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Una publicación de la asociación SER

¿Y los espacios para la vida comunitaria?

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Patty Cristyna Panta Ubillus. Egresada de la carrera de arquitectura, integrante de Udeal y cofundadora de la Colectiva Urbanas.

La urgencia de lugares habitables para las actividades fundamentales de los pueblos en crisis

El panorama actual de nuestras ciudades en medio de la pandemia nos muestra escenarios de crisis por las desigualdades y la pobreza. Frente a ello, nace la necesidad de cuestionar la injusticia en la distribución de infraestructura, bienes y servicios que asigna la ciudad neoliberal; y surge la acción colectiva de grupos organizados que luchan por una vida mejor.

Los barrios pobres no gozan de viviendas dignas, y muchos de los espacios asignados para la realización de actividades comunitarias fundamentales, como la preparación de alimentos, no cuentan con los servicios indispensables, sin embargo, estos lugares -a pesar de las deficiencias físicas- tienen un rol vital en medio de la crisis por el covid-19.

Organización comunitaria para enfrentar la crisis

En el marco de la pandemia emergió la organización de los pueblos para enfrentar el hambre y otros problemas preexistentes en los sectores de pobreza y extrema pobreza. Es el caso de las mujeres en los distritos de Villa María del Triunfo, Ate y el Agustino que se vienen organizando para buscar donativos, cocinar alimentos y repartirlos entre los vecinos más vulnerables.

No hay un mapeo exacto de las ollas comunes, sin embargo, esta práctica de organización colectiva se viene ejecutando en varios sectores periféricos olvidados por los gobiernos. Y, si bien, el apoyo y la atención del Estado llega de forma tardía e incompleta, se comete el error de presentarlo como un acto “heroico”, y no como el cumplimiento de sus obligaciones con la población más vulnerable.

Es evidente que cuando existen necesidades urgentes que atender y no hay economía suficiente para sostener una familia, la organización de la comunidad es la estrategia para salir adelante ante la crisis. Nuestros pueblos no tienen tiempo para esperar, más bien, se organizan y canalizan el accionar colectivo, porque alimentar a sus familias es urgente.

La organización implica gestionar los pocos recursos con los que se cuenta para solventar las acciones que urgen. La activación de los comedores populares y ollas comunes en espacios improvisados, ha sido fundamental para la sobrevivencia de muchas comunidades. Además de garantizar los insumos para la preparación de los desayunos, almuerzos y cenas, la organización ha tenido que buscar también los medios para conseguir las herramientas de protección y cumplir mínimamente los protocolos de seguridad para quienes asumen estas funciones.

En este compromiso de organización comunitaria es indiscutible la participación mayoritaria de las mujeres, quienes justamente son las que asumen el arduo trabajo de garantizar la preparación y repartición de alimentos para las niñas, niños, jóvenes y adultos de estos sectores vulnerables. Pero también se da la participación de hombres que, al igual que las mujeres, también se arriesgan, exponiéndose al contagio en la tarea colectiva, incluso hasta llegar a perder la vida.

Obligatoriedad de los espacios comunitarios

A lo largo de los años el equipamiento comunitario no ha sido una prioridad para los gobiernos locales. Por ello, la mayoría de distritos carece de espacios de calidad para la vida comunitaria.

El equipamiento destinado a las actividades comunitarias fundamentales, carece de mínimas condiciones de habitabilidad para el uso óptimo. El déficit y las deficiencias son característicos en los barrios de bajos recursos. López y Martínez (2009), señalan que “estas deficiencias abarcan tres aspectos importantes: falta de promoción del suelo para servicios comunitarios, prestación por parte de particulares de servicios esenciales de responsabilidad del Estado, e insuficiente inversión en la construcción de infraestructura dotacional”.

Todos los asentamientos, asociaciones, agrupaciones necesitan lugares para la interacción de la comunidad. ¿Dónde está el presupuesto asignado para tal fin? Hoy, cuando la acción colectiva urge, se acondicionan lugares con paredes y techos precarios, en algunos casos se  improvisan en espacios abiertos como: escaleras, calles, parques o lotes vacíos. Por ello, debería ser una obligación del Estado implementar mecanismos para el mejoramiento de los espacios comunitarios.

Es innegable que la prioridad es aliviar el hambre y cuidar la salud de la comunidad, pero garantizar la alimentación de las familias, también implica asegurar espacios suficientemente salubres y equipados para cumplir con la tarea. Además, estos espacios frente al escenario del covid-19, deben de contar con lo necesario para evitar el contagio y la propagación del virus entre los vecinos.

En una conversación con Gonzalo Quispe, miembro de UDEAL y dirigente de la comunidad Nuevo Amanecer ubicada en Cajamarquilla, señala que el Centro Comunal Nuevo Amanecer ha sido construido con el esfuerzo y la articulación de varios actores: los vecinos, la academia y otros organismos que apoyaron el proceso, lo que dio como resultado, un equipamiento flexible para las diversas necesidades que la comunidad requiere. Y además, ha contribuido a mejorar el funcionamiento del barrio. Este centro viene cumpliendo hoy un rol fundamental en la pandemia pues se ha puesto a disposición de las ollas comunes.

Transformar los espacios comunitarios, es político

Transformar para mejorar se ha convertido en una necesidad. Por ello, cuestionar, organizar y actuar es sustancial. El ejercicio de la ciudadanía y la participación activa de la población juega un papel importante para mejorar los barrios y lograr la construcción de espacios de calidad, siendo necesario el trabajo articulado entre la gente y las autoridades.  

Finalmente, queda como desafío que los gobiernos locales implementen políticas que prioricen la construcción y mejoramiento del equipamiento que la comunidad requiere para cumplir con tareas de cuidado colectivo como es la alimentación de las familias a través de las ollas comunes. Definitivamente requerimos transformar nuestros espacios para la vida comunitaria y para ello se necesita erradicar las políticas que no estén al servicio de los intereses de las comunidades.

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Esta semana la columna de Comadres cuenta con la colaboración especial de Patty Panta. Plataforma Comadres es un espacio que busca posicionar el trabajo de mujeres jóvenes en el análisis de la política nacional e internacional.