Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Una profecía sobre la regulación de medios

Siempre he sido uno de los más fervientes defensores de la libertad de expresión en todo sentido y circunstancia. Pero también reconozco que, en líneas generales, le he puesto límites a mi liberalismo en cuanto encuentra algunos vicios innatos o causados. En el caso de la economía, siempre he creído pertinente defender el libre mercado, pero solo hasta el punto donde comienza a mellar las libertades y capacidades de terceros involucrados (como en los escenarios de las conocidas ‘fallas de mercado’: monopolios, oligopolios, competencia desleal, información asimétrica, etc.). En el caso particular de la libertad de expresión, siempre creí conveniente que el Estado no debería intervenir en lo absoluto, dado que este es un principio mundialmente reconocido y además resulta ser un derecho universalmente inviolable de cada ser humano (al menos en Estados serios). Pero me equivoqué.

Estoy totalmente de acuerdo en que la libertad de expresión es un principio y un derecho que debe ser defendido a capa y espada por todos y cada uno de nosotros en contra de quienes quieran dominarnos por la razón o por la fuerza. De hecho, somos libres pero también obedecemos un pacto (con el Estado). Entonces, si todos individualmente ejercemos nuestro derecho a la libertad de expresión, no habría ningún problema, porque todos partimos de igualdad de condiciones como individuos con piernas y cuerdas vocales saludables. Sin embargo, cuando la situación entra a ligas mayores, la cosa cambia completamente.

En el Perú (como en cualquier otro Estado medianamente constituido), los medios de comunicación son aquellos entes con poder relativo que llevan la bandera de la libertad de expresión. Sin embargo, no es difícil darnos cuenta de que todo ese engranaje sistémico ubicado detrás de la frase "libertad de expresión" se encuentra manejado por el mismo modelo que maneja la economía: el libre mercado. Y, ¿qué hay en un escenario de libre mercado? Pues empresas que buscan competir entre ellas para generar mayor rentabilidad. Obviamente son empresas dedicadas al rubro de las comunicaciones (TV, radio, prensa escrita, internet, etc.). Pero, ¿qué más encontramos en ese  escenario? Pues fallas de mercado.

Entonces, como la libertad de expresión de nuestro país se rige bajo el principio del libre mercado, ¿Por qué el Estado no debe intervenir para controlar las fallas? ¿Por qué no debe tocar a los medios ni con el pétalo de una rosa? Vamos, que el grupo El Comercio haya comprado un paquete mayoritario de EPENSA y tenga ahora un 80% de concentración  de los diarios debe darnos alguna idea de que nos acercamos a una de las más conocidas fallas de mercado: el monopolio. Y, ¿qué hace el Estado en estos casos? Lo regula.

¿En serio creen que porque se trata de un medio de comunicación que lleva en alto el principio de la libertad de expresión, este no debe ser regulado? Por favor, iniciativas similares se han hecho (y se están haciendo) en Bolivia, en Argentina y en Ecuador. Y aunque no les guste a aquellos medios, los mercados deben ser regulados. El mercado de los medios de comunicación debe ser regulado. Ahora, resulta obviamente muy delicada esta regulación puesto que el hilo de la libertad de expresión es bastante delgado y puede romperse y generar toda una catástrofe con consecuencias hasta internacionales. Hay que saber regular, hay que saber qué no prohibir (como las libertades) y qué sí prohibir (como las colusiones). Chamba para nosotros, los politólogos.

Resulta también delicado y controversial que un líder político tome las riendas de este tipo de reformas regulatorias de medios en el Perú. Hay un costo político muy alto que difícilmente Humala tomará. Pero, ¿quién sabe del próximo presidente? La profecía a la que se refería el título de este breve artículo hace alusión a que es muy probable que pasemos a una situación similar a la de los tres países que he mencionado líneas arriba. Vendrá un líder político (tal vez un nuevo outsider) cuyos pilares incluyan, aparte de los tradicionales (pobreza, corrupción, desarrollo, inclusión, seguridad, etc.), la defensa de la libertad de expresión en el Perú a través de la regulación de los medios de comunicación. Que no nos sorprenda que una nueva ley de medios en el Perú sea el estandarte de alguna campaña política en el futuro. Queda claro entonces que la compra de EPENSA podría estar representando el inicio de un tortuoso camino que el grupo El Comercio tal vez recorra.