Opinión

Adiós a la máquina de arcilla

Por Augusto Rubio Acosta

Escritor y gestor cultural

Adiós a la máquina de arcillaFoto: Billy Hare

Así se destruye lo mejor de nuestro patrimonio artístico. Desidia gubernamental y ciudadana campean

Acaba de destruirse o de darse a conocer la destrucción de La máquina de arcilla, legendaria escultura del artista Emilio Rodríguez Larraín, instalada en Huanchaco en el marco de la III Bienal de Arte de Trujillo, desarrollada entre 1987 y 1988.

La estructura de adobe, compuesta de siete cuadriláteros de los que nacen igual número de muros perpendiculares, contiene reminiscencias de las estructuras precolombinas y fue la obra más ambiciosa presentada en el antes mencionado encuentro artístico.

El deterioro y el abandono de este emblema del 'land art' fue, sin embargo, evidente por más de treinta años. A pesar del esfuerzo de iniciativas independientes, surgidas de gestores culturales, para declarar a La máquina de arcilla de interés nacional y de esta forma protegerla del vandalismo, la basura y la letrina en que se había convertido, los trámites no prosperaron registrándose hoy su destrucción irreversible.

Sobre el autor

Con una trayectoria que marcó decisivamente el panorama de las artes visuales en el Perú de la segunda mitad del siglo XX, Rodríguez Larraín fue un artista formado en la tradición moderna de vanguardia. Su tránsito de la pintura a la escultura y a las intervenciones de sitio específico determinaron que su obra que no tenga paralelo en la escena local y que influyera en la renovación del arte peruano.

Nulo interés e impunidad

Con la destrucción de La máquina de arcilla, elaborada con la técnica denominada tapial costeño, se pierde un valioso legado de nuestro patrimonio artístico, una obra de arte monumental frente al mar de Huanchaco; se confirma además, el nulo interés de las autoridades peruanas y de la misma ciudadanía en preservar el arte que surge de los artistas y creadores.

¿Quién se hace responsable de este grave atentado cultural? ¿Hasta cuándo la desidia, la impunidad y el silencio de nuestras autoridades? Que la destrucción de La máquina de arcilla sacuda conciencias, no es posible vivir de espaldas al arte y sus manifestaciones, a nuestra historia.