Opinión

Ni reconducción ni enmienda: táctica sin proyecto político

2022-02-09
Por Laura Arroyo Gárate

Comunicadora política. Directora del podcast “La batalla de las palabras”

coverFoto: Presidencia de la República

Ayer hemos conocido al nuevo gabinete ministerial. Un gabinete que no reconduce, sino que continúa en clave RENUNCIA. Una ligera enmienda, o mejor dicho, un maquillaje de enmienda respecto al gabinete Valer, pero en realidad esto tiene que ver con que era difícil imaginar algo peor post Valer. Aplaudir esto no es un acierto, sino una resignación. La figura de Aníbal Torres como Premier responde, antes bien, a una táctica importante de cara a la guerra con el Legislativo que siempre está en clave de guerra fría y, a veces, no tan fría. Torres cumple un papel necesario para un Presidente que, como señalaba Avelino Guillén al salir del Ministerio, teme antes a la vacancia que a sus propias renuncias respecto al programa del cambio por el que fue elegido. La táctica es lo primero. La pregunta es, ¿es posible una táctica efectiva sin estrategia? O, aún más pertinente, ¿es posible cualquier estrategia política sin un proyecto de país claro? No. Sin un acuerdo no se avanza ni se sobrevive, que parece ser la apuesta principal del Presidente de la República.

Decíamos que este es un Gabinete de renuncia por las evidentes renuncias lamentables que performa. Renuncia, por ejemplo, a la transformación estructural del modelo económico en la figura del nuevo ministro del MEF -aunque de esto los medios no dirán casi nada o aplaudirán al Ministro por ser afín a sus intereses-. Esta es, tal vez, una de las renuncias más elocuentes y decepcionantes, sobre todo en un momento en que en todo el mundo se discute sobre la necesidad de discutir salidas a la crisis económica derivada de la Covid desde la enmienda profunda del capitalismo y las vías de reformar al sistema (ver Mazzucato, Pikety, Fraser y hasta políticos liberales como Biden en la misma línea). A Pedro Francke le costó odios dentro y fuera plantear esta necesidad. Hoy, ese Ministerio apostará por el piloto automático que tanta desigualdad ha cosechado y que en la pandemia se demostró caduco y perverso.

Las renuncias, sin embargo, trascienden este ministerio. Más allá del maquillaje de enmienda, tenemos renuncias elocuentes: la renuncia a la lucha contra la corrupción (interior o el MTC) o la renuncia a la consolidación cultural de las mayorías discriminadas (cultura). Por otro lado, una noticia terrible en lo práctico y lo urgente es la salida de Hernando Cevallos del Ministerio de Salud, tal vez el ministerio que ha permitido el mejor dato de gestión en lo que va de este gobierno. Al nuevo Ministro hay mucho que reclamarle, desde sospechas de corrupción hasta su postura antivacunas. No obstante, vemos que estos asuntos son puestos en un segundo plano por la mayoría de medios de comunicación (ver Jaime Chincha del martes 8 de febrero) que prefieren poner el acento en pantallazos que reflejan su cercanía con Vladimir Cerrón. Este es un desacierto de la prensa que termina por limpiar la cara sucia de un Ministro que nos debería preocupar por temas de verdad que los hay. Tocará estar alertas en las próximas semanas.

Por otro lado, tenemos una renuncia que resulta también sangrante: la renuncia a la memoria y a la disputa del paradigma sobre la relación con la ciudadanía a lo largo y ancho del territorio. El Ministerio del Interior en manos de un personaje con poco de idoneidad ni en términos de transparencia ni en respeto a los derechos humanos alerta, pero sobre todo, enmienda para mal. El gran éxito del gabinete de Mirtha Vásquez ha sido poco señalado pero ha de ser reconocido: el cambio de paradigma sobre la solución de conflictos sociales. Poner al diálogo, el encuentro y la presentación de un Estado que no sea garante de las empresas, sino de los derechos y las leyes debía ser sostenida. Con este Ministerio del Interior y con el terrible nombramiento del ex Secretario General del MININTER del gobierno de Manuel Merino, el responsable de la represión y muertes de Inti y Bryan, como viceministro de Seguridad Pública del Ministerio del Interior, se nos está leyendo un guión que ya conocemos desde los tiempos de Ollanta Humala: menos diálogo, más mano dura. ¿Alguien recuerda el cambiazo de Salomón Lerner por Óscar Valdés? Tal vez Marx se equivocaba y no es que la historia se repite primero como tragedia y luego como comedia porque esta vez, en Perú, no nos da nada de risa repetir el guión.

