ver con los sentimientos mas profundos, las esperanzas, los miedos, las decisiones que tomar, frente al Plan de Dios para salvar a la humanidad.

El profeta Isaías dice que “los ancianos tendrán sueños” como una señal de que tendrán esperanza o cumplimiento de la salvación que promete Dios a su pueblo. Hoy mismo decimos que una persona que tiene sueños es alguien que tiene esperanza, motivos para vivir, ilusiones, metas que lograr, objetivos que se quieren alcanzar, cambios hacia algo mejor.

Pero en el Antiguo Testamento se prohíbe creer en sueños y otras formas de adivinar el futuro y poner su confianza en ellos. Pero Dios no duerme, es como un vigilante que está atento a su tarea, lo dice un salmo, “el guardián de Israel no duerme”, y llama a la confianza en su poder y su amor atento. El que hizo el ojo, no va ver? El que hizo el oído, no va oír?.

En el nuevo testamento el primero que tiene sueños es José, el joven prometido de María, al que un ángel o mensajero le dice que no dude en recibir a María como su esposa. En un sueño se le manifiesta su vocación de padre de Jesús, sin su participación natural, será padre del que salvará a su pueblo de sus pecados, del Mesías esperado, concebido por obra del Espíritu Santo. El mandato en medio del sueño tendrá que ver con su ser esposo y padre de la familia de Nazaret, su vocación única y maravillosa.

El segundo sueño que también es lugar de revelación será para salvar a su Hijo querido y su esposa de los planes asesinos de Herodes. La obediencia al mandato, en ambos casos lleva al cumplimiento del anuncio de salvación. El entender el sueño y sobre todo la obediencia no son fáciles, por el contrario suponen asumir los riesgos de la decisión y efectivamente obedecer la orden de Dios. En eso se concretiza su ser “un hombre justo” precisamente.

En las Escrituras el sueño aparece también como algo negativo en el sentido de dejarse ganar por él, como le paso a Sansón, que cuando dormía perdió el secreto de su fuerza, y también como en la parábola de las cinco vírgenes necias y las cinco inteligentes. El sueño que paraliza muestra quienes son previsoras y quienes no lo son. Pablo indica que nos despertemos y que tengamos a Jesús como nuestro Señor. Finalmente Juan en la isla de Pathmos tiene también una visión que parece más un sueño que un estado de vigilia o conciencia, para ver todo lo que después escribirá en el Apocalipsis, y donde describirá como es ese “ cielo nuevo y esa tierra nueva”, que nos dará y promete nuestro Dios y su mesías.

Imaginando un sueño

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Con esta breve pero importante recorrido sobre el sueño en algunas partes de las Escrituras podemos ir reflexionando sobre qué sueño podemos tener los peruanos en este inicio del tercer centenario que inauguramos como nación. Tiene que ver también, por lo tanto con el sueño que tiene nuestro Dios para nosotros como nación. Creo que realmente nos hace falta soñar, no para huir sino para comprometernos con lo que en este sueño veamos.

Antes conviene profundizar en las características que tienen los sueños. Ellos han sido objeto de investigación por la psicología profunda y por la estética, ya que tienen que ver con nuestros sentimientos y deseos mas profundos en primer término, segundo que normalmente no se sueña mucho en general y cuando un sueño es recurrente es señal de la profundidad de nuestro sentir. Igualmente tienen que ver con su intensidad y su tipología, es decir con sentimientos como el amor, el miedo, nuestros traumas, deseos, carencias, expectativas, alegrías, y obsesiones, etc. Finalmente tiene que ver con las imágenes que están en clave y es necesario saber descubrir quienes están dentro de esos como disfraces o imágenes oníricas, con los que se visten nuestros auténticos sentimientos.

La interpretación de los sueños tiene que ver con la cultura, es decir que hay claves culturales y es necesario indagar sobre ellas. Freud y otros investigadores estudiaron este tema y aportan bastante en este campo de la psicología profunda precisamente, para hacer indagaciones sobre nuestra estructura mental como personas y como sociedad. Soñar significa igualmente hacer un análisis histórico de lo que hemos vivido y sufrido como nación y lo que quisiéramos que se modifique radicalmente, es hacer un esfuerzo por identificar las causas y razones de las cosas negativas que deseamos que desaparezcan y brote algo nuevo, original y esperanzador.

En este sentido hay temas centrales en nuestra historia y que exigen cambios, uno de ellos es superar la ambición por la riqueza, la idolatría del oro, el dinero y el poder que se ha expresado de tantas formas crueles y asesinas entre nosotros. Entre ellas está la esclavitud que hizo de los hombres y mujeres de piel oscura propiedad que se podía explotar y abusar hasta el genocidio. Igualmente la servidumbre y sometimiento de los pueblos originarios de América hasta casi su exterminio y aniquilación de sus personas y sus culturas.

