Opinión

13 años sin Cocó Cielo

2021-10-04
Por Fernando Pinzás

Músico, investigador musical y periodista

coverFoto: Archivo de Susana Torres

El tiempo simplemente pasa, y lo hace cada vez más rápido. Si de niños parecía una eternidad esperar la siguiente Navidad, ya de grandes es simplemente una rutina más. Y entonces, 5 años parecen no tan lejanos. O 10 años. O 13 años, que son los años que han pasado del terrible asesinato de Jorge Revilla, Cocó Cielo, quien junto a su inseparable colega Mario Silvania fueron dos figuras fundamentales en la música de vanguardia en España.

Los medios de entonces se limitaron a informar de la muerte de un “DJ peruano” a manos de 2 sujetos en los que había confiado. Pero la trayectoria de Cocó y Mario es una de las historias más fascinantes del underground local. Sin duda, el dúo Silvania y luego Cielo fueron los proyectos musicales constituidos por peruanos que más lejos han llegado en el mundo de la electrónica o la música experimental. Honor irónico para un estilo que aun puede ser indescifrable para un público masivo.

Por años, las figuras de Cocó y Mario se cubrían de un velo de misterio. En “Cielo Rock: Una visita al panteón del rock peruano”, Támira Basallo, historiadora del arte y fundadora del increíble grupo Salón Dadá cuenta algunos detalles poco conocidos de Cocó durante sus años subtes y que serían decisivos para su desarrollo artístico. Era un ávido consumidor de la la obra de Arthur Rimbaud, Andre Breton, Antonin Artaud y Martín Adán así como del catálogo de 4AD Records, además de ser un coleccionista de discos siempre pendiente de lo más reciente en cuanto a postpunk, new romantic o ambient. El aprendizaje de Coco se dio tanto en la discoteca No Helden como en las aulas de San Marcos, donde entró a historia del Arte. Con Támira Basallo y Susana Torres formaron un grupo inseparable, al que Cocó llamó “Las 3 gracias”. En una Lima precarizada, la única salida para ellos era el arte.

Cocó tuvo la valentía de asumirse como homosexual de manera militante. Lo llamaban “El Romántico” por su look andrógino, en onda new romantic. Támira Basallo cuenta: “Durante su transitar en la movida subterránea, pudimos apreciar este cambio en su imagen y su comportamiento. Es importante reseñar este tema por cuanto eran tiempos menos tolerantes con las sexualidades diversas; adicionalmente, tenemos que Cocó mostraba abiertamente su homosexualidad en dos ambientes particularmente hostiles a esas manifestaciones: la movida subterránea y la Universidad San Marcos”.

En su artículo autobiográfico titulado “10 canciones con las que me hice subterránea”, el músico menciona canciones como Eisbar de Grauzone, Heroes de David Bowie, Fade to Grey de Visage o Rescue de Echo and the Bunnymen y recuerda: “La movida subterránea era muy atractiva para mi por el tipo de energía que desprendía mas que por su música. Yo obviamente tenia otros referentes, más new romantic y after punk, música que venía escuchando desde los 13 años en radios alternativas limeñas como FM 93 o Doble 9. Lo mío no era el punk de protesta que todos esos grupos practicaban. La verdad había muchas cosas por las que protestar en esa época, pero lo que yo buscaba era otra cosa. Quizá buscaba más el inventar un mundo paralelo que gritar palabras altisonantes”.

Aunque se sabe que Cocó formó una banda efímera llamada Templo X, su actividad en la escena subte estaba más en las performances que realizó entre 1987 y 1989 en espacios como el Teatro La Cabaña o la Escuela de Comunicación Social de San Marcos. Según recuerda Támira Basallo, en una de estas performances, Cocó “irrumpía en escena y se contorsionaba en un baile- no baile” para luego gritar salvajemente, con voz de falsete, frases como “beso negro o palo engrasado”, mientras el público quedaba atónito. En otra ocasión, subió a escena junto al grupo hardcore Kaoz (conformado por Daniel F y Carlos Gonzales de Radio Criminal) y empezó a improvisar con una “voz operística”.

En la Lima subterránea, Cocó conoció a Mario Villayzán (Mario Silvania), y empezaron a frecuentar lugares como la No Helden o el Hueco. El punk rock había llegado tarde a la capital, cuando en Inglaterra y otros países cercanos ya se había pasado a la libertad sonora del postpunk. Este desfase quizás hizo que el punk no se procese adecuadamente en los músicos locales.

