Opinión

En busca de una ruta

Por Ana María Vidal

Abogada

En busca de una ruta Foto: Bikut T. Sanchium

Por nuestros hermanos muertos, asesinados; por las protestas de miles de compatriotas, protestas justas que buscan y exigen un cambio profundo. Urge un cambio de las estructuras cimentadas sobre una indolencia acumulada durante años, sobre el racismo evidenciado en este último tiempo por un Congreso indiferente y que solo busca su interés a corto plazo, y también en estos días recientes por un Ejecutivo que, aun siguiendo un cauce constitucional y cumpliendo con las formalidades, ha salido a matar peruanos, mandando a los policías a dispararnos, sacando a las calles a los militares como si peruanas y peruanos fuésemos un objetivo militar.

Lo que hemos visto esta semana es una herida contenida que venía carcomiéndonos desde hace mucho tiempo atrás. Porque la crisis estalló con el fallido golpe de Estado de Pedro Castillo, pero el juego democrático había sido pervertido desde antes. Los graves hechos de corrupción de PPK, la traición de Vizcarra en plena pandemia, la intentona golpista de Merino, el petardeo constante de las bases democráticas por parte de la señora K y sus aliados han gestado esta crisis, esta herida, sobre la epidermis de una democracia pegada con mocos y babas, en la que quienes han llegado al poder lo han hecho para lucrar, nunca para buscar el bien común. Una democracia que se ha sostenido gracias a la desigualdad imperante, al pisoteo de los de siempre y al poder de las armas y de las botas.

Sí, hay actos vandálicos también. Y son terribles, porque a quienes más golpean es justamente a quienes protestan por demandas legítimas, pero además perjudican a toda la población (atacar ambulancias nunca se debe ni se puede permitir). Este vandalismo juega en pared con policías y militares; les da la excusa perfecta para salir a atacar, a matar. Por eso cada uno de estos actos debe ser investigado, hasta saber quiénes los han dirigido y ponerlos en evidencia ante todo el país. Y cada delito deberá ser sancionado.

El Perú es más grande que sus problemas, escribió Basadre desde Tacna, esa esquina del Perú siempre abandonada. Por eso, aún podemos y tenemos que encontrar una ruta de salida. Es un imperativo, por nuestro país, por nuestras hermanas y hermanos, porque es nuestra patria, la patria que tenemos y la que escogimos para nuestras hijas e hijos.

Tenemos que vernos entre todas y todos como iguales, escuchar las demandas. ¿Urge el adelanto de elecciones? Sí, contenerlo es una bomba de tiempo más. ¿Importa tomar en cuenta el pedido de una nueva Constitución? Sí, son las reglas del funcionamiento de Estado que la gente demanda cambiar.

¿Este gobierno en menos de una semana ya está deslegitimado? Sí, desde el momento en que nombraron a Pedro Angulo en la PCM debió exigirse un cambio; la alternativa democrática no puede tolerar ese tipo de actores. Ya no. Nunca se le debió tolerar, nunca se debió felicitar a ningún miembro de ese gabinete fallido. ¿Ahora debería salir todo el gabinete? Sí, no solo Angulo; deben irse por lo menos los de Interior, Defensa y Mujer y Poblaciones Vulnerables (¿en qué momento se volvió tolerable que maten a niños en las protestas?). Sus papeles han sido vergonzantes.

Pero las demandas no son solo adelanto de elecciones. Se exige también que se vayan todos. Y es acá donde nos encontramos en un punto muerto. Si se va el gobierno de Boluarte, ¿quién asumirá? ¿Acaso la actual mesa directiva del Congreso? La Constitución dice que, en ese caso, deben convocar inmediatamente a elecciones, pero ya sabemos lo que son capaces de hacer, lo acabamos de ver ayer jueves en una de las sesiones más repugnantes de este Congreso. Cuando pensábamos que ya no podían caer más bajo, ayer lo hicieron. Aunque cambien de mesa directiva, no hay esperanza alguna en el resto de sus integrantes.

¿Cómo salimos de esta crisis? ¿Cómo recuperamos y transformamos nuestro país? Por ahora no hay ruta definida, tenemos que crearla, abrir la trocha para alcanzar una real democracia, la cual pasa por terminar de manera urgente con el estado de emergencia (no estamos en guerra), y por reconocer que lo que hemos tenido hasta ahora ha sido un pacto con muchos poderes fácticos, pero no una democracia real y plena.

La Defensoría del Pueblo en estos momentos está llamada a ser una de las instituciones que lideren este proceso. Sí, esa Defensoría del Pueblo que tanto quisieron golpear, que varios congresos han querido tomar, hasta el punto de poner a una persona sin ningún talante democrático a dirigirla durante cinco años, Gutiérrez. Sin embargo, gracias a un sindicato de trabajadoras y trabajadores fuerte, esa institución resistió y realizó cabalmente su labor. Esa Defensoría que incluso Castillo en campaña electoral ofreció eliminar, la misma que ahora en este Congreso vieron como botín de guerra. Le toca a Eliana Revollar, ayacuchana y trabajadora de años de esa institución, y a su equipo, defender los derechos fundamentales de nuestro país, y eso pasa por encontrar un cauce verdaderamente democrático, y supervisar cada paso que den quienes ahora tienen el poder. Es esa institución la llamada a dirigir el camino de salida. No es fácil, no será fácil, pero tenemos la obligación de encontrar esa salida.