Opinión

El rol de las mujeres campesinas en las tomas de tierras del siglo XX

2021-03-07
Por Lía Ramírez Caparó

Licenciada en Sociología por la PUCP. Estudiante de la maestría de Historia con mención en Estudios Andinos de la PUCP. Miembra de las Jornadas de Estudios de Género y las mujeres en la historia del Perú.

coverMelchor Lima. TAFOS Ayaviri.

Hoy, en las elecciones congresales 2021 las mujeres campesinas o provenientes de familias campesinas postulantes son una minoría(1). Ellas continúan una tradición muy reciente iniciada en el año 2000, cuando por primera vez en la historia republicana una mujer campesina fue electa congresista. El ingreso de mujeres campesinas en política parlamentaria se enmarca en un largo y poco reconocido proceso histórico(2).

Entre otras razones que ameritan reflexionar, este no reconocimiento se debe a la ausencia de mujeres en la amplia literatura académica sobre movimientos campesinos y tomas de tierras del siglo XX, en la que cuando se les menciona es para señalar una presencia incipiente y tangencial. Algunas investigaciones las sitúan en sesiones aparte, donde describen escuetamente su participación durante tomas de tierras en actos de carácter familiar; tal como su formación en la primera línea de marchas, junto a niños y niñas, con el objetivo de proteger a los hombres contra quienes la represión solía ser más violenta. Asimismo, se menciona su labor en la preparación de alimentos(3). Otras investigaciones mencionan sus organizaciones -clubes de madres o asociaciones- como integrantes del movimiento campesino(4). Sin embargo, estas menciones son tratadas como datos curiosos o epifenómenos, asumiendo así que las mujeres son prescindibles para la comprensión del proceso histórico e invisibilizándolas en la toma de decisión o creación de demandas.

Para Joan Scott(5), historiadora feminista, una razón por la que la disciplina histórica priorizó (¿prioriza?) el protagonismo masculino ha sido su imposibilidad de cuestionar ciertas ideas básicas de la realidad que estructuran la desigualdad entre hombres y mujeres, tal como la división entre lo público y privado. El espacio doméstico ha sido caracterizado como carente de poder, supeditado sin cuestionamiento a procesos de transformación agenciados desde el espacio público, liderado irrestricta e impositivamente por hombres. De acuerdo a Scott, ello subordina y silencia al espacio doméstico y, por ende, a gran parte de la historia de las mujeres. La reflexión feminista ha cuestionado esta dicotomía férrea mostrando la inmanencia política del espacio privado, su lucha y resistencia por tener una voz pública y, en este sentido, su importancia en la comprensión de cambios en una sociedad. En línea a ello, resulta necesario repensar la trascendencia de las mujeres campesinas en procesos de tomas de tierras.

El interés por reconocer a las mujeres campesinas como parte central de los procesos de tomas de tierras es creciente, evidenciando que tuvieron un rol protagónico para sostener y configurar la lucha. Un caso se observa en las tomas de tierras de la comunidad de Rancas en 1960 sobre una hacienda del Cerro de Pasco Corporation. Elizabeth Lino(6) explica que, en este proceso, si bien las mujeres no tuvieron espacios organizativos estaban comprometidas con la lucha política debido a que la vulneración de la hacienda sobre tierras comunales dificultaba sus labores domésticas que incluían el cuidado de ganado y pastoreo. Por ello, las mujeres participaron de las tomas, siendo una de ellas mártir de la “masacre de Huayllacancha”. Cabe mencionar que, si bien la reforma agraria excluyó a las mujeres como propietarias, agilizó sus posibilidades de organización tal como lo señala Rosa Huayre (7) y que es recogido en un importante recuento bibliográfico que realiza junto a Johnatan Vega, sobre trabajos que aproximan la historia de las mujeres y la reforma agraria.

Tras la reforma agraria de 1969 se realizaron tomas de tierras esta vez sobre las cooperativas instaladas por la Junta Militar, las cuales centralizaron la tierra y excluyeron de su propiedad a comunidades campesinas. En el relato publicado por Enrique Mayer(8) en torno a la toma de tierras de 1976 en Anta- Cusco sobre la cooperativa llamada eufemísticamente “Machu Asnu” (asno viejo), se narra la experiencia de Marcelina Mendoza, esposa de un dirigente. Ella tenía la labor de cuidar a su esposo y rescatarlo en caso fuera apresado, para lo cual realizaba trámites administrativos, lidiaba con las fuerzas del orden y se reunía con abogados que colaboraban con el movimiento campesino(9). Algo similar se observa en las tomas de tierras de Melgar-Puno de 1985. Como parte de la elaboración de mi tesis, tuve la oportunidad de escuchar la historia de mujeres que vivieron este proceso siendo niñas e hijas de líderes campesinos de la época(10). Ellas recordaban momentos en los que la labor dirigencial exigía a sus padres una dedicación completa de tiempo, por lo que eran sus madres y ellas como hijas quienes proveían económicamente a la familia, sosteniendo así la vida de sus padres y apoyándolos en caso tuvieran problemas con las fuerzas del orden.