La segunda muestra fue y sigue de alguna manera vigente fue la expropiación de sus tierras, aguas, especies animales y vegetales dejándolos fuera de la mesa y el disfrute de los mismos en la naturaleza o casa común. Estas dos formas de egoísmo social dieron como fruto amargo el racismo y el sistema económico y político actual que sigue excluyendo y explotando el bien común en favor de unos pocos dueños de todo. Este sistema económico, social, político y religioso, han producido la desnutrición asesina de nuestros niños y niñas sobre todo de los pueblos originarios andinos y amazónicos, la exclusión de hasta los niveles básicos de la educación y el empleo, la muerte social y política de sus aparente llamados “ciudadanos”. La codicia de bienes, el racismo y la injusticia donde se expresan con crueldad sin limite es en la salud de las personas pobres, en la vida ordinaria de las comunidades campesinas andinas y amazónicas, en los ancianos, huérfanos, viudas y extranjeros pobres. Eso no podemos permitirlo mas. El tercer mal que ha atravesado nuestras conciencias y nuestra manera de vivir y sentir han sido y de igual manera, hace no pocos años, el fanatismo político y religioso (terrorismo de los alzados en armas y el terrorismo de estado defensor de la sociedad democrática) que produjo varios periodos de nuestra historia de guerra fratricida entre nosotros dejando a su paso un diluvio y mares de dolor, miles de muertos y desaparecidos, cientos de huérfanos y viudas, migración forzada, daños a nuestros bienes que se calculan en millones de soles. Es muy importante tener claro que el asesinato, la tortura, el abuso del poder no pueden volverse medios para conseguir ningún objetivo de aparente de justicia o democracia social y política.

La envidia, la falta de sentido y búsqueda del bien común, nos han hecho intolerantes, incapaces de escucharnos y entendernos, menos todavía de perdonarnos, reconciliarnos y reparar el mal que nos hemos hecho unos a otros. Este egoísmo social es el que no nos deja caminar, pensar y sobre todo actuar buscando el bien y la felicidad de todos, poniendo todos nuestros recursos para lograr esos objetivos comunes. Hay peruanos que no quieren dejar sus privilegios y ganancias y buscan matar la voz del Espíritu que nos invita a vivir modestamente y en fraternidad económica y cultural. Hasta usan y manipulan la religión y la fe para sus intereses más sórdidos y miopes. El conformismo, el fatalismo y la cobardía apoyadas o promovidas en razones o motivos religiosos, son inaceptables para cualquier tipo de credo e iglesia. El terrorismo promovido por ideologías de origen marxista como los de alimentados por el racismo, el capitalismo, no los aceptamos como vías para mejorar y transformar nuestro país ni el mundo actual.

Otro monstruo que sigue matando vidas, sueños y familias es el machismo cruel e injusto que desvaloriza y mata a las niñas, jóvenes y mujeres de todas los hogares, credos y niveles o clases sociales, de todos los grupos étnicos que componemos esta “patria del arco íris” que somos, también llamado “el país de todas las sangres”. El alcoholismo, el consumo de varios tipos de drogas, su comercialización y promoción maldita, son una muestra mas de la injusticia y el poco desarrollo espiritual que tenemos como sociedad y como iglesias.

Finalmente algo que nos está clamando hasta volverse un grito estentóreo, es la corrupción y la falta de respeto a la naturaleza tan hermosa y prodiga que el destino y Dios nos ha dado como territorio. Por todos lados se siente su mal olor, su podredumbre contagiosa. Hemos perdido la vergüenza y la brújula de la ética y la moral más básica. Al mal lo llamamos bien y al bien lo rechazamos y perseguimos a la persona o institución que nos denuncia en nuestro mal comportamiento. Estamos destruyendo la vida de nuestra casa común o como nuestros antepasado la han llamado siempre, nuestra madre naturaleza, nuestra Pachamama. Tenemos que volver a nacer al respeto y amor de nuestro semejante, al amor y respeto a todo lo que es vivo y vivificador que hay en nuestro entorno. Solo así podremos superar esas fuerzas destructoras de nuestra ambición, del racismo, el machismo y la desunión que nace de la envidia y el individualismo. No podemos permanecer en ese estado permanente de injusticia en el que nos encontramos nadando todos y sin rumbo. Si, es posible un país y un mundo donde no hayan pobres, precisamente porque nos preocupamos de ellos y no permitimos que los haya. No como ahora donde no nos importa nada su destino y sus vidas. Podremos hacer que todos tengamos las tres “tes” que decimos: Tierra, Techo y Trabajo. Nadie debe vivir de las basura de los demás, nadie se verá obligado a robar por hambre o angustia.

Un sueño para mi Perú: transliteración para mi patria

Estamos celebrando los 200 años de nuestra independencia como país, en la que se hizo una Declaración y se redactó nuestra primera Constitución soberana y en la que nos reconocimos todos ciudadanos hijos de nuestra única patria madre. Todo lo logrado en este acontecimiento histórico significo una luz en medio de la oscuridad en la que vivían nuestros pueblos originarios, los afroperuanos por la servidumbre y la esclavitud y muchos mestizos y criollos deseosos de libertad.

