Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

¿Son los "informales" la causa de que el Covid-19 siga avanzando?

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Carlos Flores Lizana. Antropólogo

En varios análisis de las causas por las que no llegamos al tope de la curva de contagios del Covid-19, se señala a la informalidad. De esa manera se quiere ocultar otras causas más reales e injustas por las que la pandemia nos está haciendo mucho daño,  sobre todo  a los más pobres del Perú. Si escribo es buscando mejores maneras de entender lo que pasa y no tener miradas simplistas que no ayudan a responder a un problema en el que estamos unidos más de lo que creemos. Por ejemplo se dice que el comercio ambulatorio es una de las razones por las que los que vivimos en Lima, nos contagiamos con el virus. O que el desempleo que llega hasta el 41%   de los trabajadores del Perú, se debe a que somos informales o tenemos empleos informales. Otra razón por la que se dice que la ayuda del Estado no está llegando es porque somos gente “informal” que no tenemos cuentas en los bancos ni tarjetas de crédito, y no manejamos suficientemente las nuevas tecnologías de la comunicación etc. Finalmente porque somos gente que no está acostumbrada a respetar las normas porque somos mal educados, desobedientes, desorganizados, sin conciencia del peligro y que no nos importa nada ni siquiera nuestra propia vida. Un psicólogo ha dicho que “la gente” debe ser tratada como se trata a las mascotas para que entiendan y hagan caso a las normas del distanciamiento físico para detener el avance del virus.

En estos varios aspectos de la informalidad hay algunas cosas que si son ciertas pero otras ocultan verdades tremendamente importantes. Me  fijare sobre todo en el tema del empleo y  los trabajos “informales”. Por ejemplo las trabajadoras del hogar que son llamadas de muchas maneras distintas por las señoras que las contratan para que “sirvan” en sus casas. Se calcula de manera bastante modesta que en Lima hay  unas 500  mil trabajadoras de este tipo donde el 98 % no tienen contrato, por lo tanto no tienen salario fijo, horario, condiciones justas de empleo, descanso, vacaciones, seguro, jubilación, etc. Estas trabajadoras ¿son informales por voluntad propia? ¿Serán la causa de que el virus se propague más y por lo tanto responsables de que estemos todos mal?  ¡Por favor! ¿No serán más bien víctimas de una sociedad que históricamente se ha beneficiado del trabajo de estas mujeres que desde niñas ya llevan la parte más pesada de la cruz? Bastaría leer cinco páginas del libro “Basta” publicado en el Cusco, hace años por el CBC, revisar uno de los testimonios de las empleadas de hogar, para conocer ese mar de dolor y humillación en que viven mujeres peruanas sin que nadie haga algo serio por sus derechos  y que en el fondo terminan ayudando con su trabajo para que nuestras familias, ciudades y país no se detenga económicamente ni socialmente.

Sigamos con otros también llamados informales, los miles de trabajadores del sector de confecciones, se dice que el 70 % de la ropa que se fabrica en Gamarra está hecha por empresas medianas y pequeñas. Esto quiere decir que más de un millón de trabajadores, varones y mujeres,  que hacen ropa en talleres sin condiciones mínimas de salud ni seguridad. Como  muchas de estas empresas familiares, se rigen  por relaciones ambiguas tampoco hay contratos legales claros. En otros casos los trabajadores llamados “maquileros”, se llevan a la casa los cortes de tela y ahí confeccionan las prendas. Así el empleador se ahorra local, energía, movilidad, reparar maquinas si se descomponen, etc. El trabajador no tiene sentido gremial y por lo tanto “no hay peligro” de que se surjan sindicatos ni cosas por el estilo. Esta informalidad favorece a los dueños de las patentes y a los que producen las distintas maquinas que se requieren para completar el proceso de fabricación de la ropa. La autoexplotación se muestra en toda su plenitud en estos sistemas de producción tan usados y permitidos  -no solo en el Perú- donde toda la familia trabaja. Nuevamente me pregunto ¿serán estos trabajadores los responsables de que la pandemia y la consecuencias económicas que nos están golpeando? Por supuesto que no, son otras víctimas de un sistema económico al que le conviene esta informalidad, porque en definitiva los que terminan ganando en este pandemonio son los dueños de las fábricas, los banqueros que los financian y los que manipulan al Estado para que siga igual todo.

Otro  gran campo informal son los “ambulantes” que venden de todo y en todas partes. Son miles los que trabajan de esa manera haciendo que las mercancías lleguen al consumidor final, que es lo que le interesa en definitiva al fabricante, el ambulante es un trabajador que si no vende no come. En este campo están los miles de venezolanos que el Estado peruano permitió entrar a nuestro país como respuesta a la crisis humanitaria desatada en Venezuela, sin medir las consecuencias de tal decisión. El “ambulante” en un engranaje muy importante de la circulación de las mercancías. Si  el  sistema se detiene, el capital no termina de lograr su objetivo que es crecer con la circulación y consumo de las mercancías. Nuevamente estos informales están atrapados entre vivir encerrados o contagiarse por salir a vender, no son el problema, son más bien, otras víctimas del sistema que los necesita para abaratar costos de producción.

Finalmente pensemos en los miles de vendedores de comida en las calles y en pequeños restaurantes, donde comen precisamente los miles de “informales” que son explotados malamente por estas empresas y el propio Estado que dice defender los intereses del pueblo.   Y es que el mismo gobierno “terceriza” en diversos sectores donde se trabaja con contratos llamados CAS sin estabilidad ni vacaciones, sin horario de entrada ni salida y teniendo que asumir gastos institucionales de sus propios salarios. Este mismo análisis se podría aplicar a los  empleados municipales, o serenazgos, lo que muestra que el problema atraviesa los tres niveles de gobierno. Quizás por eso el peruano no tiene conciencia ni amor a su patria ya que al ser  representada por los gobiernos que hemos tenido, se ha sentido bajo el yugo de un patrón más, de un gamonal, de un tirano aún más poderoso y abusivo.

Queda claro quiénes son los “informales” a los que se los quiere responsabilizar de la causa de la difusión del virus y de la crisis económica que ya estamos viviendo. Cuando pensemos en el futuro de nuestro Perú tenemos que analizar donde se generan los problemas de fondo que tenemos y quienes  son los verdaderos responsables.  La verdad y la unidad son necesarias para que salgamos adelante. Más honestidad y consecuencia y menos mentiras es lo que necesitamos.