En el contexto de las tomas de tierras puneñas ya se observa una consolidación mayor de organizaciones de mujeres campesinas. Tal como explica Josefa Ramírez(11) en un relato testimonial, durante la década de 1980 las organizaciones puneñas de mujeres se activan y sumergen en el reconocimiento del rol doméstico de las mujeres, su trabajo en la subsistencia familiar y en las tareas productivas. Tras diversos encuentros de mujeres a nivel departamental en un contexto de tomas de tierras, violencia política y sequía, las mujeres campesinas puneñas representan una fuerza importante en la Primera Asamblea Nacional de Mujeres Campesinas, organizada en 1987 como parte de la Confederación Campesina del Perú (CCP). Parte de las demandas aglutinadas en este encuentro(12) fueron la revaloración del rol productor de las mujeres en la economía familiar y su reconocimiento como comuneras calificadas y propietarias(13). Asimismo, asumiendo la importancia de la maternidad y considerando el contexto de violencia política, proponen impulsar una campaña nacional para que el día de la madre sea celebrado como uno de promoción de justicia social y paz.

Lo dicho muestra que en contextos de lucha campesina la división entre lo público y privado se desdibuja visiblemente. Las mujeres, centradas por imposición en el espacio doméstico, son protagonistas de una lucha pública vista en dos puntos. Por un lado, las demandas de las organizaciones de mujeres evidencian que el espacio doméstico es uno sobre el cual se reflexiona políticamente, de manera que las mujeres son capaces de plantear demandas, exigir derechos y soñar futuros. Por otro lado, son ellas las que sostienen la lucha campesina al hacerse cargo de las familias, alimentar y proteger a los líderes enfrentándose a instituciones públicas. Esto no es menor y, en oposición a ideas naturalizadas, no supone exclusivamente un sacrificio por amor, sino en cambio, un compromiso político. El reconocimiento histórico de las mujeres campesinas como protagonistas es fundamental para comprender su formación como sujetos políticos y su participación en la transformación de nuestra sociedad.


(1) En una revisión rápida, encontré solo 4 candidaturas de mujeres que se autodenominan campesinas o de origen campesino: Marta Ancco (PM), Gahela Cari (JP), Tatiana Ccahuata (FA), Irma Aroapaza (FA).

(2) Como explica Crisóstomo, M. (2020). Mesa 12: Actores, voces, narrativas: Mujeres y género en el bicentenario. La República Como Promesa y Las Aspiraciones de Las Nuevas Generaciones. Lima: PUCP.

(3) García-Sayán, D. (1982). Tomas de tierras en el Perú. Lima: Desco.

(4) Rénique, J. L. (2004). La Batalla por Puno. Conflicto agrario y nación en los Andes peruanos (CEPES). Lima.

(5) Scott, J. W. (2013). El género: una categoría útil para el análisis histórico. En El género: La construcción cultural de la diferencia sexual (pp. 265–302). México DF: Miguel Ángel Porrúa. Programa Universitario de Estudios de Género.

(6) Lino, E. (2019) “Mujeres y participación en el contexto de la recuperación de tierras en Rancas (Pasco, 1960)”. En Revista Andina de Estudios Políticos (pp. 125-144).

(7) A quien además agradezco muchísimo por sus recomendaciones y correcciones de este artículo. Huayre, R. y J. Vega (2019) “¡No más lágrimas campesinas! Mujeres, tierras y reformas agrarias en la región andina’” En: Revista Andina de Estudios Políticos (pp. 5-51).

(8) Mayer, E. (2017). Cuentos feos de la Reforma Agraria. Lima: IEP.

(9) También se observa en los casos relatados en la ponencia de Mercedes Crisóstomo ya citada.

(10) Escuche sus testimonios como parte de mi investigación de maestría en proceso. Por motivos de seguridad no puedo mencionar el nombre de las testimoniantes.

(11) Ramírez, J. (2019). “Sentipensar descolonial sobre la reforma agraria peruana”. En Revista Andina de Estudios Políticos (pp. 173-181).

(12) “Mujeres campesinas también se organizan”. Revista Andenes Julio-Agosto 1987 N°39.

(13) Considerando la deuda de la reforma agraria con las mujeres.