Nicanor Domínguez

Informe

La fabulosa fortuna de la familia Fujimori

coverFuente: USI / Trome

“Qué bien vive ese señor, qué bien vive esa señora.

Sin trabajar se mantienen, y visten muy a la moda”.

¿Cómo lo hacen?’, letra de Raúl Marrero.

Del álbum ‘Tommy Olivencia y su Orquesta’ (1983); cantan Frankie Ruiz y Carlos Alexis.

La pregunta de cómo y de qué viven los políticos en el Perú siempre debiera preocuparnos. Hubo una época en que nuestra “clase política” era, efectivamente, un grupo socio-económico con recursos propios: fortunas familiares de antigua data (oligarquía agro-exportadora), actividades profesionales rentables (abogados, arquitectos, ingenieros), participación en el aparato del Estado (parlamentarios, ministros, jefes de entidades públicas). Otros eran políticos a tiempo completo, mantenidos con recursos del partido político al que pertenecían. Una variante de esta fórmula ha sido, en el siglo XXI, el “diezmo” que los congresistas han derivado de sus sueldos y entregado a sus líderes partidarios.

Sin embargo, la situación económica de la familia Fujimori es extraordinariamente singular. En especial el de la candidata tres veces derrotada, la señora Keiko Sofía Fujimori Higuchi. Aunque estudió en el “Boston College”, en los Estados Unidos, con fondos que reconoció que recibía de mano del asesor presidencial Vladimiro Montesinos, no parece haber culminado su labor académica con un título profesional. Su esposo, Mark Villanella, declara dedicarse a la compra-venta de inmuebles, pero no a tiempo completo ni con cuentas muy claras. Sus hermanos Kenji, Hiro y Sachi, también disfrutaron de esa educación privilegiada. Habrá que recordar que sus padres, ambos ingenieros, estudiaron --sin pagar por su educación-- en la Universidad Nacional de Ingeniería.

Toda la familia Fujimori, que trata de mantener un perfil bajo, vive aparentemente muy bien. ¿Cómo lo hacen? Dicen los rumores que tienen acciones en los grandes proyectos mineros (Antamina y otros). Lo cierto es que, para comprar acciones, hay que tener primero fondos para adquirir esa participación en una gran empresa minera. ¿Cuál es, en realidad, el negocio de los Fujimori?

Cuando Alberto Fujimori huyó del país y pidió asilo en el Japón, a fines del año 2000, se iniciaron una serie de investigaciones sobre la corrupción ocurrida en los 10 años de su gobierno. En el año 2011, cuando Keiko Fujimori fue derrotada por primera vez en las elecciones presidenciales, su padre se hallaba ya cumpliendo condena en el Fundo Barbadillo por el juicio de violación de Derechos Humanos. Correspondía un siguiente juicio por corrupción, que hubiera coincidido con la campaña presidencial. La defensa legal de Alberto Fujimori, para evitar la atención mediática que se hubiera generado, simplemente aceptó todas las acusaciones, suspendiéndose de este modo el juicio. Esta decisión política no fue suficiente para que la candidata pudiera ganarle a Ollanta Humala. Pero constituye el reconocimiento explícito de que Alberto Kenya Fujimori Fujimori es un corrupto convicto y confeso.

Para entender la magnitud del robo que benefició a Fujimori y a su familia, sigue a continuación un fragmento del libro ‘Historia de la corrupción en el Perú’, de Alfonso Quiroz.

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“Montesinos conoció a Fujimori en el transcurso de la tarea encubierta, asignada al SIN, de ayudar al candidato en su campaña electoral de 1990. Fujimori confió en Montesinos para que le «resolviera» un serio problema de evasión tributaria, entre otras cuestiones legales que amenazaban con arruinar la reputación y ambiciones presidenciales de Fujimori.” (pp.446-447).

“Montesinos fue implementando metódicamente sus planes conspirativos en colaboración con el venal Fujimori para avanzar hacia un poder autoritario con careta democrática o «democracia dirigida». Para hacerlo disponía de planes dictatoriales, un profundo conocimiento de los códigos de corrupción militar y judicial, vínculos con la CIA y conexiones con cárteles de drogas. Provisto de estos tenebrosos activos, Montesinos contribuyó decisivamente a la campaña electoral de Fujimori y logró obtener, supuestamente, cuantiosas donaciones de dudoso origen. A partir de estos obscuros orígenes, la corrupción se propagó en casi todas las direcciones durante la «década infame» del régimen de Fujimori” (p.447). “Montesinos se convirtió en el asesor de confianza de Fujimori y en el jefe de facto del SIN en julio de 1990” (p.451).

