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Una publicación de la asociación SER

Una semana trágica para Trump y para Washington

Doroteo Arango

La ineficacia y pérdida de influencia de EEUU sobre el hemisferio son la causa inicial del descalabro de Washington. Pero además, observamos una confluencia de varios hechos - ajenos a una pandemia que de por sí ya causó 100,000 muertos en EE. UU -, que ocurren a pocos meses del proceso electoral en ese país y configuran el patrón histórico de injerencia, imposición e intervención en asuntos domésticos de este país, con la novedad de que este carece totalmente del mínimo pensamiento estratégico.  

Por un lado, la pérdida de legitimidad de la OEA es una muestra del debilitamiento del sistema multilateral y la cooperación internacional a escala regional y global. Y luego, están los efectos de la pugna comercial con China que indican que EEUU ya no es el mayor socio comercial (14% de exportaciones) sino el ASEAN (16% de exportaciones chinas), lo que viene acompañado de la mayor presencia político comercial de China y Rusia.

En este escenario, cabe mencionar los siguientes hechos:

● El reinicio de la fumigación aérea de cultivos. A pesar de sus consecuencias y la oposición generalizada, a partir del establecimiento de una agenda bilateral acordada el 5 de marzo 2020, este intento representa la reanudación de una política ejecutada hasta el 2015 durante 21 años, con 1.8 millones de has. erradicadas y reemplazadas, profundo daño ambiental, desplazamiento forzoso y poco efecto para reducir el narcotráfico de los Andes, incluso con medidas de reanudación de cultivo por parte de productores.

● Despliegue de equipos especializados, como la Primera Brigada de Asistencia de la Fuerza de Seguridad de EEUU asentada en Fort Branning, Georgia, desde 2017 y anteriormente desplegada en Afganistán. Ello forma  parte del acuerdo suscrito con el Presidente Iván Duque, denominado “Operaciones Antinarcóticos Mejoradas”, lo que implica la creciente militarización del Caribe y Pacífico Oriental.

● Acciones de espionaje militar en Colombia. Desde los “falsos positivos” a la fecha, demuestran la intención de penetrar e influir en agencias de seguridad en diversos países del hemisferio.

● La influencia en la política interna de Bolivia y la reafirmación de un Gobierno por lo menos influenciable. Ocho meses después de la abrupta salida de Evo Morales del poder, el New York Times da a conocer la falsedad de los datos y argumentos utilizados por la OEA para lanzar las acusaciones de fraude electoral, que fueron determinantes para la salida de Morales, dado el apoyo militar a los opositores.

● El intento fallido de penetración en territorio venezolano a través de empresas privadas de seguridad, como Silvercorp. A ello se agrega la permanente injerencia directa a través del “Grupo de Lima”, así como los indebidos e infructuosos reconocimientos al “autonombrado presidente” Juan Guaidó, la obstrucción a los esfuerzos de diálogo, amenazas, acusaciones, juicios políticos y procesos por parte del Procurador William Barr contra personajes venezolanos (y no así contra funcionarios hondureños, incluido el presidente Juan Orlando Hernández, con cargos de narcotráfico, a pesar de lo cual se sigue proporcionando ayuda a este país), todos los cuales forman parte de los escenarios de “guerra de baja intensidad” o preventivas, que se han aplicado anteriormente en otras partes del mundo y que siguen ejercitando desde países vecinos como Colombia, para asegurar el control geopolítico y apropiarse de recursos como el agua del Acuífero Guaraní en la Triple Frontera.

● Se produce un peligroso auge del unilateralismo, el aislacionismo y otras formas de autoritarismo en el plano doméstico y en las relaciones internacionales, alejándose del multilateralismo como principio rector. Así  lo demuestran las dificultades de Trump para convocar al G-7 y la negativa de Angela Merkel; así como el incremento de las sanciones impuestas a varios países de la región.

● El uso secreto e ilimitado de laboratorios de bioseguridad de posible uso militar, como ocurre en el Perú en el caso de NAMRU 6 que opera desde el hospital Naval del Callao y de Iquitos. Mientras la Amazonía y la población indígena peruana sufren las consecuencias del COVID 19, nos preguntamos ¿Cómo ha apoyado este Proyecto del Comando Sur a paliar sus consecuencias?

● El impacto del asesinato de George Floyd ocurrida en Minneapolis, reaviva históricas tensiones internas que provienen desde la Guerra de Secesión de 1860 y que hoy se reflejan en el trato del sistema criminal norteamericano a la población afroamericana. Las protestas ciudadanas en 50 ciudades contra políticas y comportamientos racistas y segregacionistas, seguidas de toques de queda y el uso abusivo de las fuerzas de seguridad, así como los intentos fallidos de militarizar las tensiones internas a partir del despliegue del Ejército lo que generó la oposición de varios altos jefes militares, reflejan la poca capacidad de Trump.

● La persistencia de políticas discriminatorias y xenófobas alimentadas desde la propia Casa Blanca contra migrantes, la construcción de centros de detención parecidos a campos de concentración, y las deportaciones y expulsiones forzosas incluso de personas contagiadas con COVID a Guatemala, Haití, El Salvador, Jamaica y México, con la consiguiente división de familias. Estas demuestran el impulso de la tensión racial que ha acompañado a la actual administración en un intento de conversión de la “guerra contra el terrorismo” del 2001 en una guerra contra el migrante y los afroamericanos.

Esta secuencia de hechos, aparentemente inconexos, muestran un presidente que cosecha lo que sembró desde su primer día en la Casa Blanca, comportándose como un matón, irresponsable, arrogante e inescrupuloso. Tal como están las cosas, es de esperar que estas tengan consecuencias sobre el electorado norteamericano que deberá acudir a las urnas en unos meses.