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Una publicación de la asociación SER

¿Ya no hay vuelta atrás?

La penetración de las actividades ilícitas del narcotráfico en la política peruana parece ya ser evidente. Las últimas declaraciones de Jaime Antezana acerca de las ya identificadas (por él) narco candidaturas muestran una realidad parecida a la que se vive en algunas localidades de México (Ciudad Juárez, Michoacán, entre otras), donde el poder político local está subordinado a los designios de los grandes narcotraficantes y donde, a su vez, este se enfrenta, con sus propios recursos y aparatos, al poder político central sacándole la vuelta al Estado de Derecho.

Sí, en el Perú existen indicios  que tal fenómeno ya está sucediendo en nuestro país. Y estos abarcan desde el financiamiento de campañas partidarias de alcaldes distritales hasta los ya conocidos ‘narcoindultos’ del presidente García, los mismos que, bajo la fachada de una muy buena causa (descongestión del sistema penitenciario hacinado que suele violar los derechos humanos) podrían también responder a favores previamente concertados por dinero de dudosa procedencia. 

El dinero proveniente de actividades ilícitas corrompe el Estado de Derecho. Además, debilita aún más la frágil institucionalidad peruana, haciendo de los recursos estatales un medio para satisfacer intereses personales. Esta situación pervierte la finalidad de cualquier forma de gobierno republicano en el cual el bienestar común es el objetivo primordial de la asociación política. Aunque, claro, podría darse el caso de un narco Estado con un fuerte contenido social como estrategia para legitimarse, pero no sería sostenible a través del tiempo, ni tendría muchos de los principios democráticos, ni sería legal frente a la comunidad internacional y mucho menos ético.

¿Qué se necesita? Pues, entre otras cosas, 1) reforzar las capacidades de fiscalización del Estado en los procesos electorales, 2) legislación más dura contra funcionarios públicos con alguna relación con el narcotráfico, 3) independizar el poder judicial de cualquier tipo de influencia política, 4) revisar la estrategia peruana contra las drogas. Pero nada de esto podría lograrse si es que no existe voluntad política para llevar a cabo estas iniciativas. Y si no existe voluntad política es porque hay intereses particulares que buscan que las cosas se mantengan igual en nuestro país. Por cierto, García mencionó algo en Twitter sobre Humala y cupos a ‘narcoaviones’. ¿Será que el narcotráfico mantiene sus relaciones con las esferas más altas de la política? ¿Será que ya no hay vuelta atrás?