Opinión

Bicentenario: más allá de una democracia minada y de unos días inciertos

Por Carlos Reyna

Sociólogo

Bicentenario: más allá de una democracia minada y de unos días inciertos  Andina

En otras circunstancias alguien diría, qué democracia tan ejemplar, qué República tan fiel a sus sueños que en su Bicentenario toma por Presidente a un maestro rural de uno de los distritos más pobres del país.

La verdad es que ese maestro ha llegado a la Presidencia pasando por entre las fisuras de una democracia bastante más que imperfecta y por las costuras rotas de una República que, sin embargo, aún tiene mucho más de posibilidad que de problema.

Algo de esa verdad había en las palabras del Presidente del Jurado Nacional de Elecciones cuando hace unos días entregó sus credenciales a Pedro Castillo Terrones. En una ceremonia que normalmente es de una celebración democrática, el magistrado Jorge Salas tuvo que referirse con dureza a los responsables de haber instalado, en un sector del país, un clima de miedo y una idea de fraude sin ninguna prueba ni sustento, lo cual ha afectado a las instituciones electorales. Debilitados los organismos electorales y minada la democracia peruana.

No es para menos. Hace algún tiempo, Los organismos electorales solían estar, en las encuestas, entre las entidades con la mejor aprobación ciudadana entre sus pares. A veces inclusive por delante de la Iglesia Católica. Pero el fastidio y hartazgo con la política durante la pandemia, ya les había quitado simpatías pues la idea misma de votar perdió interés en el último año y medio,

Así es como, según IPSOS, en febrero de este año, ONPE aún tenía un aceptable nivel de aprobación ciudadana (55%) y un nivel de desaprobación por lo menos manejable (40%) si se compara con el resto de entidades públicas como los propios poderes del Estado. El JNE, sin embargo, solo tenía un poco más de aprobación que de desaprobación: 49% contra 46 %.

A fines de Junio, para ambas entidades, las cifras empeoraron dramáticamente. La aprobación de ONPE bajó a 45 % (perdió 10%) y su desaprobación subió a 49% (subió 9%). En el caso del JNE, las cosas han sido peores. Cayó a 37% de aprobación (perdió 12%) y aumentó a 56 % de desaprobación (creció en 10%).

La explicación está en la frenética campaña de la candidata perdedora y de sus aliados para difundir, durante más de un mes, las falsas ideas de un fraude y de una inminente instalación de un régimen comunista con la complicidad de ONPE y el JNE, así como de la conveniencia de un golpe militar. La candidata y sus satélites fueron apoyados con la difusión machacona de esos mensajes por casi todos los canales de TV y los diarios.

Todo eso no les alcanzó para frustrar el proceso electoral, porque todos las instituciones electorales y las que algo tenían que ver con ellas, como ONPE, JNE, Poder Judicial, Ministerio Público y Junta Nacional de Justicia, más los observadores electorales nacionales e internacionales y varios gobiernos importantes, decidieron plantarse en el terreno legal y levantar una valla insalvable para todas las maniobras leguleyas de la facción perdedora. Esa valla también sirvió para dejar en el vacío a la grita golpista.

Los cuatro logros de la facción perdedora

Pero sí pudieron obtener cuatro logros: primero, dejar instalada la idea de un fraude en una minoría no despreciable de electores; segundo, dejar minada la legitimidad de los organismos electorales en cerca de la mitad de la ciudadanía; tercero, dejar empañado en algo el comienzo del gobierno de Pedro Castillo; y cuarto, dejar semielaborado un nuevo procedimiento para boicotear un proceso electoral que no les guste.

Los tres primeros logros están a la vista. El cuarto tiene que ver con esa creación improvisada para boicotear el proceso electoral, el manido “fraude en mesa”. Esta vez no pudieron hacerlo precisamente porque la improvisación los obligó a impugnar actas sin fundamentos. Para la próxima mejorarán las artimañas para que, si no voltean los resultados, aborten la elección. Estos cuatro logros, sumados, han determinado que lo que recomienza en agosto será una democracia minada.

