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Una publicación de la asociación SER

Yo no conozco la “O”

 

“Las letras se van al diablo,
porque escribirlas no sé
pero yo cuando les hablo
todas se ponen de pie.”

 

Febrero es el mes de los carnavales en el Perú y el mundo católico, donde el orden se cuestiona y subvierte por unos días, dando paso al cuerpo sobre la mente, para luego recuperar la “normalidad”. Entre viandas, música, coplas, canciones y bailes, se entonan memorias de diferentes pueblos, pero una vez culminada la temporada, se vuelve al orden habitual, a las mismas culpas y desvaloraciones sobre los cuerpos, sus ritmicidades y oralidades.

Antecediendo a febrero, el pasado jueves 29 de enero, fue presentado el libro Yapatera: Afirmación afroperuana, educación inicial y horizonte posible, de Eduardo León Zamora. Se trata de un estudio que dialoga con diversos personajes sobre las experiencias educativas formales y comunitarias en el camino de la etno-educación, en la comunidad afrodescendiente de Yapatera. A lo largo de sus páginas, se encuentran diferentes voces, que recogen las concepciones de niños, niñas, adolescentes, adultos, adultas y docentes, alrededor de la escuela y la comunidad, y dialogan entre la apropiación y reinvención de la población afroyapaterana y los aprendizajes a desarrollarse dentro de las aulas del jardín infantil.

Pero este estudio, situado en una comunidad rural del norte peruano, nos permite viajar por las diferentes experiencias de escuela en el Perú, nos permite situarnos ante el concepto de la etno-educación y el aprendizaje transformacional, la del aprendizaje compartido y experimentado, sensorial, emotivo, asimilado, transformado y transformador; nos acerca y cuestiona el rol de las comunidades en el proceso de educación de aprendizajes y educación social, cultural, ciudadana, que trasciende el concepto de una educación pre-ciudadana, en la que se infantiliza la capacidad de acción y articulación social de niños y niñas, al privarla de instrumentos cognitivos, y donde el aprendizaje de la “cultura” y lo “cultural” nacional se desprende de la folklorización a través del baile y la música o la comida.

En las páginas de este trabajo, las voces de docentes, niños y niñas retumban en otras voces, con otras entonaciones, que viajan de norte a sur, donde niños y niñas, también afrodescendientes, asisten a escuelas, donde las lógicas, estéticas y la homogeneidad de saberes se imponen ante sus reconocimientos y habilidades corporales; donde prejuiciosamente se busca invisibilizar las diferencias en la piel, el pelo, los ojos o labios, tal vez bajo la lógica educativa de la unanimidad de la respuesta correcta; el reconocer estas diferencias carga de culpas impuestas.

La experiencia narrada desde Yapatera nos coloca ante un proceso largo, individual y colectivo que empieza recordando, re-entonando cumananas y décimas, y va desafiando los propios prejuicios, cuestionando sus autonombramientos y las formas en que se cargan de significados compartidos, que permitan la reinvención y el ennegrecimiento de un pueblo que va transitando del mestizaje y el ‘amorenamiento’ impuesto hacia la autoidentificación, como pueblo diaspórico, afrodescendiente, en el norte peruano.

Desde Yapatera se van reconstruyendo las historias y memorias de los diferentes pueblos afroperuanos, en la complejidad de articular las aulas a la comunidad y viceversa, con el coraje de pobladores y pobladoras empeñadas en poner el cuerpo, la mente y los sentimientos que mantengan y recarguen de significados las identidades yapateranas, empinando las letras de un pueblo guiado por ancestros que no necesitaron conocer la “O” para entonar y desafiar las prácticas educativas en las aulas con cumamanas afroyapateranas.