Conrad Schnitzler, el ícono alemán de la electrónica experimental decía “Solo si no tocas ningún instrumento puedes crear sonidos verdaderamente libres”. Una filosofía que une a punks, ruidistas, músicos experimentales, músicos electrónicos e incluso exponentes del trap, y que parece ser una adaptación del manifiesto “El arte de los ruidos” del futurista Luigi Russolo. En ese contexto, la movida subte con sus contradicciones parecía ser un poco limitante. Los subtes levantaban la bandera de la libertad creativa pero muchas veces no entendían a quienes querían experimentar más allá del rock. Proponían la tolerancia y la igualdad, pero hubo situaciones de acoso machista a María T-ta o d enfrentamientos entre punks “pitucos” y “cholos”. Y claro, incomprensión hacia Cocó, quien era un subterráneo entre los subterráneos.

El dúo ya estaba mirando al futuro, o buscando sus señales en el pasado: en el kraut rock, el ambient de Brian Eno. El álbum Psychocandy de Jesus and Mary Chain los marcó. Pero ¿como experimentar con el sonido si en Lima tener tan solo una guitarra eléctrica era un lujo?

Cocó dejó el Perú en 1989 y llegó a Roma, luego a Madrid y finalmente a Valencia, donde se reencontró con Mario y fundaron Silvania. España todavía no salía de los clichés de la Movida. Pero la música experimentaba una nueva ruta. Con influencias de Eno, Cocteau Twins, Aphex Twin e incluso de la Nueva Ola, Silvania vislumbró un nuevo futuro. La voz entonces se perdía en un mar de reverb, era una textura más, en lugar de ser el elemento principal, como lo es la canción tradicional. No importa tanto lo que se dice sino como suena, cómo se dice. La voz se funde con la música. El medio es el mensaje.

Como registro de esos años gloriosos, quedan las presentaciones para Radio 3 de España, su participación en la primera edición del festival de Benicassim de 1995, junto a Jesus and Mary Chain, Ride, Charlatans y Los Planetas, el musicalizar instalaciones de la artista Ana Laura Aláez en la 49 edición de la Bienal de Venecia o los remixes que le hicieron referentes de la música experimental como Scorn (proyecto de Mick Harris de Napalm Death), Seefeel y Autechre. Y por supuesto, discos que deben ser escuchados por un critero de “cultura general” que no se suele asociar al pop: En cielo de océano, Paisaje III, Miel Nube Hiel, entre otros. Normalmente, un rockero tradicional asocia los años 90 al grunge. Silvania forma parte del lado B noventero que, con los años, resulta más fresco y sigue sonando innovador.

¿Un grupo como Silvania pudo darse en Perú? Muy difícil. La tecnología para la experimentación sonora era inaccesible y hay muchos proyectos que no pudieron grabar. Salón Dadá, un grupo que ya se podría categorizar como post rock, tuvo algunas dificultades para incorporar efectos a sus guitarras y solo tienen algunas grabaciones de ensayos y conciertos.

Más aún, la música electrónica había llegado tarde y su desarrollo era más restringido. Recién en 1991 se realizó el primer concierto de electrónica subterránea, denominado Síntomas del Techno. Pero si tener una guitarra eléctrica era difícil, conseguir un sintetizador o una caja de ritmos era una fantasía. El sonido de las bandas que participaron en ese concierto, como Círculo Interior, Ensamble, Cuerpos del Deseo o Reacción ya no era algo tan novedoso para 1991, cuando el acid house o el IDM o el new beat entraban con fuerza. Y ni hablar de la movida mainstream, donde Arena Hash o Rio eran lo más “novedoso”, en un claro contraste con lo que se hacía en Chile con el Corazones de Prisioneros o Soda Stereo que ya experimentaba en el más etéreo Dynamo. ¿Seguir en Perú limitaba la creatividad?

Posteriormente, el dúo formaría Ciëlo, brillante proyecto con el que hacían un electropop sofistifcado, glamoroso y más acorde al sonido del nuevo siglo. Lamentablemente, el 28 de setiembre del 2008, dos sujetos que había conocido y que llevó a su casa, golpearon, torturaron y asesinaron a Cocó. Tan solo un año antes, había regresado al Perú para dar un DJ set. Silvania y Cielo nunca tocaron en Perú.

Nada fue lo mismo para Mario Silvania, quien 2 años después regresó a Lima tras más de dos décadas de ausencia. Aunque fue renuente a volver a hacer música, finalmente Mario volvió a grabar nueva música bajo el nombre de Silvania y a producir proyectos peruanos como Blue Velvet y Laikamori. Afortunadamente, los asesinos están tras las rejas. Aunque en muchos ámbitos su legado es poco conocido, hay que reiterar que el trabajo de Cocó Cielo ha dejado una importante huella en la escena musical alternativa y sigue inspirando, aun cuando los medios oficiales todavía no le den el reconocimiento que merece.

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