Opinión

Movimiento de mujeres de Apurímac: una década de luchas y avances

2021-03-13
Por Karina Bueno

Responsable de la Unidad de Género de Aprodeh Apurímac.

coverMarco Garro (Ojo Público)

El 8 de marzo del 2010, fue fundada la Federación de Mujeres de la Región Apurímac proclamando una agenda de derechos y, con más claridad que antaño, asumiendo la lucha de las mujeres para las mujeres. No obstante, las raíces de este acontecimiento se remontan a la poderosa memoria de Micaela Bastidas Puyucahua, mujer tamburquina que ha dejado huellas en la historia regional y nacional con su coraje y espíritu libertario anticolonial. Pero también en la de muchas mujeres reconocidas en la cultura popular; las chicheras en rebelión que aparecen en “Los ríos profundos” de José María Arguedas, Yolanda Montes la aguerrida compañera del sindicato de Mercados, Betty Caytuiro la fundadora de la primera federación de mujeres de Grau en los 90, y , tantas mujeres forjadoras de este territorio andino y quechua.

Hace una década, las federaciones empezaban a brotar como hierba fresca en todas las provincias y distritos, se comenzaba a hablar de la violencia y de ya no aceptar el maltrato de los hombres. O de aquello, que ya se podía participar en política, aunque era difícil según el testimonio de varias regidoras, incluso una en Cotabambas había sido golpeada por el mismo alcalde. De hecho, el discurso más fluido de la agenda de derechos giraba en torno a estos dos temas y las estadísticas mostraban que alrededor del 85% a 90% de mujeres habían vivido la violencia y solo el 19% de mujeres ocupaban regidurías y en cargos como alcaldías aún no había sido elegida ninguna mujer. Mas adelante, por el 2015 otras formas organizativas de mujeres en espacios propios o en espacios mixtos dejaron sentir sus voces, estas mencionaban un amplio bagaje de temas como el medio ambiente, la Pachamama, el arte, las mujeres LGTBI, la maternidad por decisión, los sistemas de poder, los territorios en disputa en zonas extractivas, el feminismo, el cuerpo y demás. Esta era una mezcla entre la fuerza de la Gran Micaela y los movimientos activistas frente al cambio climático, antirracistas y anticoloniales, anticapitalistas y feministas que acontecían en el mundo y en Latinoamérica.

Entre el 2011 y 2018 la agenda de género fue apareciendo también en otros espacios públicos y estatales de hecho estos se fueron traduciendo en la necesidad de fortalecer la institucionalidad estatal y las políticas, en este periodo se emitieron la mayor cantidad de normativas regionales y locales en favor de las mujeres, aunque de todas estas la mayoría no fueron implementadas tal cual se mandataron.

Al 2021, a propósito del Bicentenario y al cumplirse una década en que se desató de forma más definida el movimiento de mujeres en la región de Apurímac, podemos afirmar que, si bien las acciones organizadas de mujeres no se han traducido en una actoría regional de poder arrasador, tampoco es que no haya sucedido nada. Es un hecho que el movimiento sigue vigente no solo acá sino a nivel macro regional, nacional y mundial, y entre todas estas hay un hilo conector de fuerza trasformadora profunda, generacional e Inter seccional. La violencia de género ha disminuido del 85% hasta el 72% sin dejar de mencionar que sigue siendo muy elevado e injusto para las mujeres. En esta década las mujeres en cargos de poder alcanzaron los niveles más elevados hasta un 33% en regidurías, elegimos 4 alcaldesas distritales y 2 provinciales, al parecer la próxima congresista de la región será por fin una mujer. Las mujeres en comunidades campesinas están asumiendo también roles más decisivos; los movimientos por la defensa de los derechos de las comunidades de Cotabambas y el corredor minero fueron dirigidos por Virginia Pinares una campesina consecuente y de voz firme; la alcaldesa del centro Poblado de Caype es Brígida Benites una dirigente de una organización de mujeres productoras agroecológicas “Las obreritas de Caype”. Desde el estado, pese a que deja mucho que desear, se ha implementado una partida presupuestaria de lucha contra la violencia para la región, se han incrementado los CEM y un piloto de estrategia Rural contra la violencia, incluso han llegado a contratar a mujeres y hombre de forma equitativa en cargos de poder en al Gerencia de Desarrollo Social.

Todavía quedan grandes retos para el movimiento de mujeres y el feminismo, pero el proceso de transformación de la sociedad y la política Apurimeña hacia un mundo más justo y respetuoso de los derechos y libertades fundamentales de las mujeres está en marcha y no va a parar.