“Desde el inicio mismo del régimen de Fujimori, las crecientes redes encubiertas de inteligencia y militares operaron para derribar los contrapesos constitucionales, parlamentarios y judiciales que estorbaban el control autoritario del Estado. Este objetivo se logró consolidar rotundamente con el autogolpe de abril de 1992. Semejante golpe fue justificado ideológicamente como necesario para conseguir la derrota del terrorismo. Sin embargo, la dictadura absoluta y la supresión abierta de la libertad de expresión y de la prensa en el contexto de aquellos años no eran algo fácil de alcanzar debido a la reprobación internacional. Las emergentes posturas autoritarias en el país debían adaptarse, por lo tanto, a las circunstancias mundiales del momento. Entretanto, el gobierno apoyó la implementación de políticas económicas neoliberales, al mismo tiempo que facilitaba la corrupción para alimentar mecanismos informales y ocultos que sustentaban una guerra sucia contra la subversión y el terrorismo. La corrupción era, pues, un medio con el cual alcanzar, consolidar y mantener el poder autoritario y abusivo. Este principio distorsionado ha sido denominado la «economía inmoral» del fujimorismo” (pp.456-457)

“El atractivo popular de Fujimori se vio impulsado, aún más, por sus programas «sociales» populistas y clientelistas de reparto de alimentos y medicinas gratuitos, así como por obras públicas de motivación política que abarcaban la muy pregonada construcción de escuelas. Estos programas, bajo el control y ejecución directos del presidente, se financiaron mediante el manejo irregular de donaciones japonesas y transferencias mensuales clandestinas de fondos del SIN aun en 1991” (p.458).

“Fujimori contaba con un núcleo interno de parientes a cargo de los intereses familiares que giraban alrededor de su poderoso cargo. Víctor Aritomi Shinto, casado con Rosa, hermana de Fujimori, fue nombrado embajador del Perú en Japón en 1991, un puesto clave que mantuvo hasta los últimos días del régimen. Hábilmente, Fujimori y Aritomi utilizaron la nacionalidad japonesa, que podía otorgarles protección e impunidad. Entre otras varias operaciones, Aritomi usó su inmunidad diplomática para transportar con regularidad los ingresos ilícitos de Fujimori al Japón, en montos manejables como para lavarlos sin dejar huellas evidentes. Además, la secretaria personal de Fujimori hizo transferencias bancarias a Aritomi de los fondos ilegales que el presidente recibía en el Perú. Aritomi también solicitó donaciones y fondos de socorro humanitario que se canalizaron a la familia Fujimori” (p.468).

“Poco antes de su juramentación como presidente en 1990, Fujimori recibió una «donación» japonesa de 12,5 millones de dólares, destinada a satisfacer necesidades de los niños pobres. Sin embargo, y al igual que sucediera con tantas otras donaciones japonesas, Fujimori y sus parientes desviaron dicho dinero y lo utilizaron como un fondo discrecional para objetivos políticos y personales desde una cuenta bancaria en el Japón. Las evidencias en video muestran a Fujimori manejando los recursos de «asistencia social» en desembolsos de dinero en efectivo, sin llevar las cuentas legales apropiadas. Desde 1990, sus hermanos Rosa, Pedro y Juana Fujimori formaron y administraron en Perú las ONG APENKAI y AKEN, que eran notorias por sus laxas prácticas contables y el impropio uso de los almacenes públicos de la aduana. La ONG de los Fujimori sirvió para canalizar a las arcas de la familia alrededor de 100 millones de dólares en donaciones provenientes del Japón y de fuentes locales ilegales (apenas alrededor del 10 por ciento de los donativos llegaron a sus destinatarios originales)” (pp.468-469)

“Susana Higuchi, la distanciada esposa de Fujimori, había denunciado justo antes del golpe de 1992 la apropiación de donaciones japonesas por parte del séquito familiar de Fujimori, apuntando específicamente a sus parientes políticos Rosa y Santiago. Fujimori declaró públicamente que su esposa era mentalmente inestable y la mantuvo virtualmente prisionera en el palacio presidencial. Los hijos de Fujimori ignoraron las afirmaciones de su madre y se pusieron al lado del padre. Los cuatro hijos recibieron una educación universitaria de élite en Estados Unidos, que habría sido financiada con por lo menos 460.000 dólares entregados en efectivo en Nueva York y Boston a través de medios irregulares” (p.469).

“Además, Juana Fujimori y su esposo Isidro Kagami Jiraku vendieron, en 1998, bienes raíces sobrevaluados a una compañía establecida en las Islas Vírgenes británicas. Dicha compañía fue usada para que Enrique Benavides Morales, uno de los principales agentes de Montesinos, lavara ingresos procedentes de varias tramas de corrupción. Asimismo, Aritomi y su esposa Rosa Fujimori tenían considerables saldos no explicados en cuentas en la banca nacional y extranjera. Santiago, el hermano favorito de Fujimori, encabezó la administración y la distribución local de los activos presidenciales y de las donaciones hasta que perdió el favor de Montesinos en 1996” (p.469-470).

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Cerremos, por el momento, esta nota citando al famoso actor colombiano-mexicano Alfonso “Pompín” Iglesias (n.1926-m.2007): ¡Qué bonita familia!

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Referencias:

Alfonso W. Quiroz, ‘Historia de la corrupción en el Perú’ (Lima: IEP, Instituto de Defensa Legal, 2013). < https://documentos.memoriayciudadania.org/api/files/1499767039892xjbm50f79l67uobb227ggy14i.pdf >

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