Opinión

El quechua en la escuela y las universidades

Por Carlos Flores Lizana

Antropólogo y Profesor

El quechua en la escuela y las universidadesFoto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Este tercer artículo sobre el quechua tiene especial importancia para la conmemoración del centenario de nuestra independencia, tema que no ha aparecido en los debates de los candidatos a la presidencia y al congreso.

Si partimos de la realidad actual -cómo va el programa del ministerio de educación de EBI- podemos decir que los avances no son muy grandes, por los resultados que se tiene, según indican personas conocedoras del tema por pertenecer al ministerio; se gasta más en propaganda e imagen que en la capacitación real de los docentes que necesitan mejor preparación para hacer su trabajo como educadores bilingües. Por ello se requiere una auditoria de los gastos que se hacen de los presupuestos para realmente saber en qué y cómo se gastan.

La experiencia más concreta y larga de este esfuerzo -treinta años- por hacer que los niños quechua hablantes de nacimiento aprendan a escribir y leer en su idioma es la de los colegios de Fe y Alegría, en la provincia de Quispicanchi, Cusco, donde unos tres mil niños son atendidos por esta red. A lo largo de la historia hemos tenido experiencias parecidas en Ayacucho y en Puno, que duraron lo que duro el presupuesto que vino fundamentalmente de la cooperación extranjera. Esto muestra la falta de real compromiso de los distintos gobiernos y del poco soporte social de las familias, las comunidades campesinas, los gremios y los gobiernos locales a los que se pretendía servir.

En los últimos 50 años el Ministerio de Educación nunca ha reservado ni tenido un presupuesto especial para lograr una educación en la que nuestros niños y jóvenes lleguen a ser bilingües coordinados, orgullosos de su lengua y su cultura, que lean y escriban en quechua y tengamos libros, revistas, bibliotecas en nuestra lengua originaria. Esto mismo podríamos decir perfectamente de lenguas como el Aymara, el Ashaninka, el Awajun, y todas las otras 48 lenguas reconocidas en el territorio peruano.

Las investigaciones sobre cómo se maneja la relación entre la escuela pública y el quechua nos dice que “la escuela ha entrado en la comunidad campesina, pero la comunidad no ha entrado en la escuela”, ya que la política general de todos los gobiernos desde 1821 a la fecha, continuando lo hecho en la Colonia, ha sido castellanizar a las poblaciones andinas, y si ha dado alguna importancia al quechua ha sido como una estrategia para dicho objetivo.

La escuela en la Colonia no le dio ninguna importancia al quechua en ese este sentido, más aún a partir de 1780 con el levantamiento de Tupac Amaru fecha clave para entender la clara voluntad de la corona española por borrar todo aquello que pudiera sostener o promover la identidad andina, quechua, inca. Si es verdad que luego de las guerras de la conquista y las luchas por la hegemonía al inicio de la Colonia, el quechua fue estudiado y escrito por los distintos religiosos y también promovido como lengua franca o general, pero posteriormente se fue dejando de lado. Los españoles al llegar al Perú se dieron cuenta que el quechua podía ser útil para sus fines políticos, económicos y religiosos, por la multiplicidad de lenguas que sobrevivieron a la política lingüística de los Incas, de imposición del quechua. Así es como se puede entender que los españoles promovieron el quechua en los cien primeros años de iniciado el virreinato.

A nivel de educación universitaria el quechua no fue valorado y lo demuestra la historia, después de creada la catedra de enseñanza del quechua el 7 de julio de 1579 con su primer docente Juan de Balboa no hubo ninguna producción significativa de la misma, casi hasta nuestros días. Los misioneros católicos de las cinco congregaciones más importantes tuvieron un peso muy importante en su conservación, enseñanza y difusión, como dije fundamentalmente con fines catequéticos y evangelizadores. En las universidades de la colonia se enseñaba el quechua pero no en quechua. No hay casi textos civiles en quechua, los catecismos, manuales para curas doctrineros, devocionarios y cancioneros, después de los llamados Concilios Limenses de 1500 fueron hechos por la Iglesia Católica en su deseo de evangelizar a nuestros antepasados. No hay hasta el siglo XX biblias en quechua producidos con la participación de especialistas con grado universitario. Recién en 1946 se hace cargo de la catedra de quechua el huantino Teodoro Meneses Morales, marcando un hito en la enseñanza de nuestro idioma originario por parte de un nativo de lengua materna quechua.

Después de 468 años por primera vez en la historia de San Marcos hizo y sustentó en quechua su tesis doctoral en literatura, de nombre “Yawar para” nuestra paisana Roxana Quispe Callantes. Este acontecimiento es importante señalarlo en la historia de nuestra lengua al igual que lo hiciera unos años antes la antropóloga Carmen Escalante, cusqueña quien defendió su tesis de posgrado en quechua en una universidad de España. Lo trágico fue que de los cuatro jurados solo dos hablaban quechua fluido. Los otros eran investigadores pero no de lengua materna quechua.

