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Una publicación de la asociación SER

Solipsismo adulterado

Mi primer encuentro con la filosofía fue en el colegio; aún recuerdo la frase de Descartes como eslogan de bienvenida a la clase "pienso, luego existo", que, si lo leías una y otra vez cada día, perdía sentido.

Y sí, pierde el sentido cuando encuentras un puente en ella al solipsismo. A ese solipsismo que cobró vida en estos tiempos donde se corrompe y entiende al antojo la libertad de expresión; ese solipsismo que no deja construir, ni avanzar.

(Sólo para recordar) el solipsismo, del latín solus ipse o "solamente yo existo", plantea que cualquier noción fuera de la mente o conciencia propia no puede ser constatada, ni justificada; es decir, no existe. Y plantea dos posturas: 1) que uno es el único yo, y el único centro de la conciencia. 2) que nada existe aparte de la propia mente y los estados mentales.

Es una especie de escepticismo y subjetivismo puro, bajo el disfraz del idealismo.

¿Sientes familiaridad hasta aquí? ¿No? Bueno.

¿Cuántas veces al día utilizamos las redes sociales? ¿Cuántas veces la utilizamos para opinar? ¿Y cuántas veces transformamos nuestra opinión en la única verdad que no admite ninguna postura contraria? Siendo honesta, yo lo hago muchas veces.

Ese es el solipsismo en tiempos de internet; el solipsismo adulterado.

No hay problema con opinar y manifestar verdades subjetivas; más sí lo hay, cuando queremos y creemos que nuestra verdad es la única existente. ¿Cómo puede existir una única verdad cuando hay tantos humanos como granos de arena hay cerca al mar? ¿Cómo puede rechazar toda opinión en contrario, si cada ser humano es un conjunto de emociones, cultura, costumbres, creencias, todas ellas diferentes entre si, y a los demás?

No puede, o no debería. Pero este solipsismo ha renacido adulterado, y con más fuerza, como un monstruo castigador cada vez que ocurre un hecho repudiable, o un acontecimiento polémico, que se aprovecha de la estrechez, generando pavor y rechazo.

Como hace unos días, en que una joven murió a consecuencia de un intento de feminicidio, y los grandes representantes de esta "filosofía" salieron al frente, cuya única verdad no podía admitir otra, y menos si esta provenía de una mujer: que no puedes escribir "todas" en tu propio dibujo, porque es todos, porque lo dice un personaje en facebook, y sólo él tiene razón. Que no puedes gritar de dolor e impotencia "ni una menos", porque eso es egoísta, y lo único correcto es "nadie menos". Que no puedes creer que tienes derecho sobre tu cuerpo, porque "cállate perra, que te aborte tu madre". Y que no puedes decir que el machismo mata, porque no todos los hombres son así, y sólo se trata de ellos, de ellos, de ellos, y ellos (no de las víctimas).

¿Realmente se trata de quién tiene la verdad y quién no? ¿De quién es la luz de la razón en medio de un mar de hormonas femeninas alborotadas?

Si existen tantas diferencias entre nosotros, entonces no existe una sola verdad; y si no existe una sola verdad, no puede tratarse por igual las cosas. Por ejemplo, la violencia; no podría decirse "nadie menos", porque cada tipo de violencia merece un tratamiento especial, para así poder encontrar una solución que sea sostenible y efectiva en el tiempo. Incluso separando los grupos entre mujeres, hombres, niños, y animales, cada uno de ellos no debería tener un mismo trato. La violencia infantil debe buscar soluciones diferentes para el bullying, para el maltrato familiar, para la violencia sexual (pedofilia), para la trata y explotación infantil; incluso en los animales, la misma solución para el maltrato animal doméstico no puede ser igual que para enfrentar el maltrato contra los toros y caballos (policía montada), porque aquí hay un tema cultural como barrera que hay que derribar primero. Pues esto mismo sucede con la violencia que sufren hombres y mujeres; no es un concurso de popularidad o superioridad, y nadie niega que exista, sólo que son diferentes.

Entonces, si son diferentes, ¿por qué hablamos tanto de la igualdad de género? Porque las diferencias que existen en cada uno de nosotros no deben ser barreras, ni obstáculos, ni motivos de miedo y rechazo; nuestras diferencias deben unirnos como seres humanos, porque esa es la base del derecho a ser libres e iguales, porque significa, tener los mismos derechos, obligaciones, y oportunidades sin importar nuestras diferencias. Esa es la igualdad.

Y esto no se logra acusándonos de machistas y feminazis (no hemos matado a nadie para ser comparadas con nazis); no se logra con solipsismos de macho rabioso; no se logra negándonos machistas, porque todos lo somos o lo fuimos alguna vez, así nos educaron nuestros padres, e igual les paso a ellos. No se logra otorgando multas sin que exista un plan previo de educación vecinal al que está obligado cada municipio; no se logra con soluciones populistas como castraciones químicas y penas de muerte, que no solucionan nada al final.

Sí se logra con educación; se logra enseñando la importancia de la igualdad y el respeto, ambos, derechos constitucionales; se logra perdiendo el miedo y derribando el estigma de la palabra género; se logra cambiando la educación desde el colegio, institutos, academias, universidades, empresas privadas, funcionarios públicos, y centros penitenciarios.

Todo es posible si aprendemos a escucharnos y entendernos; si dejamos de creer que no existe nada más allá de nuestra verdad. No seamos más representantes de una teoría, en que, la sola idea de comunicar nociones es inútil, y que ni entre los grandes filósofos, funcionó.