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Una publicación de la asociación SER

¿Una izquierda verde?

Antes de entrar al tema de este artículo, permítaseme hacer un preámbulo con un recuerdo y una nota crítica. Uno de mis profesores universitarios, Guillermo Rochabrún, nos advertía con frecuencia a sus alumnos sobre una trampa muy común en el análisis social: atribuirle a los sujetos intenciones y cualidades que el analista considera deseables. La realidad, sin embargo, suele ser más compleja que nuestros deseos y llega tarde o temprano para pasarnos por encima. Le sucedió en los ochentas a quienes veían un germen revolucionario en los obreros sindicalizados y le sucedió en los noventas a quienes veían una nueva cultura democrática en las organizaciones de sobrevivencia. Mientras que una parte importante de los primeros optó por la salida individual de la informalidad, muchas de las segundas pasaron a formar parte de las bases del fujimorismo.  

Este recuerdo me asaltó al ver la columna que este domingo público Rocío Silva Santisteban (RSS), titulada “La izquierda verde” (1). En él se argumenta que la “Marcha por el Agua” reflejaría la emergencia de una izquierda de núcleo “verde”. No anuncia la llegada de una izquierda ecologista, sino que nos dice que esta ya está aquí. RSS desarrolla su argumento y señala que este ecologismo de izquierdas estaría sostenido en las rondas campesinas, enfocadas en la protección del medio ambiente. Estos se movilizarían por valores que “son parte de la vida de los campesinos desde siempre: la solidaridad, la equidad, el regreso de lo que se usa al propio lugar de donde se extrae, el reciclaje, la renovación generacional, apostando además por la alegría, la gratuidad, la confianza, la fe, la pluralidad.”

El retrato parece el inverso de aquel que Alan García hacía de los “perros del hortelano”: tristes, pesimistas, egoístas, necios y sectarios. Ambas visiones, igualmente maniqueas, probablemente sirven muy poco para entender lo que sucede en la realidad. Concentrados en atribuirles todas las virtudes que consideramos loables, tal vez se nos escapa entender qué moviliza a los campesinos y poblaciones enfrentadas con empresas extractivas. Para entrar en materia, preguntémonos, ¿es posible prever la emergencia de una fuerza política ecologista en el Perú?

Los partidos ecologistas o “verdes” se encuentran asociados a lo que Inglehart ha llamado “valores postmaterialistas”. Como ha quedado ampliamente demostrado en encuestas aplicadas a lo largo de décadas en todo el mundo, estos valores se encuentran presentes en aquellos lugares en los que se ha superado un primer nivel de carencias, de necesidades materiales que ocupan la agenda política y electoral de la población y sus élites. Bélgica y Alemania son países en los que los partidos verdes han logrado capturar a un segmento del electorado, por lo general urbano, de clase media, joven y con altos niveles de educación. La superación de la agenda “materialista” permite crear entre el electorado un espacio para este tipo de demandas, orientadas a la protección del medio ambiente como fin en sí mismo. Si esto es lo que se encuentra detrás de los partidos verdes, veamos qué se encuentra detrás de los conflictos socio ambientales peruanos.

Para entender la naturaleza de los conflictos que enfrentan a comunidades y empresas extractivas en el Perú, y de paso extraer la discusión del caso específico del proyecto Conga, resulta de suma utilidad revisar el libro de Javier Arellano, “¿Minería sin fronteras?” (Lima: IEP/UARM 2011). Luego de una larga y profunda investigación, el autor concluye que no son los impactos negativos de la minería sobre el medio ambiente la principal motivación para los conflictos, y más bien resalta que estos se hicieron cada vez más frecuentes en las regiones con las minas más rentables. Específicamente sobre el caso de las comunidades campesinas, el autor concluye que “en ausencia de instituciones que funcionaran de manera efectiva, la población local, especialmente las comunidades más cercanas a las minas, utilizaron el conflicto para negociar mayores compensaciones económicas y oportunidades de empleo en las compañías”. En líneas generales, lo que el autor señala es que los conflictos sociales reflejan una batalla por el derecho a la propiedad y al uso de la renta minera, en aumento en los últimos años como resultado del alza de precios de las materias primas. En otras palabras, la agenda política y social detrás de los conflictos sociales destaca por su carácter materialista.

La emergencia de una “izquierda verde” parece todavía lejana, al menos en los términos en los que esta se ha dado en otras latitudes. Tal vez la palabra clave no sea “medio ambiente”, sino “recursos”. Las disputas en el Perú se dan en torno a quien controla los recursos (el agua, la tierra, los minerales) y hacia donde deben dirigirse los beneficios derivados de su explotación. Así las cosas, pareciera que la emergencia de una “izquierda verde” en el Perú todavía está… verde.

Nota

(1) http://www.larepublica.pe/columnistas/kolumna-okupa/la-izquierda-verde-12-02-2012