Apostar por la represión en un contexto de crisis, además de un error estratégico por el proyecto de país que defendemos, supone también un error táctico. El contingente de electores que apostó por Pedro Castillo por el cambio que representaba, tiene aquí una razón de peso para reprobar el giro no sólo conservador, sino también amenazante de este Gobierno contra sus derechos y sus demandas.

Es curioso, eso sí, que haya quienes dicen que este Gabinete ministerial supone la victoria de Vladimir Cerrón sobre Pedro Castillo. Nada más falaz. Si acaso el ala cerronista logra algo es la recuperación de cierto peso a través de un ministerio concreto (Ministerio de Salud), sin embargo, con un Aníbal Torres en el Premierato está claro que la pulsión de disputa contra el ala cerronista se mantiene. No tiene Cerrón condiciones de poder en este Gobierno, más allá de la aritmética que le supone su bancada (o lo que queda de ella). Anibal Torres protagoniza el papel de contención en su versión más primitiva y dura. Una pared que contiene el ánimo vacador de las derechas pero también la táctica contínua desde el ala cerronista del Congreso. La mejor figura de policía malo que necesita Castillo para escapar de lo que parece ser su principal preocupación: la vacancia. No le falta razón pero equivoca el tiro. No es posible un gabinete de táctica sin estrategia. El error cobrará facturas más pronto que tarde.

Este es, pues, un Gabinete de renuncias (en plural). Y por tanto, de decepciones. Nuevamente, es el poder ciudadano y la movilización popular la que protagonizará la punta de lanza que enmiende el camino que el Presidente de la República no es capaz de enmendar por sí solo. Mientras desde cierto oposicionismo (que no oposición) se sigue con la cantaleta de la vacancia, la renuncia o la figura de un Premier que domine al Presidente, sin entender los conceptos básicos de democracia y de lo que supone una crisis como esta que no originó sólo Castillo aunque él sea una consecuencia de la misma, no avanzaremos hacia ningún lado. Lo que toca es reconducir desde el ‘afuera’.

Este Gabinete contará con el apoyo de quienes desde el Congreso también habitan una serie de lastres como la connivencia de mafias, la corrupción, el politiqueo, la apuesta por la informalidad, la supresión de derechos a la ciudadanía, etc. La oposición se dedicará, eso sí, a golpear al Gabinete aunque lo hará de manera torpe, como viene siendo su modus operandi, a través de sus referentes que son, al final del día, la mejor noticia para el Presidente Castillo. Basta con pensar en Keiko Fujimori con su discurso del fraude probadamente falso, de Maricarmen Alva despojándonos de una casa que es nuestra como es el Congreso de la República, de los medios poniendo el acento en negacionismos o en salidas a la crisis que no hacen más que ahondarla, etc. En medio de ese fuego tan cáotico como cruzado, queda en un segundo plano lo urgente: la gestión.

Nos toca hoy, sobre todo, redoblar la ofensiva en las vías desde donde podemos disputar poder. Y esto, probado está, no se encuentra en los escaños del Congreso ni en los ministerios necesariamente. Derogamos la Ley Pulpín de Humala, sacamos a Merino en cinco días y sacamos a Valer en tres. Quien diga que manifestarse y presionar desde la sociedad civil no sirve, no sabe de historia. Tal vez nos toque, nuevamente, hacer acciones históricas. Se nos va la vida en ello.

La del estribo

Es verdad que en este Gabinete hay buenos miembros, sí. Reconozco que ver a Diana Miloslavich en Mujer o a Modesto Montoya me genera un ademán de sonrisa por sus trayectorias y, sobre todo, compromiso político. Me temo, sin embargo, que esto no va ya de nombres. Sin un proyecto político, sin un acuerdo garantista, sin un punto de encuentro que nos dé brújula y mapa no hay nada que los mejores y las mejores puedan hacer de cara al futuro. No es lo mismo la disputa individual sin un acuerdo firmado, que la disputa colectiva con una ruta establecida desde la segunda vuelta como fue el caso de los gabinetes de Bellido y Vásquez donde este acuerdo existía y era explícito. Nos tocará arropar a los buenos -que son pocos- pero no esperar mucho más de su acción. La responsabilidad, a veces, pasa por reconocer que es mejor sostener derechos que perderlos. En esa ruta, prefiero a Miloslavich sobre Ugarte y aunque no me da felicidad, me tranquiliza. Y eso, en un país que nos da la espalda a las mujeres todos los días, es importante. Cuidado con las cancelaciones puristas que nos devuelven a la oscuridad.