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Una publicación de la asociación SER

Yo no soy color puerta

Señor Z vuelve a devolvernos, con humor, el racismo nuestro de cada día. Durante 36 segundos, nos mantiene alertas y a la expectativa del mensaje. Nos devela poco más de dos decenas de puertas y fachadas de casas, en una ciudad de casi 10 millones de habitantes. Nos recuerda que "las puertas son de todos los colores y nosotros también, #todosomoscolorpuerta". Rápidamente, y con sonrisas cómplices, empezaremos a expresar y compartir nuestro orgullo de ser color puerta, sin mirarnos y mucho menos enorgullecernos de nuestro color.

Porque nos hemos acostumbrado a ver puertas, ventanas, fachadas, a deslumbrarnos cada día más con las nuevas construcciones que le cambian la cara a esa "Lima la horrible". Y entre tantos colores, dejamos de vernos, dejamos de abrir las puertas y romper las barreras entre lo privado y lo público para enfrentar esa violencia que se encuentra tan fuera como adentro.

Crecí en un barrio de puertas abiertas, similares y despintadas, separadas una de la otra por no más de cinco metros, unidas por una pared pintada a dos tonos, un metro y algo más de un tono oscuro y de ahí hacia arriba de unos cuantos tonos más claros. Frente a esa fila de puertas similares, se alzaba su reflejo. Un pasaje de puertas, ventanas, colores similares -por no decir idénticos-, cuyas semejanzas daban paso a la más grande diversidad de rostros, pieles, colores, familias e historias, y no de madera o metal. Eran personas e historias reales, que por dentro de la fachada cargaban recuerdos de agresiones cotidianas, sutiles o no, y no por eso menos violentas; personas como las que hasta hoy son caricaturizadas y/o agredidas en los medios de comunicación, que comúnmente no salen en las noticias, salvo que sea por asaltos, muertes, o comercio y explotación sexual; personas  fuera del ámbito de grabación, cuyas puertas tampoco serán grabadas porque lucen despintadas.

De la familia y el barrio salí a la escuela, una donde se intentaban matizar (omitir) los colores, para no diferenciar y, en esa homogeneidad, no discriminar. En esa misma homogeneidad (no discriminadora y apolítica) es en la que nos basamos para elaborar discursos sobre la igualdad otorgada, privilegiada, esa en la que el problema no existe, porque no se ve cuál es su causal; esa que hace que todas las puertas sean puertas, sin distinguir los colores.

En la universidad, en la “Decana de América”, las puertas de los baños han perdido su color y se han cargado de tinta y corrector líquido. San Marcos, “consciente y combativa”, luce las puertas progenitoras de las redes sociales, donde, con menos de 140 caracteres, los estudiantes contamos con salas privadas y anónimas de chat, para denunciar corrupciones, preocupaciones e intereses sexuales o académicos, así como toda la discriminación que llevamos dentro; toda esa que aprendemos a sortear con humor, pero sin confrontación. Esa que pinta de color –rojo- nuestras fachadas.

En los últimos años, Señor Z se ha posicionado como una de las productoras nacionales más reconocidas, y dedica sus esfuerzos, principalmente, a los productos publicitarios, por lo que no cabe duda de que vendiendo productos hace un muy buen trabajo. Más aún cuando nos devuelve, en cada tanda comercial, esa discriminación nuestra de cada día. En el 2010, ella nos hizo sonreír con la violencia psicológica que un padre aplicaba a su hijo, en “El Golazo”, y para el 2011 preparó el “Encuentro de los expertos en deseo”. Comprando los deseos y los intereses de las personas, la misma productora, que fue premiada, el 2013, con un estereotipado y estereotipador “Jueves de Pavita”,  este año tiene una serie de personajes que solucionan su vida asistiendo a una cadena para el hogar, encontrando soluciones y satisfacciones para la “Bipolar”.  Esta misma productora es la que hoy nos propone la tendencia “#todosomoscolorpuerta”, que busca reacciones y respuestas de quienes, a nombre personal y virtual, derramen, en un máximo de 140 caracteres y sin sutileza, el racismo y clasismo nuestro de cada día.

Hoy, #todosomoscolorpuerta intenta abrirse tendencia al mejor estilo de la publicitada #todosomosmacacos, pero no somos macacos ni del color de una puerta. El racismo, el sexismo o la discriminación no son tendencias virtuales; son las distintas caras de una ideología las que controlan nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestras historias, las que legitiman a unxs, basándose en la deslegitimización de otrxs. Enfrentarla y resistirla nos debe movilizar a confrontarla, tanto puertas adentro, como afuera, y no desde los muros, desde nuestras fachadas.