Gustavo Montoya

Opinión

Encuentro en Cajamarca: la botella y el mensaje

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"Los días de esta sociedad están contados; y sus razones y sus méritos han sido pesados y hallados ligeros; sus habitantes se han dividido en dos bandos, uno de los cuales quiere que desaparezca".
Guy Debord La sociedad del espectáculo. 1967

Una de las tesis de Guy Debord, pensador estratégico francés y uno de los teóricos más solventes en Mayo del 1968, era que la realidad había sido sustituida por el espectáculo, y el poder de tal sustitución, dependía de la capacidad de establecer relaciones sociales intermediadas por imágenes, siempre en cuando estas sean convincentes. Un juego de referencias simbólicas cuya potencia está anclada y depende en gran medida, de la capacidad de discernimiento del auditorio.

Una lectura del debate entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori en Cajamarca desde estas consideraciones, nos remite a hurgar y hacer visible el imaginario histórico de los peruanos. Sobre todo de esas mayorías sociales que siguen a Castillo. La evocación al encuentro en Cajamarca entre Pizarro y Atahualpa de hace casi 500 años es obvia e inevitable. Pero desde entonces, mucha, pero mucha agua y lodo ha circulado entre los pliegues de la memoria histórica del país.

Cuenta además, la conocida frivolidad, por no decir ignorancia, con que la candidata de Fuerza Popular se ha referido en reiteradas oportunidades a personajes e hitos históricos nacionales. Dice el refrán popular, “lo que se hereda no se hurta”. El gran maestro sanmarquino Washington Delgado, presente en Madrid en 1992 con motivo del centenario del nacimiento de Cesar Vallejo, en una gran ceremonia tributada al universal poeta peruano, con la asistencia del entonces presidente Fujimori; recordaba que ante el asombro del cuerpo diplomático peruano y los académicos ahí reunidos, Fujimori en plena ceremonia le susurro a uno de sus asistentes “¿Quién fue Cesar Vallejo?”

Pedro Castillo no tiene más que hurgar en la conciencia histórica de su adversaria, para poner al descubierto justamente lo que está en juego en esta coyuntura. La dignidad y la recuperación de una memoria autónoma para los peruanos.