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Una publicación de la asociación SER
Historiadora, Doctoranda en Antropología y miembro del Grupo de Memoria (PUCP)

Una ola negacionista azota la región

A casi un año de una de las últimas polémicas que ocurrieron en el Lugar de la Memoria de Lima –a partir del debate que se produjo a causa de la exposición “Resistencia Visual 1992-2017”-, que terminó con la salida del entonces director del LUM, el sociólogo Guillermo Nugent, debido al supuesto “sesgo” de la exhibición, en Chile es criticado, ocupando argumentos similares, el Museo de Memoria y los Derechos Humanos. En el caso peruano, las olas negacionistas no se calmaron, y finalmente el 24 de diciembre de 2017 se indultó a Alberto Fujimori, condenado por crímenes de lesa humanidad por los casos de Barrios Altos y La Cantuta.

Si vemos estos hechos de manera regional, podemos percatarnos que a fines del año pasado, Miguel Etchecolatz, exdirector de investigaciones de la Policía de Buenos Aires, condenado a prisión perpetua por una multiplicidad de crímenes de lesa humanidad durante la dictadura argentina (1976-1983), fue beneficiado con el cumplimiento de su condena en arresto domiciliario, medida revocada a mediados de marzo de este año luego de una infinidad de manifestaciones en su contra.

También en Argentina, durante todo el 2017, se discutió el fallo de la Corte Suprema que sentenció que en el caso del represor Luis Muiña, podría ser favorecido por la ley 24.390 –que existió en Argentina entre 1994 y 2001-, para hacer valer sus días de detención el doble (desde el tercer año) debido a que había pasado sus dos primeros años de detención en prisión preventiva y sin condena –mientras tenía lugar la investigación por la cual se le terminó condenando-. Esta polémica norma conocida como “2x1”, que varios criminales de lesa humanidad trataron de aprovechar (incluso el mencionado Etchecolatz), fue finalmente declarada inadmisible para otros casos.  

En tanto, el actual Presidente de Colombia, Iván Duque, durante toda su campaña electoral, fustigó el Acuerdo de Paz entre el Estado Colombiano y las FARC, planteando la necesidad de revisar los puntos acordados.

En Chile las cosas no han sido muy diferentes. Hace solo unos días (el jueves 9 de agosto) el actual Presidente, Sebastián Piñera, realizaba su primer cambio de gabinete -a solo cinco meses de haber asumido- y nombraba a Mauricio Rojas como Ministro de Cultura. Rápidamente, unas declaraciones realizadas en el año 2015 por Rojas, salieron a relucir. En el libro “Diálogo de Conversos”, que escribió con el escritor y actual Canciller, Roberto Ampuero, decía “Más que un museo (…) se trata de un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar (…) Es un uso desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional que a tantos nos tocó tan dura y directamente”.  Un año después, Rojas declaró a CNN en español que el Museo en cuestión contaba “una historia falsa”, hacía que las personas no pensaran, y no se hacía cargo del contexto que condujo a las violaciones a los derechos humanos de la dictadura de Pinochet (1973-1990).

Debido a los polémicos dichos, Rojas sólo duró 90 horas en su cargo, presentando su renuncia a primeras horas del lunes 13 de agosto. Pero, a pesar de la renuncia ex señor Ministro, no me deja de resonar una pregunta, ¿qué es para él un montaje y una historia falsa? ¿Los detenidos desaparecidos? ¿Los cuerpos de hombres y mujeres muertas corriendo por las aguas del río Mapocho? ¿Los allanamientos a las poblaciones? ¿Dónde están los montajes?

Sin embargo –y eso es lo más problemático del debate-, desde el recordatorio de sus antiguos dichos, varios personeros de la derecha chilena salieron a defenderlo. El presidente de uno de los partidos de derecha (Renovación Nacional), Mario Desbordes, por medio de su cuenta de Twitter declaró “El Museo de la Memoria es un ejemplo del sesgo con que se pretende escribir la historia. Solo recoge una mirada, omite el origen de la crisis que en los 60 causó tanto daño a Chile, nada dice de quienes hicieron trizas la democracia y las instituciones con su retórica del odio”. Lo siguió la propia hija del Mandatario, Magdalena Piñera, quien por la misma red social señaló: “El Museo de la Memoria, de carácter privado, pero financiamiento público, cuenta una mirada, una verdad, pero 1 verdad. Lo bueno sería que fuera un museo dependiente d [sic] la institucionalidad gubernamental donde un consejo de expertos pueda construir un relato que una a los chilenos”. Vale señalar que luego el tweet luego fue borrado. Pero los dichos continuaron. Posterior a la renuncia del Ministro Rojas, la senadora Jacqueline Van Rysselberghe, presidenta de otro de los partidos de derecha (Unión Demócrata Independiente), declaró que lo ocurrido no es más que un ejemplo de la “virulencia de la izquierda”, y volvió a señalar que el Museo no hace mención al “contexto histórico” que dio paso a que ocurriera el Golpe de Estado y posterior dictadura –como si eso pudiese justificar las violaciones a los derechos humanos y el quiebre de la institucionalidad-. Curioso es que consultada si había ido a visitar el Museo señaló que no lo conocía. Incluso, el mismo Presidente Piñera, frente a la ola de críticas, señaló que era necesario contextualizar lo que el Museo enseñaba sobre las violaciones a los derechos humanos y los hechos ocurridos durante la dictadura militar; “… es bueno en nuestro país preguntar, analizar con objetividad y buena fe por qué se debilitó la democracia y el Estado de Derecho en nuestro país…”. Más aún, e intentando victimizarse, señaló que “... tampoco compartimos la intención de ciertos sectores que pretenden imponer una verdad única y que no tienen ninguna tolerancia ni respeto por la libertad de expresión” En vez de echar agua a la fogata, el Presidente vierte bencina.  

Contexto es una de las palabras que más aparece en estas declaraciones. El “contexto” necesario para justificar lo ocurrido, las torturas, las detenciones, los allanamientos, los cuerpos desaparecidos. El “contexto” de antes del bombardeo al Palacio Presidencial. ¿Hay algo que puede justificar la violencia que el Estado ejecuta contra sus ciudadanos?

Pero no debemos perder de vista que esta ola de negacionismo en Chile comenzó hace unas semanas, con el otorgamiento de libertades condicionales que se le dieron a seis condenados por crímenes de lesa humanidad, por parte de la Corte Suprema, sin que éstos hayan cumplido con todas las normas necesarias para acceder a tales beneficios, principalmente con la colaboración eficaz y continua con la justicia, y arrepentimiento público por sus actos.

¿Dónde iremos a llegar? Solo el transcurrir del tiempo lo dirá. Solo parece ser que la conmemoración de los cuarenta y cinco años de ocurrido el Golpe de Estado de Chile no será nada de tranquilo. La memoria sigue siendo un campo de batalla, al igual que en resto de Latinoamérica.

 

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Camila Fernanda Sastre Díaz: Historiadora, Doctoranda en Antropología y miembro del Grupo de Memoria (PUCP)