El no darle importancia a la Biblia por parte de la Iglesia católica, evidentemente se debe a que ella representaba precisamente la Reforma Protestante y más bien las cinco órdenes religiosas que se encargaron de la evangelización de América constituyeron la fuerza de la Contrareforma dando más importancia a la doctrina que a la difusión de las Escrituras. Esta realidad se prolonga hasta nuestros días sobre todo en las zonas rurales donde el uso de las Sagradas Escrituras es sinónimo de pertenecer a las iglesias evangélicas. En Puno se recuerda todavía que el siglo pasado los sacerdotes hicieron fogatas con las biblias de los protestantes. Esto ha cambiado un poco, pero no tanto, si pensamos en las zonas eclesiales actuales como Apurímac, Huancavelica, Ayacucho. La falta de capacidad de la población de leer en quechua y también en el mismo castellano, ha impedido y sigue impidiendo la difusión de los textos bíblicos y en general de todo tipo de textos escritos.

Es una realidad dura de comprobar que las escuelas, como diría José María Arguedas, han sido instrumentos de aculturación de las poblaciones quechuas organizadas fundamentalmente como Comunidades Campesinas. La mayoría de los maestros, aunque muchos de ellos pueden ser de lengua materna quechua, no enseñan ni saben cómo alfabetizar en quechua a sus alumnos. Los docentes se enfrentan a dificultades muy grandes de todo tipo: escribir y leer en quechua, alfabetizar a sus niños en quechua y luego pasar a la alfabetización en castellano, de tal manera que manejen las dos lenguas desde los primeros años de la educación básica regular. Esta realidad ha ido mejorando desde el Ministerio de Educación pero la diversidad de variantes del quechua, la falta de unidad de los quechuas en lo que es gramática y fonética todavía es un impedimento para este proceso largo pendiente. La escuela es parte de la sociedad quechua, por lo tanto el problema no es solo del ministerio sino de la sociedad en su conjunto.

Los propios campesinos desde sus intereses más inmediatos ven que aprender a escribir y leer en quechua no les sirve casi de nada. Por el contrario el desprecio de siglos acumulado pesa mucho en sus sentimientos y en sus vidas. La sociedad castellana tiene una hegemonía muy fuerte en todas las instancias y niveles de la gestión social. El destino del quechua tiene que ver por lo tanto con el poder económico, social y político. Mientras las políticas de todo tipo sean conducidas por los mestizos o los blancos que no les interesa ni valoran que el quechua siga vigente y vivo, no hay esperanza para nuestra lengua y su riqueza.

En departamentos como Cusco, Ayacucho, Apurímac, Huaraz, y en otros, pero en menor proporción, el quechua se ha empezado a enseñar en algunos colegios e instituciones privadas. En varias universidades ya se enseña el quechua como especialidad. En el tema de la educación no solo se trata de enseñar a escribir y leer en quechua sino que se necesitan textos para las distintas materias para poner en práctica lo aprendido. Una de las comprobaciones dolorosas es que el quechua se ha limitado casi por completo a la producción literaria como relatos, adivinanzas, poesía, y muy recientemente a la novela, canciones y música. Los textos de matemática, agricultura, derecho, medicina, arquitectura y de otras ciencias casi no existen, salvo como glosarios, vocabularios, etc. El quechua se ha quedado en la cocina, la agricultura, el pastoreo, y algo en la actividad comercial. La meta es que podamos enseñar historia, agronomía, geografía, medicina, hidráulica, derecho en quechua. Podrimos empezar a enseñar historia. música, literatura y teología en quechua.

La red de escuelas en zonas quechuas es muy grande y dispersa. Las variedades de quechua y la diversidad de grado de interés de que el quechua vuelva a ser una lengua reconocida socialmente y no solo como pasa hasta ahora realmente es un reto para una propuesta positiva y sostenible.

Las TICs se presentan como una posibilidad muy potente para ponerlos al servicio de la recuperación, modernización y difusión de nuestra lengua. Se requiere hacer investigación de calidad para que no se pierda más nuestra lengua, en todas las variantes que tiene. Escribir sobre ella y con ella diversos tipos de textos, música y arte en general. Además de ello debe modernizarse creando neologismos conforme a la riqueza y fundamentos que como lengua tiene. El quechua es una lengua sumamente flexible y rica en raíces y estructuras. Hacer un esfuerzo por recuperar todos los textos que se editaron a lo largo de la historia de nuestro país y de los países donde se habla y se ha escrito en quechua o sobre él. Es increíble que no tengamos centralizada la información sobre nuestra cultura escrita en quechua. Hay mucho material disperso que requiere ser recuperado, cuidado, reproducido y puesto al servicio de nosotros mismos y de tantos investigadores nacionales y extranjeros interesados.

Para terminar, creo que el tema es sumamente importante para nuestro presente y nuestro futuro. Sin educación bilingüe de calidad no podremos recuperar nuestra identidad y no podremos mirar y construir el futuro con solidez en este terreno. Estamos en un momento privilegiado para retomar lo que muchos peruanos anhelan, los recursos humanos y técnicos los tenemos, falta la voluntad política para hacerlo realidad. La lengua vivirá en la medida que la sociedad peruana lo quiera y valore, es por lo tanto un tema de voluntad política y de poder.

cflizana@gmail.com