Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Voltear el partido

Según la encuesta de Ipsos del domingo pasado (29 de mayo), 43% de los encuestados definitivamente no votaría por Keiko Fujimori y 40% definitivamente no votaría por  Pedro Pablo Kuckyznski. Quienes definitivamente sí votarán por Fujimori son 37% y quienes definitivamente lo harán por PPK llegan al 30%. Es decir, Fujimori tiene tanto un voto duro como un antivoto más altos que los de PPK. La gran pregunta es si los sucesos de las últimas dos semanas voltearán el partido a favor de Kuckynski.

Es muy difícil hacer un pronóstico. La ventaja de 53,1% frente a 46,9% que da la encuesta mencionada es bastante amplia. Pero sabemos que hace 5 años Fujimori aventajaba a Humala a una semana de las elecciones y terminó perdiendo frente a Humala. A diferencia de este último, quien realizó una campaña frenética y de corte popular, PPK ha hecho una campaña muy mala y de escaso vértigo.

Esto último ha cambiado en la recta final, felizmente. Si bien el último debate fue parejo en el trámite, PPK ganó con el gol de último minuto: "tú no has cambiado pelona, sigues siendo la misma". Fue un gran cierre, ya que le replicó con la misma expresión que usó la candidata la semana anterior, pero con una variante que dio en el clavo del problema medular fujimorista: que no hay cambios significativos respecto del régimen autoritario, corrupto, tramposo y vinculado al crimen organizado de los años noventa.

Mi generación entró en la vida política cuando éramos estudiantes universitarios y veíamos con indignación la putrefacción del régimen fujimorista y sus maniobras antidemocráticas para aferrarse al poder. Salimos a marchar muchísimas veces, incluyendo la famosa marcha de los Cuatro Suyos  y vaya que costó sacar al fujimorismo: a las marchas estudiantiles se sumaron las acciones de políticos profesionales, movimientos regionales, periodistas comprometidos y organismos internacionales, entre otros. Pero la estocada final vino cuando se hizo evidente, en video y por señal abierta, la corrupción del régimen.

Hoy estamos ante una situación similar, aunque en menor escala. Lo que vemos es solo un preámbulo, un adelanto de lo que puede venir. El fujimorismo, envalentonado por las encuestas y la debilidad de su oponente, ha dado muestras de lo que hay detrás de su careta de moderación y valores democráticos. Sus pactos con pastores homofóbicos, mineros ilegales destructivos y mafias de transporte; la constatación de que el Secretario General y principal financista es un nuevo rico investigado por lavado de activos; las evidencias de que el principal vocero y candidato a vicepresidente está involucrado en un escándalo de audios falsos para tapar lo anterior; y un largo etcétera reciente, son solo una muestra, un sneak peek del modus operandi de esta organización.

La reacción ciudadana no se ha hecho esperar. Los ciudadanos informados se han movilizado contundentemente, como ha quedado claro con la masiva marcha contra Keiko Fujimori del 31 de mayo. De forma notable e inesperada, el principal grupo mediático del país ha tomado posición frente a lo evidente: El Comercio señaló en su editorial que las revelaciones dejan poco espacio para darle el beneficio de la duda a Fujimori y Semana Económica editorializó que haría bien el empresariado en repudiar la conducta de José Chlimper. Por su parte, la mayoría de grupos políticos relevantes han cerrado filas contra el fujimorismo. Hay que destacar el desprendimiento de Verónika Mendoza, quien a pesar de que fue insultada por PPK en la primera vuelta, expresó con claridad en un video que votará por este para cerrarle el paso al fujimorismo. El impacto del video ha sido brutal: 1.8 millones de reproducciones en solo dos días, el tipo de números que pueden lograr un efecto electoral decisivo.

El antifujimorismo genera un nivel de movilización que no es comparable con ninguna otra causa política en el país. A diferencia de las movilizaciones de respaldo a Fujimori, el antifujimorismo no depende de portátiles, caravanas de camionetas de procedencia dudosa ni entrega de víveres. El antifujimorismo es un genuino rechazo ciudadano a un proyecto vinculado con la corrupción y el crimen organizado, y que a lo largo de la historia ha desplegado un estilo tramposo, prepotente y corrupto. No es una cuestión subjetiva ni menos de odios: abundan las pruebas históricas y también las actuales. Para el antifujimorismo solo hay una opción: voltear el partido. Y este domingo vamos a lograrlo.