Opinión

Enfoque de género en peligro, democracia en peligro

2022-02-03
Por Violeta Barrientos Silva

Escritora y abogada feminista

coverFoto: Noticias SER

Desde el Congreso o el Ejecutivo, desde la ultraderecha o la ultraizquierda, los ataques a los derechos de la mujer o del niño o niña empiezan a arreciar. Tras su derrota en los tribunales, vuelve la propuesta de eliminar el enfoque de género en la educación (Proyecto 904/2021) impulsada por bancadas de ideología religiosa como Renovación Popular, el fujimorismo en pacto electoral con iglesias fundamentalistas, y apoyada por votos de Perú Libre, Somos Perú, Acción Popular y APP. A esto se suma la iniciativa de la bancada de Perú Libre de cambiar el nombre del Ministerio de la Mujer por el de Ministerio de la Familia.

De otro lado, en el Ejecutivo, revive el poco conocimiento que demostraba en campaña el Presidente sobre asuntos relativos a las desigualdades entre hombres y mujeres, y las violencias de las que las mujeres son víctimas, al nombrar a un Premier y una Ministra de la Mujer, contrarios a derechos y políticas de género que ya vienen beneficiando a la población.

Las posiciones anti derechos humanos tanto de derecha como de izquierda son claras en estos momentos. Esta es la resultante de una democracia sin partidos desde hace treinta años, de una cultura autoritaria que recién concedió el voto a su mayoría analfabeta en 1980, y es el rezago de la autocracia fujimorista que tuvo como aliados a sectores fundamentalistas de iglesias que siempre han tenido más presencia que el Estado. A esto se suma una coyuntura internacional en la que bajo la sombra del Trumpismo, emerge una matonería anti intelectual, anti republicana, anti laica y anti feminista.

El enfoque de género es un instrumento de políticas públicas introducido por el feminismo mundial. Gracias a él, se pudo discernir que las mujeres no tienen un destino dado por la biología de ser sobre todo madres. Destino triste en nuestro país pues se puede ser madre a los 9 años producto de una violación o un incesto, o madre abandonada con sus hijos. Gracias al enfoque de género se pudo empezar a enseñar a los hombres que no es que tengan “necesidades sexuales imperiosas” cual género animal, sino que son personas que pueden ser responsables de una paternidad y alejarse de la violencia contra sus dependientes, sean esposas o hijos, así como tomar distancia de una peligrosa violencia inter pares para demostrar su poder.

Frente a ello, la posición religiosa antiderechos que quiere mantener su poder negando que puede haber derechos individuales también sobre el cuerpo, lo sexual y lo reproductivo, es la de retorno a lo biológico como certeza. Levanta cual fantasma el tema de la homosexualidad o peor aún la transexualidad, como ejemplos de perversión que se desvían de la biología fijada por Dios. La sexualidad no es solo biológica, pues las personas no nos apareamos en celo, sino que intervienen afectos y elecciones que nos hablan de profundas cuestiones psicológicas, así como condicionamientos culturales.

Los grupos antiderechos quieren anteponer la familia al individuo que hace parte de ella. Y ya hace tiempo dejamos atrás la idea de que los hijos son de los padres como si fueran parte de su patrimonio. Ya dejamos atrás que maltratar niños, niñas y mujeres en la familia son crímenes privados que no importan a la sociedad. Los antiderechos se camuflan tras la inocencia infantil para disponer que tal o cual cosa es inmoral, que es mejor ocultar a dialogar, que es mejor imponer desde arriba lo que debe ser, reforzando el modelo de sociedad jerárquica y estamental que hemos tenido históricamente.

Hoy en día, la defensa de los derechos individuales, más aún si se trata de niños/as o mujeres, es la medida de cuán horizontal o autoritario es un gobierno. De insistirse en este rumbo tomado, tanto Congreso como Ejecutivo estarían identificados en el mismo autoritarismo al que habrá que hacerle frente.