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Una publicación de la asociación SER

Y tú, ¿por qué marchas?

Y tú, ¿por qué marchas? ¿No crees que ya deberías madurar? ¿Sirve de algo caminar tantas cuadras e interrumplir el tránsito? ¿No crees que pierdes el tiempo y hasta te ves ridícula(o)? ¿Qué logras con eso? Son preguntas que por lo menos una vez, hemos escuchado todos(as) los que en alguna ocasión (o varias veces) participamos de una protesta social.

Y tú, ¿por qué marchas?

Marcho porque es mi derecho; porque tengo derecho a la libertad de expresión sobre cuestiones estatales y públicas, porque tengo derecho a la libertad de reunión pacífica y el derecho a ser protegido más no violentado ni reprimido por las autoridades del orden. Marcho porque al Estado se le olvida que debe trabajar por el pueblo y para el pueblo; porque se le olvida que debe proteger y garantizar el derecho de las minorías. Marcho porque soy parte del pueblo, y porque el poder de cambiar las cosas está en el pueblo; porque el pueblo consciente, organizado y combativo puede, a una sola voz, detener las injusticias y sanar las heridas del olvido.

¿No crees que ya deberías madurar?

Madurar es analizar el entorno social y político desde un punto de vista imparcial y justo. Madurar es dejar de pensar en mi zona de confort y aprender a afrontar y dar soluciones ante situaciones que afecten la realidad de mi país. Madurar es conocer mis derechos y deberes, prácticarlos y defenderlos. Madurar es crear una sociedad democrática. Madurar es reivindicar; madurar es luchar, y seguir luchando siempre.

¿Sirve de algo?

El 20 de junio de 1917, después de varios meses de protesta, en la ciudad de Washington, miles de mujeres rodearon la Casa Blanca, 200 de ellas fueron detenidas; siendo el resultado final, el derecho al voto femenino en EEUU. Luego, en el año 1930, Mahatma Gandhi comenzó una caminata de 390 km, más conocida como la Marcha de la Sal, para protestar contra el Imperio británico; miles de jóvenes se unieron a la protesta; varios años después, India obtuvo finalmente su independencia. Ya en Perú, en el año 2000, se llevó a cabo la Marcha de los Cuatro Suyos contra la corrupción y tercera elección consecutiva de Fujimori como presidente de la República; el resultado fue victorioso. Y hace unos días, también en Perú, después de algunos meses de protesta, golpes y represión policial, miles de jóevenes, adultos y padres de familia, logramos la derogación de una ley que violaba los derechos constitucionales.

¿Sirven de algo las marchas?

Claro que sí. Las marchas sirven para demostrar que tenemos voz y que tenemos derecho a usarla, y que con ésta voz no permitiremos más violaciones a nuestros derechos. Sirve para demostrar que una voz unida y organizada es más potente que cualquier arma de represión. Sirve para reivindicar al pueblo y hacerles recordar al Estado que fueron elegidos por nosotros. Sirven para despojarnos del miedo, de la angustia y de los prejuicios. Y sirven para dejar un lugar mejor a las nuevas generaciones.

La libertad de reunión es un derecho individual, pero su ejercicio solo puede realizarse colectivamente; lo mismo sucede en la práctica, una protesta con resultados positivos y de mayor rapidez, sólo se logra con la unión de todo el pueblo. Necesitamos un país con educación, que conozca cuáles son sus derechos y deberes; necesitamos que los peruanos luchen y levante su voz. No necesitamos quejas frente a un ordenador o televisor, no necesitamos brazos cruzados, y no necesitamos más preguntas innecesarias.