Sin embargo esa luz y ese paso adelante no han significado una real libertad para los esclavos negros ni tampoco libertad de la servidumbre y discriminación de los pueblos originarios de nuestro país. Nos hemos sentido excluidos y discriminados de la libertad, de la justicia y la dignidad que heredamos precisamente de esa Constitución que como nación “libre y feliz por la unión”, habíamos logrado con ayuda de la fraternidad latinoamericana.

La nación ha fallado hasta ahora, porque la declaración de independencia y la constitución que son una herencia que nos pertenece a todos no ha sido efectivamente realizada para todos, como una promesa de derechos a la vida, a libertad y la búsqueda de la felicidad. Ese cheque no es un cheque sin fondos ni está quebrado para nosotros los pobres y todos los nacidos en esta nación. Tenemos la certeza que esa herencia, sí nos dará la riqueza de la libertad y la seguridad de la justicia.

No queremos que esta demanda sea respondida con gradualismos adormecedores, por parte de los responsables políticos que ahora conducen nuestra nación, sino la queremos ya, y ahora. Es urgente que nazca un nuevo día para todos, no más racismo ni explotación, exigimos, demandamos, justicia social para todos y todas. Tenemos que pasar de las movedizas arenas de la injusticia a la roca solida de la hermandad, que se logra con hacer justicia a todos los hijos de Dios.

Nuestro descontento es real y justificado, queremos ser libres de la miseria y la ignorancia, del machismo y la cobardía, ansiamos igualdad y dignidad como personas y como pueblos originarios, andinos y amazónicos. La historia de heridas y las marcas de fuego en nuestros cuerpos todavía nos arden, el abuso sexual cruel de los esclavistas y patrones siguen pidiendo justicia y reparación. El desprecio y negación de nuestras lenguas y gustos de pueblos originarios continúan hasta hoy.

No queremos soluciones rápidas y fáciles, que calmen nuestra frustración y volver a la rutina de siempre, eso sería peor a la larga, queremos cambios efectivos y duraderos. No habrá paz y tranquilidad en el país mientras no se respeten los derechos de todos los ciudadanos de esta nuestra querida nación. Los huracanes de la violencia no los queremos ver levantarse, sino que esperamos los vientos suaves y cálidos de la justicia y el respeto.

No tomaremos de la copa del odio y la amargura, tampoco la del resentimiento y la venganza, lucharemos con dignidad y disciplina, con creatividad y sin violencia fisica, pero si lo haremos con las fuerzas del alma y el Espíritu. Estamos convencidos de la verdad y la justicia de nuestra causa. No queremos producir desconfianza en nadie, por el contrario queremos que sepan que todos los peruanos y todos los hombres estamos unidos en el camino hacia la libertad plena. Es un camino hacia adelante, no hacia atrás. Si miramos hacia atrás solo será para aprender y seguir caminando con más seguridad.

Es posible el cambio y se tienen que hacer esos cambios. A pesar de todo, las nubes negras que amenazan, tenemos un sueño arraigado en la historia de nuestro pueblo milenario. Podemos llegar a vivir según la fe o credo en el Dios que hizo a todos los hombres iguales y semejantes a El y entre nosotros.

Tenemos un sueño y es: Que todos los hombres y mujeres de todas la razas y clases sociales se podrán sentar en la mesa de la hermandad. Los niños y niñas, nuestros jóvenes, serán tratados según su dignidad y valor como personas, no según su color de piel, apellido, condición social o credo. El látigo, el cepo, ni la voz de los capataces, patrones y gamonales volverán a explotar ni maltratar a nadie. Los niños y jóvenes se tomaran de las manos para jugar y cantar como hermanos. Se cumplirá la profecía de Isaías, donde “los valles serán rellenados, las montañas rebajadas, los caminos torcidos enderezados, y a todos se les revelará la gloria del Señor”.

Esa es nuestra Esperanza, con ella tallaremos el futuro para todos y entre todos. Transformaremos los gritos de la discordia y la envidia, en una hermosa sinfonía de hermandad plena de amor y alegría. Seremos capaces con esa fe de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, y de ir hasta la cárcel juntos. Así lograremos nuestra libertad, con la certeza de que seremos realmente libres del miedo, la vergüenza y la miseria.

Todos los nevados y picos de nuestro país, todos los desiertos, selvas y el mar nos gritaran libertad. Así podremos cantar todos, negros, blancos, indios, cholos, mestizos, cristianos y evangélicos, judíos y ateos, católicos y protestantes la canción de la hermandad y la justicia. Ese día lo tenemos que apresurar, por fin seremos todos libres y agradeceremos a Dios por haberlo logrado con su ayuda.

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