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Una publicación de la asociación SER
Abogada, secretaria ejecutiva adjunta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos

Y que no se cierre la esperanza

Ollanta, como candidato, se comprometió. Tuvo que llegar casi al fin de su mandato y, cuando ya había reculado de manera vergonzante al incumplir su compromiso de presentar el proyecto de Ley, no le quedó otra opción. Su gobierno tuvo que aprobar la Ley de Búsqueda de Personas Desaparecidas presentada por la Defensoría del Pueblo con apoyo de las asociaciones de víctimas.

Cuando el Congreso aprobó la norma el 26 de mayo de este año, se vivió un momento de regocijo; después de tanta espera, en algunos casos casi 36 años, se daba el primer paso hacia una política pública de que permitiera a los familiares de las víctimas encontrar a sus seres queridos. Sin embargo, con el pasar de los días, esta sensación poco a poco se fue perdiendo y surgió el desasosiego. No se sabía el porqué de la demora en promulgar la autógrafa que ya estaba en el Ejecutivo. Humala, haciendo gala de su transparencia y celeridad en cuanto a gestión pública se refiere, no decía nada.

Empezaron los rumores, que parece tuvieron mucho de cierto. Y las suposiciones sobre los obstáculos crecían. Pasados más de 20 días la prensa publicó que previamente el MEF había señalado que no tenía ninguna observación respecto a este proyecto de ley. Si no la observó en ese momento, hubiese sido un contrasentido que, en espera de su promulgación, presentara observaciones a la norma. Y la campaña en las redes aumentó, la demanda de promulgación fue potente. Y, pese a que había interés en bloquearla, no hubo forma de que el Ejecutivo la observara. Casi llegando al plazo final, al Presidente saliente no le quedó otra que firmar la Ley de Búsqueda de Personas Desaparecidas durante el periodo de violencia de 1980 – 2000. Así que, después de que Keiko perdió las elecciones, nuevamente despertamos con una buena noticia.

Hoy por la tarde se realizó una emotiva vigilia en la Plaza de la Democracia.  Ese mismo lugar donde, producto de la tiranía fujimorista, murieron trabajadores durante la Marcha de los Cuatro Suyos, se llenó de fotografías de muchas personas, imágenes que representan a más de 15 mil peruanos y peruanas que ya no están, pero a quienes el país entero ahora se ha obligado a buscar. Una plaza donde se colocaron velas rindiéndoles homenaje, un espacio colmado de familiares con la emoción a flor de piel de saber que no se ha cerrado la puerta y pueden continuar el camino para encontrar a sus familiares.

Y aunque saben que el camino aún es arduo y difícil, no se rinden, porque ya han enfrentado tanto, demasiados años buscando a sus familiares, miles de puertas cerrándose en sus caras, innumerables respuestas negativas de burócratas mediocres que nunca intentaron siquiera hacer el mínimo esfuerzo para encontrar la verdad. Todo esto lo conocen bien. Pero también saben que el camino no se ha cerrado y que deberán seguir buscando e insistiendo, y que persiste la esperanza de saber qué pasó con quienes ya no están.

Esta Ley de Búsqueda es producto de mucho esfuerzo, de tanto amor y lágrimas de aquellas personas que nunca se rindieron y siguieron buscando, de Mamá Angélica y Mamá Adelina y de miles mujeres valientes ayacuchanas que a pesar del dolor se organizaron y nunca se dejaron vencer, de tantas y tantos familiares de Huancavelica, de Cusco, de Apurímac, de Junín, de Huánuco, de todo un país desangrado por la violencia insana que sufrimos todos esos años, de Gisela, de Raida, de Carmen, de Carito, de Cronwell, de Carmen Rosa, de Mary, de Doris, de Tania y de aquellas peruanas y peruanos que nos enseñaron tanto y que nos dieron al país entero una lección de dignidad, porque esta lucha no es solo de ellas y ellos, es la de un país entero. A todas ellas y ellos, gracias por sembrar a pulso la esperanza en nuestro país.