Opinión

Los defensores ambientales, la crisis climática y la casa común

2022-08-01
Por Bikut Toribio Sanchium

Economista y Gestor Ambiental por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM). Poeta y escritor. Es docente en la UARM. Asistente de Investigación en la Escuela de Posgrado de la Universidad de Pacífico y Consultor de Recursos Comunes en CooperAcción.

coverFoto: Felipe Werneck / AP

Durante muchos años las voces y conocimientos de los pueblos originarios han sido postergados y subordinados, a pesar de su relevancia para nuestra realidad social, económica, política y ambiental. Significa que, el saber de diversos pueblos indígenas forma o puede ser parte del desarrollo de la ciencia o son fundamentales en el tejido del conocimiento. Pero no, esos saberes no son valoradas ni reconocidos, al menos que su efecto sea notorio o más efectivo frente a los problemas complejos como el cambio climático, por mencionar solo un caso. En esa línea, hace más de treinta años, mi abuela sin registro de identificación, analfabeta, ignorante, mal vestida, incivilizada y todos los estigmas y estereotipos que se la pueda atribuir desde la moderna civilización occidental, decía apocalípticamente: “llegará el día que la guerra será por el agua”. Pasaron años y años para que esta afirmación retome más fuerza, pero no en la voz de una abuela Awajún, sino de los “más capacitados para opinar” o “intelectuales” de las academias.

A estas alturas donde hay una urgente preocupación por el cuidado de “la casa común”, las predicciones y advertencias de aquellas personas sabías de pueblos originarios, que construyen la vida en el bosque resuenan a nivel mundial en diversos campos de la ciencia. En esa misma lógica, Jeffrey Sachs, uno de los reconocidos economistas del mundo, durante su presentación en COP 20 en Perú sostuvo "Tenemos más personas, más necesidades y, valgan verdades, los hijos de las grandes corporaciones viven en el mismo planeta que nosotros y tienen las mismas necesidades de seguridad" (Sílex, 2015). Esta afirmación contiene un sentido considerable frente a la crisis ambiental que amenaza a los seres vivos de la tierra. Significa que, cuidar “la casa común” es una responsabilidad que recae en todos, sin diferencia de clases sociales, culturas e ideologías.

A pesar de eso, no todos sufren de igual modo el efecto climático. Las variaciones climáticas que estamos viviendo en todo el globo terráqueo afectan más a los países menos desarrollados, ya que están menos preparados para enfrentar estas inclemencias (Agroperú, 2022). Dicho de otro modo, el nivel de la pobreza y desigualdad son factores que intensifican los problemas que provoca el cambio climático. Es lamentable y cuestionable esta situación, porque en realidad la carga no debe recaer en el ciudadano mientras las multinacionales y los más ricos no asumen su responsabilidad. En ese sentido, cabe acotar que de acuerdo a México Social (2021) el 10 % de la población mundial emite casi el 48% de las emisiones globales, y el 1% más rico produce el 17% del total, mientras que la mitad más pobre de la población mundial emite el 12% de las emisiones globales. Hay que tener en cuenta que el sistema ecológico está interconectado, por lo que el problema ambiental no tiene límites ni fronteras, además se trata de un planeta donde todos habitamos.

Aun así, como señala el Papa Francisco, la globalización de la indiferencia además del acostumbramiento son elementos que limitan la preocupación y más compromiso respecto al cuidado de “la casa común”. Alrededor del mundo, hay diversos pueblos originarios que se han posicionado en la defensa del territorio. Este es el modo de apropiación y la relación establecida entre el hombre, la sociedad y el espacio terrestre (Rodríguez, 2011), pero también los territorios constituyen la expresión histórica de las dimensiones espacio y tiempo; se estructuran a partir de las relaciones entre seres humanos y entre estos y los demás elementos biofísicos del planeta (Morales y Jiménez, 2018, p. 15). En ese sentido, no se trata de un factor de producción de uso ilimitado como se cree desde la economía clásica, sino de un espacio de construcción histórico-social de la vida, es decir, la vida para muchos pueblos depende del territorio. Por eso, lo defienden, protegen y pretenden conservar, ya que como muchos vamos entendiendo el territorio, en el caso amazónico, no solo es sostén de la vida, sino también necesario para contrarrestar los efectos climáticos globales.

De manera concreta, en Perú hay problemas que no se han atendido, tampoco se han implementado medidas efectivas que hayan respondido a los problemas que aquejan a la Amazonía. Al respecto, se sostiene que no hay una implementación de políticas públicas para la lucha contra las actividades ilegales en coordinación con las organizaciones indígenas, además de no contar con personal para coordinar la protección de los defensores ambientales (Santos, 2021).  Cabe precisar que, solo durante el año 2020 han sido asesinados 6 líderes de la Amazonía (ver la gráfica 1) que todavía no han visto justicia. Además, de acuerdo a León y Zuñiga (2020) más de 474 vertimientos ocurrieron en el Oleoducto NorPeruano y los lotes petroleros entre los años 2000 y 2019. Como respuesta entró en agenda de discusión el Acuerdo de Escazú con el fin proteger a los líderes ambientales, pero no fue aprobado por el Congreso de la República. En específico, el problema de la Amazonía, del territorio, de la escasez de recursos hídricos, entre otros, lamentablemente solo se tratan o salen en las portadas de los principales medios cuando ocurren emergencias o ya no hay nada qué hacer. En esa línea, la ausencia del Estado y de la prensa cuando suceden los derrames de hidrocarburos en la Amazonía, lo poco que se informa contribuye con la persecución a los pueblos indígenas, a quienes muchas veces se ha culpado de estos desastres ambientales” (Tranca, 2022).

