Opinión

Elecciones en Bolivia: el voto popular hizo justicia

Por Victor Liza

Escritor y periodista

Elecciones en Bolivia: el voto popular hizo justiciaFoto: EFE

La victoria contundente de Luis Arce Catacora, candidato presidencial del Movimiento al Socialismo (MAS), en las elecciones bolivianas del domingo, es la mejor respuesta que ha dado el pueblo de aquel país a lo que vivió en los últimos once meses. También es la reivindicación de los catorce años del gobierno de Evo Morales, quien transformó aquella nación y dio derechos a las mayorías, en especial a los pueblos indígenas, como nunca había ocurrido en su historia.

Morales había ganado las elecciones de noviembre del año pasado, superando por poco más de diez puntos porcentuales de diferencia sobre el segundo, Carlos Mesa. Con eso, se cumplía con lo establecido por la constitución boliviana para evitar el ballotage. La Organización de Estados Americanos (OEA), conducida por el cuestionado Luis Almagro, junto a los grandes medios de comunicación, vendieron la idea de que Morales no había obtenido esa diferencia y que hubo fraude para lograrla. Envalentonada, la derecha boliviana, con el respaldo de las fuerzas armadas, obligó a Morales a renunciar. El expresidente tuvo que esconderse en Cochabamba; y luego asilarse primero en México y después en Argentina. Jeanine Añez, una senadora desconocida, se hizo del poder sin ninguna legitimidad. Un golpe de Estado se había consumado. Meses después, diversas organizaciones de estadística, incluida una de Estados Unidos, demostraron que tal fraude nunca ocurrió. El relato armado por la derecha boliviana fue una farsa.

A estos graves hechos se sucedieron otros no menores. Las masacres de Senkata y Sacaba, en las que unos 20 partidarios del MAS que protestaban contra el golpe fueron muertos y otros dos centenares heridos, demostraron que en América Latina se estaban viviendo tiempos de retroceso. Hechos como estos parecían haber quedado en el pasado. La gran prensa los silenció, y los más medios atrevidos solo los describieron como enfrentamientos. Los vídeos en Twitter y otras redes sociales demostraron el ensañamiento contra el pueblo que rechazaba la imposición de Añez en el poder. Mesa calló en todos los idiomas. Cuando la presidenta de facto amplió su permanencia en el poder e incluso anunció su candidatura, el historiador recién cuestionó el nuevo orden.

La pandemia del coronavirus mantuvo en el poder a muchos gobernantes, y hasta les ayudó a mantener cierta legitimidad aún con el manejo que tuvieran de la situación. No ocurrió así con Añez y compañía. A su cuestionada legitimidad en el poder se sumó su mala conducción de la pandemia. El pueblo boliviano comparó lo hecho por Morales no solo en términos de infraestructura en salud, sino en atención, con lo que hizo Añez desde el Palacio Quemado. No solo descuidó el tema, sino que apeló al catolicismo y a la biblia como algunas soluciones al problema.

La campaña electoral hizo lo suyo. Las encuestas dieron ventaja desde el comienzo a Arce, ministro de Economía en el régimen de Morales. En varias de ellas superaba por más de diez puntos de diferencia a Mesa. Ante ello, los opositores al MAS ensayaron bajadas de candidaturas para que el que tenía más opción de entrar a una hipotética segunda vuelta, Mesa, sumara los votos necesarios. La primera en bajarse fue la propia Añez, completamente impopular. Jorge “Tuto” Quiroga, expresidente y delfín del fallecido dictador Hugo Banzer, también declinó. Luis Fernando Camacho, uno de los más entusiastas con el golpe, hizo el amague. Todo fue inútil.

Algunos hechos como la detención de un observador acreditado por el gobierno argentino, y la postergación de los resultados de boca de urna, complicaban más el escenario. Los grandes medios, como siempre, no informaron de estos hechos. Pero ya no se pudo ocultar la realidad. Los resultados extraoficiales, difundidos en las últimas horas del domingo, fueron un deja vu de la primera elección de Morales en 2005. Como en aquella ocasión, el candidato del MAS logró más de 20 puntos de diferencia sobre el segundo, y además sacó más del 50% de los votos, superando a la suma de sus dos principales contendores. Ciesmori informó que Arce logró 52,4%, contra 31,5% de Mesa y 14,1% de Camacho. La Fundación Jubileo indicó que Arce llegó al 53%, contra el 30,8 de Mesa y 14,1% de Camacho. La victoria del MAS es de tal contundencia, que Añez la ha reconocido en su cuenta de Twitter. Lo mismo acaba de hacer Mesa y hasta el mismo Almagro.

Esta historia no ha terminado. Tocará estar atentos a cómo se dará la transición al poder, de un gobierno de facto que tenía el apoyo de las fuerzas armadas, a uno elegido por la vía democrática. Habrá que ver cómo se maneja Arce en el gobierno, con una situación dura como la pandemia y una economía castigada. Los votos que recibió no son solo herencia de Morales: hay una parte de descontento ante la dictadura de Añez. Y también se deben a que el MAS es el movimiento político popular de Bolivia, como lo es el peronismo en Argentina o el Partido de los Trabajadores en Brasil, en el que Arce tiene su propio liderazgo. Se hace justicia mediante el voto popular con este proyecto político y con el propio Evo Morales, despojados del poder por un golpe de Estado, porque no podían hacerlo por la vía electoral. La derecha latinoamericana ha demostrado que no cree en la democracia. Esto también trae consecuencias geopolíticas: el alineamiento con Argentina y México, gobiernos que han sabido mantener su distancia de los Estados Unidos, está cantado. Bolivia y América Latina observan.