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Una publicación de la asociación SER

Voto crítico, y mea culpa

Cada vez más, votar por el mal menor, se va haciendo costumbre en el Perú. Voy a cumplir 33 años, y desde la primera vez que voté sea para presidente o alcalde, siempre tuve que elegir el mal menor; muchas personas votarán por primera vez en una segunda vuelta, y no me parece justo que también tengan que pasar por lo mismo que le tocó a mi generación.

No sólo Keiko Fujimori es la pelona que no ha cambiado; tampoco hemos cambiado nosotros. Seguimos viviendo y creando injusticias nosotros mismos, todos los días y todo el día, en nuestros hogares, en nuestro barrio, centro laboral, centro educativo, en el micro, en el Metropolitano, al caminar, al juzgar, al no dejar opinar, al discriminar y odiar lo diferente, al negar y resentir nuestra raza y cultura, al no saber educar, y al no saber realmente lo que significa amar a nuestro país. La culpa no es sólo de nuestros gobernantes; la culpa es nuestra.

La culpa no es de la señora Keiko Fujimori; la culpa es nuestra por anteponer nuestras necesidades personales frente al bien común, por no tener dignidad, ni memoria. La culpa es nuestra por no habernos preocupado tantos años por el sector más vulnerable del país, ese sector que es aprovechado por los populistas, y ese sector que define quién ganará las elecciones. Cuántos años han pasado y no hemos hecho algo por cambiar la realidad del país; ¿cuándo nos hemos preocupado por ese sector? Sólo nos quejamos frente a una pantalla sobre la realidad del país, y criticamos a los pocos que se animan hacer algo; nos quejamos y culpamos a todos menos a nosotros. Y la culpa sólo es nuestra.

Muchas personas llaman “tontos” y otros calificativos dolientes a las personas que eligieron y eligen, nuevamente, votar por Keiko Fujimori; pero más tontos somos nosotros, y es que nos cuenta tanto educar, nos cuesta compartir y colaborar, y cómo nos cuesta crear una cultura democrática y de respeto. Es una hipocresía salir a las calles a luchar contra la dictadura, cuando nos sabemos respetar las opiniones diferentes; porque si alguien discrepa con nosotros, está equivocado: el ego regañando al ego.

Ayer, la marcha “Keiko no va”, me generó muchos sentimientos que hasta hoy siguen en conflicto. Lo único positivo que rescato es el mar de gente con el corazón lleno de esperanza de vencer los fantasmas del pasado; y que los asistentes no hayan cedido a provocaciones que aparecían a cada paso, incluso de los policías. Pero es lo único. La marcha fue el claro ejemplo de lo que es el Perú: gente de una raza y cultura tan rica que no sabe aprovecharla; gente que no sabe respetar a las mujeres (el mensaje es: “si caminas con minifalda, atente a las consecuencias”), ni a las personas diferentes; gente que reclama contra la minería informal y por el cuidado de nuestra Selva, mientras arroja papeles y desperdicios de comida a la calle; representantes de las fuerzas del orden que sólo saben faltar el respeto, provocar a los manifestantes, y mandarte besos indignantes si pasa muy cerquita; es el país de las divisiones, el país que no sabe generar unión, o que se une un día y al día siguiente es lo mismo. He ido a marchas desde los 17 años, y siempre me he preguntado por qué es tan necesario el desfile de banderas de partidos políticos y/o colectivos, ¿no se supone que sólo somos simple peruanos(as) luchando por un mismo fin, y con una sola bandera, la bicolor?

Al final se avivó más un dolor recurrente que siempre me aqueja, creí podíamos cambiar las cosas; o tal vez sí se pueda, ya no lo sé. Pero algo debemos tener claro, que gane quien gane, ya no podemos seguir de brazos cruzados, ¡jamás!, no podemos esperar que sólo los políticos cambien la situación, no podemos esperar que llegue el mesías que salve el Perú; debemos hacerlo nosotros. Por favor.

Tal vez ya no podemos hacer más para evitar el posible daño que se avecina este domingo, pero podemos empezar de nuevo y construir, unidos(as), un país más consiente que no permita repetir este vergonzoso capítulo en nuestra historia en el 2021. Y prometamos que este será el último voto crítico; votemos por PPK.