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En general, la Amazonía es vista solo como un bien para explotar y extraer riquezas. Es tierra disputada desde varios frentes: por el neoextractivismo y el interés de grandes grupos económicos, y la perversión de políticas de conservación de la naturaleza sin considerar a los que habitan en ellas (PUCP, 2018). En este escenario, es necesario considerar los saberes tradicionales de los pueblos amazónicos u hombres del bosque, pues su cosmovisión y sabiduría, tiene mucho que enseñarnos. Es decir, la Amazonía, además de ser una reserva de la biodiversidad, es también una reserva cultural que debe preservarse ante los nuevos colonialismos (PUCP, 2018). En esta fuente del saber, los ancianos sabios y/o líderes son agentes claves que lideran la protección ambiental y que pueden contribuir en gran medida a la respuesta a la problemática ambiental en la Amazonía y frente al cambio climático, pero lo que reciben es la muerte o la persecución.

En estos nuevos tiempos, es erróneo seguir con la creencia de que la tecnología y la ciencia “occidental” solucionarán los problemas climáticos. Seguir con ese ideal es una paradoja. Esto es la paradoja de un mundo con un poder tecnológico inimaginable, producción económica sin precedentes y aun así con una masiva desigualdad, exclusión social y crisis ambiental (Sílex, 2015). Es decir, apostar por más tecnología y ciencia tradicional es más destrucción de “la casa común”.

Por otro lado, los principales economistas, pensadores e intelectuales de países desarrollados cuestionan el sistema económico y alertan la magnitud del problema que puede provocar catástrofes en el mundo. Krugman (1986) enfatiza que en la actualidad es necesario una nueva perspectiva que responda a los nuevos problemas. Piketty en una entrevista afirma que estamos creando un sistema que nos estallará en la cara (Bassets, 2021). Además, sostiene que los inversores responsables deben dejar de invertir en los combustibles fósiles que los considera como energías “sucias” y reorientar hacia las energías renovables. En tanto, Stiglitz (2021) sostiene que el otorgamiento de capital a las industrias de combustibles fósiles alimenta activamente la crisis ambiental, por lo que considera que las finanzas también deben proporcionar fondos para las inversiones necesarias para hacernos avanzar en la dirección correcta. Es decir, la crisis climática exige enormes cambios económicos y sociales, por lo que urge cambiar la manera en que consumimos, producimos e invertimos (Stiglitz, 2021). En ese sentido, para financiar la descarbonización en los países ricos y ayudar a los países en desarrollo a hacer lo mismo, se necesitan compromisos financieros (México Social, 2021). En el caso peruano, Locci (2022) menciona que resulta fundamental la transición de la matriz energética, así que el Estado deberá promover otro tipo de energías más renovables, limpias y sin impacto hídrico, aunque tenga que hacer frente a los poderosos intereses extractivos del sector petrolero.

Por toda la alarma y preocupación que se vive por los problemas del cambio climático, mi abuela (imagen de los viejos sabios de los pueblos originarios) tal vez entre impotencia, siempre con su amabilidad y preocupación por la vida y el bosque, diría “recién se dan cuenta. Hace años les advertí y no me hacían caso”. En fin, los problemas y las discusiones son largas. Lo único que aquí nos llama y nos une es la preocupación por el planeta tierra, la casa común, donde nuestros hijos, hermanos, padres, nuestros animales y plantas, en exclusiva, los seres de nuestro corazón requerirán para poder vivir bien, sanamente, tal como nosotros y todo hombre amante de la libertad, de buena vida sana y tranquila.

Bibliografía

Agroperú (2022). Entrevista al presidente de OEFA. Agroperú, (22), 25-28.

Bassets, M. (28 de noviembre de 2021). Thomas Piketty: “Estamos en una situación similar a la que llevó a la Revolución Francesa”. El País.

Jackson, T. y Pikkety, T. (17 de noviembre de 2015). Thomas Piketty y Tim Jackson: “¡Dejemos de invertir en combustibles fósiles!». Le Monde.

Krugman, P. (1986). Strategic Trade Policy and the New International Economics. MIT Press.

León, A. y Zuñiga, M. (2020). La sombra del petróleo: Informe de los derrames petroleros en la Amazonía peruana entre el 2000 y el 2019. CNDDHH-OXFAM.

León, A. y Zuñiga, M. (2022). La sombra de los hidrocarburos. Actualización de la información sobre sitios con daño hidrocarburífero en el Perú: 1997- 2021.OXFAM-CNDDHH.

Locci, M. (19 de abril de 2022). Derechos socavados: los derrames de petróleo en la Amazonía peruana. IDEHPUCP.

México Social (15 de noviembre de 2021). Los ricos, los que más contaminan.

Morales, F. y Jiménez, F. (2018). Fundamentos del enfoque territorial: actores, dimensiones, escalas espaciales y sus niveles. UNAM.

PUCP (2018). El Papa Francisco en el Perú. Un mensaje de esperanza. PUCP

Rodríguez, D. (2011). Territorio y Territorialidad. Nueva categoría de análisis y desarrollo didáctico de la Geografía. Uni-Pluriversidad, 10(3), 90–100.

Santos, G. (13 de septiembre de 2021). La violencia contra los indígenas se intensifica en la Amazonía. Ojo Público.

Sílex (2015). Cambio climático: Perspectivas desde el sur. Sílex, (4).

Stiglitz, J. (5 de septiembre de 2021). Finanzas del lado del clima. El País.

Tranca, J. (10 de mayo de 2022). En Perú, los derrames de petróleo manchan a la Amazonía. ¿Por qué se actúa tan lentamente? Diálogo Chino.