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Una publicación de la asociación SER

Violencia sexual: Sobre denuncias y prejuicios

Hace unos días, la actriz norteamericana Alyssa Milano hizo público, a través de las redes sociales, que fue víctima de abuso sexual hace 30 años. Milano agregó que nunca se lo contó a sus padres, ni presentó una denuncia formal. Con esta revelación, Milano se enfrentó al presidente Donal Trump, quién para defender a su candidato a la Corte Suprema Brett Kavanaugh de las acusaciones de abuso sexual en su contra, señaló en un tweet que la denuncia en contra de Kavanaugh es poco creíble porque la víctima no denunció los hechos inmediatamente después de la violación.

Lamentablemente el argumento usado por Donald Trump para desacreditar a la víctima es un argumento común. Este tipo de argumentos se basan en una idea errada sobre el abuso sexual, que lo presenta como un hecho fácil de denunciar, y que las víctimas saben cómo y dónde hacerlo.  Además, se asume que si eres víctima debes tener una claridad absoluta y saber que lo que pasó fue abuso, o una violación, y estar, además urgida por un castigo penal al agresor.  Si no cumples con esto, pasas de víctima a sospechosa.

Esta idea sobre el abuso sexual, y las víctimas, no refleja todas, ni creo que a la mayoría de las víctimas de violencia sexual. Es difícil verse como víctima de un hecho de violencia tan grande.  Es difícil no responsabilizarse por haber confiado, haber aceptado una invitación, haber decidido ir sola, haberlo besado, haber tomado alcohol, por no haber escapado, por no resistir más, etc. Todos estos pensamientos hacen que muchas veces no se busque ayuda, ni se reporten los casos de violencia sexual inmediatamente, pero eso no hace que la violación no se haya dado.   Lamentablemente en nuestro país, y en muchos otros, no denunciar inmediatamente, que es una reacción normal, le quita fuerza al caso, lo convierte en débil.   Difícilmente se le cree a una mujer víctima de violencia física, así exista un vídeo probando la violencia, imaginemos lo que sucede en casos de violencia sexual reportados después de años.

Conociendo que la impunidad que existe, ¿por qué creemos, y seguimos sosteniendo que las víctimas de violencia sexual deben querer exponerse a una nueva situación de violencia? ¿en aras de qué? ¿por qué si no salen abiertamente a denunciar, o si los casos demoran años en salir a la luz, dejamos de creer en las víctimas y en quienes las apoyan? ¿de verdad creemos que el sistema de justicia peruano puede ofrecer un debido proceso a una mujer adulta que denuncie una violación sexual que ocurrió hace más de un año? Lamentablemente no, ya que sabemos, que en el sistema judicial, y en la sociedad peruana, las víctimas de violencia sexual son estigmatizadas.

Para lograr un sistema de justicia que garantice el debido proceso para víctimas y agresores, tenemos que trabajar en diferentes espacios; con la policía, los jueces y fiscales, en la escuela, y en la universidad. Este trabajo implica discusión en aulas, pero también establecer sistemas efectivos de atención de los casos que protejan a las víctimas.   Denuncias como las de violación sexual en contra de un docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú no son fáciles de resolver, porque entre otras cosas las universidades no imparten justicia ni penas de cárcel. Sin embargo, hay que resaltar el papel transformador que pueden cumplir procesos de investigación y sanción aplicados desde las universidades a miembros de su comunidad. La universidad puede ser un espacio que demuestre que se puede, y se debe, cambiar el imaginario que tenemos de la violación sexual, la víctima, y el victimario.  También puede contribuir a transformar qué se considera una prueba y cómo se deben llevar los procesos.  En un contexto como el peruano, donde existe tanta impunidad en casos de violencia sexual, las universidades pueden constituirse como un espacio seguro para las víctimas.  Dentro de sus competencias, y reconociendo las debilidades del sistema de justicia, las universidades pueden investigar casos sin que sea necesario que estos cuenten con una denuncia policial, o judicial.   Las universidades deben asumir su responsabilidad e institucionalizar procedimientos de denuncia de violencia de género. Es una tarea difícil, porque hay que ganarse la confianza de las alumnas, y  demostrar que se pueden hacer las cosas de manera diferente,  garantizando cierto tipo de justicia, aunque sea simbólica, a las víctimas. 

Las universidades deben trabajar con la comunidad universitaria para que se deje de menospreciar a las alumnas, y verlas como engañadas o llenas de un odio sin razón cuando denuncian un caso de violencia de género perpetrado por algún miembro de la comunidad universitaria. Se debe de dejar de condenar la indignación de las estudiantes y asumir que hay razones para esa indignación. Eso no implica estar de acuerdo en todo con ellas, eso también es menospreciarlas, pero se les debe tomar en serio.

Si es difícil asumir que un profesor universitario, una persona amiga, o un conocido sea acusado de violación, antes de saltar a condenar a los que lo acusan, debemos reflexionar qué nos lleva a pensar qué la denuncia es poco creíble, y si esta forma de pensar no se basa en nuestros prejuicios, sobre víctimas y victimarios.  Que la persona acusada sea una persona amiga no la hace inocente.  Podemos ofrecer apoyo y cariño a nuestros amigos sin ningunear a la víctima.

Desde la comunidad universitaria no se debe hacer espíritu de cuerpo y desacreditar procesos con frases como “ahora, sólo la palabra de una supuesta víctima basta para destruir la vida de una persona”, sobre todo, si no estamos seguros de cuáles son los procesos que se están siguiendo, y menos si sólo queremos escuchar la versión del acusado, que tiene todo el derecho de defenderse con su versión, pero esa es una versión.  Las mujeres no estamos locas, ni vamos a usar la violación sexual para destruir carreras.  Vamos a trabajar para que se establezcan procedimientos claros en las universidades, porque la mejor manera de proteger a las víctimas es contar con procesos transparentes y rigurosos.