¿Qué harán a partir de agosto 2021?

¿Para qué usaran esos logros? Para los objetivos que ya han anunciado que buscarán alcanzar a partir de agosto. Keiko Fujimori ha dicho que este gobierno es ilegítimo y que solamente ha comenzado una nueva fase de su aventura. Si es ilegítimo, su objetivo no podría ser otro que derribarlo. Si lo logran, habrán elecciones a no muy largo plazo

Para ello, Rafael López Aliaga, su prójimo ideológico, ha anunciado que desde el Congreso, su bancada abrirá investigación contra los actuales jefes de los organismos electorales por complicidad con el “fraude”. La gravedad del cargo no podría llevar a algo diferente que a su destitución. En línea con eso, el leguleyo electoral de apellido Castiglioni ha dicho que el último recurso de amparo que presentaron respecto al dichoso fraude solo busca destituir al jefe de ONPE.

Por si fuera poco, el almirante (r) Cueto, de la bancada de López Aliaga. ha adelantado que buscarán nuevos integrantes del Tribunal Constitucional y que le harán modificaciones constitucionales a sus funciones de manera tal que no interfieran en lo que el Congreso, o sea ellos, quieran hacer.

¿Está ya jugada la suerte de la democracia peruana?

No. Si dependiera solo de la composición del Congreso, se podría decir que nuestra democracia tendría un destino absolutamente incierto. Allí hay, a primera vista, tres grandes espacios. Uno de izquierda, con Perú Libre, Juntos por el Perú y Partido Morado, a los cuales se suma Somos Perú. Otro de derecha extrema, en el que están Fuerza Popular, Renovación Popular y una parte de Avanza País (el partido de De Soto). Y el tercero, de identidad difusa, donde están Acción Popular y las de APP (Acuña) y Podemos (Luna) y la otra parte de Avanza País.

La incertidumbre vendría del hecho de que, primero, en cada uno de esos espacios hay mucha fragmentación y por eso mucha dificultad para que se conforme una alianza hegemónica. Y segundo, que el número de congresistas con vocación y apuesta consistentemente democrática es bastante reducido. Por eso, aun si se formara una alianza hegemónica, lo más probable es que gire en torno a repartos de poder e intereses de grupo, más que el interés por fortalecer y hacer más inclusiva a esta democracia.

Gran parte de este rumbo aún desconocido del Congreso y de nuestra República, al menos al corto plazo, tiene que ver con la ruta igualmente indescifrable que seguirán Perú Libre y el propio Presidente Castillo, y de si este estará más cerca de Vladimir Cerrón o de su asesor económico Pedro Francke, dos antípodas humanas.

¿Entonces?

En esta composición de lugar, faltan tres actores que se han juntado solo para situaciones de mucha emergencia. Cumplieron un buen papel en ellas y luego volvieron a replegarse. Esos tres actores que de vez en cuando se juntan, ponen a flote el barco y vuelven a lo suyo son ciertas instituciones públicas que por función están más cercanas a compromisos democráticos y republicanos, diversas instituciones de sociedad civil con la misma vocación y organizaciones sociales de variado tipo con la misma bandera.

Las coyunturas 2000 – 2001 y la reciente que acabamos de pasar, han sido dos de esas situaciones. Esta última quizás no la hemos pasado del todo. Paramos un rato para que jure el maestro y luego volver a juntarnos para converger con los demócratas del Congreso y ayudarnos todos a enrumbar al país para que no se descarrile justo en su bicentenario. Así va a ser. Digo en el título de este artículo que se trata de días inciertos, no del destino incierto de la República. El Perú y sus hijos hemos vivido, aprendido, creado, cambiado, danzado y cantado tanto y de tantas maneras, que vamos a prevalecer y a hablar de tú con la eternidad.