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Una publicación de la asociación SER

Y vi espinas, y vi rosas

Alberto Vergara no pudo elegir un epígrafe más acorde con su libro “Ciudadanos sin República” que este verso de Rubén Blades, en la canción “Maestra Vida”. Un libro que recopila una serie de ensayos publicados en distintos medios durante los últimos años, retratando desde el título una interpretación polémica y arriesgada. El ensayo que sirve de introducción es uno de los textos que ilustra esta condición, por lo que se ha convertido en el centro de debate en las críticas e intercambios durante las últimas semanas.

La tensión peruana, sostiene Vergara, se encuentra en el éxito de la promesa neoliberal y el fracaso de la promesa republicana. Afirmación compleja en una esfera pública plagada de simplismos y reducciones convenientes, la cual, dependiendo de su orientación, centra el debate de estos temas solo en las espinas (desigualdad) o en las rosas (crecimiento). Entre “El Perú Avanza” y “El neoliberalismo mata” tenemos un punto intermedio, producto complejo y tenso de los efectos del proyecto neoliberal sobre la sociedad. Una lectura desapasionada nos deja claro que para el autor ese ‘éxito’ no es la cumbre del desarrollo, sino de una promesa que ofrecía mercados desregulados, crecimiento económico e impulso empresarial; no más democracia ni mucho menos igualdad.

En ese sentido, Piero Ghezzi y José Gallardo en su libro “Qué se puede hacer con el Perú” nos dan más luces de este componente. Una lectura económica crítica de nuestro optimismo donde se recuerda, una vez más, que crecimiento no es lo mismo que desarrollo. El análisis en detalle de los componentes de nuestro ‘modelo exitoso’ nos muestra un panorama heterogéneo en términos de productividad y capacidades. Cuadro extraordinario en términos macro, pero más modesto en algunos sectores que en otros. ¿Por qué? Por los efectos inesperados o no deseados del modelo económico, señalan, que no pueden ser completamente corregidos por la ineficiencia de las políticas desarrolladas por la burocracia; a su vez afectadas por la debilidad del Estado y la carencia de organizaciones políticas.

Como ya sabíamos, construir instituciones es importante para aprovechar el crecimiento. ¿Cómo? El libro plantea una serie de conclusiones que merecen ser leídas y debatidas. Aquí quiero centrarme en una de sus recomendaciones para desarrollar otros sectores que, como señala Vergara, se han quedado atrás como Educación o Salud (e incluso Interior). La solución pasaría, en buena cuenta, por la creación de ‘buenas burocracias’ (técnicas con herramientas económicas). Pero una lectura de ambos libros nos propone que estos sectores han corrido esta suerte, en buena cuenta, porque no hay grupos de interés que embanderen su desarrollo. Los sectores que podrían hacer algo son usuarios de estos servicios por medio del sector privado. ¿Qué se puede hacer, entonces? ¿Quién va a comerse el pleito? ¿Qué harían los otros grupos interesados  afectados por una medida como esa? Son preguntas que vale la pena hacerse luego de la lectura.

Del mismo modo, creo que la ciudadanía sin república, esto de que hoy quizás tenemos más pobres pero también más ciudadanos, también ha sido tomada con alguna simpleza. Vergara está lejos de plantear que tenemos “más clase media”, y por ahí también es importante para un debate reciente en el que Carlos Meléndez ha planteado importantes contribuciones. Pero quisiera dejar esta reflexión para otro momento por ahora. No quisiera terminar de pincelar estas reflexiones sin antes señalar su origen: la impotencia de observar cada vez más lecturas viscerales y sordas en los debates de estos temas. Está claro que el diálogo y la crítica son imprescindibles dentro de estos menesteres, pero reducir propuestas o hallazgos complejos y evaluarlos en función de solo uno de sus componentes no ayuda a esta tarea y parece dar cuenta de que ver las espinas y las rosas como parte de un todo sigue siendo un ejercicio difícil.