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Una publicación de la asociación SER

Trump: Más allá del desconcierto liberal

Recibí con sorpresa los últimos resultados de las elecciones presidenciales estadounidenses en Nueva York, ciudad en la que resido desde hace unos meses en mi estatus de estudiante de doctorado. No es la primera vez que visito este país, pero sí la primera en la que permanezco por un tiempo prolongado. Con varias universidades Ivy League solo a horas de distancia, Nueva York alberga a las elites más educadas y cosmopolitas del país por lo que la ciudad se ha convertido en un referente inmediato en la producción del pensamiento académico progresista a nivel global. Asimismo, la población del estado de Nueva York, como la de otros estados de la costa este y oeste del país, se encuentra ubicada en el espectro político liberal de izquierda, lo que quedó demostrado en el voto dirigido mayoritariamente al Partido Demócrata(58.8%).

Dando cuenta de inclinaciones políticas opuestas a las de las regiones de Middle America, Nueva York demostró su descontento ante los resultados que daban como ganador a Donald Trump. Así, no se hicieron esperar las expresiones de desconcierto y negación de varios compañeros y colegas cercanos, muchos de los cuales marcharon hacia la Torre Trump -ubicada en el corazón de Manhattan- la noche del pasado miércoles. Como mujer e inmigrante latinoamericana, evidentemente me siento bastante identificada con el rechazo hacia el discurso racista y xenófobo movilizado por Trump durante su campaña, pero más allá de mi experiencia y sentimientos personales ¿Qué esconde la repulsión y el escándalo de la élite liberal neoyorquina ante el triunfo republicano?

Claramente, Trump representa a un sector específico de la derecha estadounidense que sustenta su discurso en la (re)instauración de la supremacía blanca (white supremacy) como elemento fundacional de la nación. La cuestión de la división sobre la base de la identidad es central en su plataforma política: inmigrantes latinos, afroamericanos, y musulmanes son considerados el enemigo común. Pero lejos de tener un discurso triunfalista, Trump ha sabido movilizar exitosamente el tropo de la nostalgia por un pasado mejor que ha de ser recuperado (make America great again). Como Trump mencionó repetidas veces, su gobierno estará dirigido principalmente a satisfacer las aspiraciones de aquellas mujeres y hombres blancos estadounidenses que sienten que fueron olvidados por gobiernos anteriores. El impacto negativo de una economía estancada y desindustrializada en la clase trabajadora blanca fue un constante referente en su campaña.

Pero aunque recientes encuestas han demostrado que el grueso de sus votantes no es necesariamente pobre sino que tiene un ingreso por encima de la media, la prensa liberal estadounidense suele representar a los seguidores de Trump con estereotipos que lejos de ayudar a comprender el fenómeno contribuyen, más bien, a exacerbar las divisiones. La idea del votante de Trump es la del hombre blanco, pobre y desempleado, sin educación universitaria y habitante de algún estado del centro industrial del país. Así, en el imaginario de muchos neoyorkinos libertarios el votante de Trump sería un hombre con gustos poco sofisticados e inclinaciones políticas deplorables y vergonzosas (racista, misógino, conservador). Sin embargo, detrás de estas ideas se esconden visos de una superioridad moral liberal que al mismo tiempo ha sido relacionada con la elite arrogante y corrupta que apoyó a Hillary Clinton.  Todo ello no ha hecho sino alimentar la polarización además de evitar que se lleve a cabo un entendimiento más certero (así como empático y  solidario) de la dinámica de la política estadounidense.

Más allá de la evidente incertidumbre respecto a las políticas concretas que serán implementadas por Trump, es claro que la división reflejada en las urnas pasa por clivajes más complejos que los representados por la prensa, y por el alarmismo y estupor de la juventud libertaria que habita las costas estadounidenses. La movilización de mitos e imágenes sobre liberales y conservadores es uno de los factores que ayudan a explicar el punto muerto al que ha llegado la política estadounidense, por lo que se hace necesario un análisis crítico sobre las dinámicas políticas, raciales y de clase en este país para comprender lo que se viene en los próximos años.

Miryam Nacimento Beltran

Pertenece a la Plataforma Comadres, espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.