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Una publicación de la asociación SER
sociólogo, maestro en ciencias sociales por FLACSO-México y doctor en sociología por la UNSAM-Argentina. Profesor de la UNMSM

Sobre los avatares de la representación política

Rebeliones inconclusas. Ayacucho antes de Sendero Luminoso es el título del excelente trabajo de Jayme Heilman, publicado en el 2018 por la editorial La Siniestra Ensayos. La autora hace un análisis de los 85 años previos al inicio de la denominada “guerra popular” senderista, específicamente de la historia política local de Carhuanca (provincia de Vilcashuamán) y Luricocha (provincia de Huanta). Este análisis le lleva a concluir que las razones que explicarían el inicial éxito o fracaso de Sendero Luminoso en la obtención del apoyo popular estarían relacionadas, antes que con las formas de tenencia de la tierra (como han argumentado algunos investigadores), con las formas que adquirían las relaciones de dominación que definían la convivencia entre las élites locales y campesinos.[1] Quizás sin proponérselo, Heilman reivindica con sus reflexiones el campo propiamente de lo político para pensar las relaciones de dominación. En otras palabras, no cae en la trampa de hacer de lo político un apéndice de lo económico, lo cultural o lo social, sino más bien comprende su especificidad sin obviar –claro está- los condicionamientos históricos que experimenta.

Traigo a colación el trabajo de Heilman porque considero nos ayuda a pensar los desafíos de la representación política, más allá incluso de la lógica electoral. Comparando diferentes proyectos políticos que florecieron en Carhuanca a lo largo del siglo XX, la autora concluye que los cambios buscados por los militantes locales apelaban simultáneamente a cuestiones locales y nacionales. En palabras de la autora:

“Los miembros del movimiento Tawantinsuyo [surgido en los años 20] presionaron por un cambio al interior de sus comunidades, pidiendo mejores colegios y autoridades, así como prácticas laborales e impuestos más justos. Pero los miembros del Tawantinsuyo también querían transformar el lugar del trabajador indígena en el Perú, haciendo de este un ciudadano pleno con derechos iguales a cualquier otro. Otro tanto se puede decir sobre la participación en el APRA. Los apristas de Carhuanca dirigieron sus energías a temas locales […] [pero también] estaban involucrados en un movimiento nacional más amplio que buscaba arrebatarle el poder a la oligarquía y traer justicia socioeconómica al país. En buena medida se puede decir lo mismo sobre la afiliación al PCP-SL.”               

La relevancia de la interacción entre las demandas locales y demandas más amplias para una efectiva representación política es subrayada en las líneas arriba citadas. Considero esto importante ya que la denominada “crisis de representación” que actualmente experimenta nuestro país podría comprenderse en términos de “desencuentro” entre las diversas demandas locales y aquellas que acríticamente asumimos como las que “deberían ser” de interés general (por ejemplo, una nueva constitución, la diversidad sexual, la promoción de la inversión privada, entre otras.). Asumimos acríticamente (usualmente desde Lima) que “nuestras” demandas deben ser las de todo el país y ese es un grave error. 

Reencontrarnos con las demandas locales no significa sencillamente ampliar nuestro pliego de reclamos, sino más bien tener la capacidad de producir discursos o ideas que permitan identificar en nuestras particulares búsquedas de cambio una mayor trascendencia. Para ello hay que conocer y dialogar con estas búsquedas particulares, estas disputas políticas locales. Hay que prestar mayor atención a las historias políticas de los diferentes distritos, provincias y regiones de nuestro país.

Pensar desde esta perspectiva nuestra actual coyuntura implicaría, por ejemplo, rastrear cómo se viene relacionando (si es que esto viene sucediendo) el “Agro Sí, mina No” del Valle de Tambo con el “Cierren el Congreso” o el “Que se vayan todos” que cada vez gana mayor y mayor respaldo en las calles de diferentes partes del país. Este es un enorme desafío.  

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[1] La autora sostiene que: “Los casos de Carhuanca y Luricocha sugieren que los militantes del PCP-SL les fue mejor en aquellas áreas plagadas de conflictos internos agudos, autoridades abusivas y gamonalismo” (2018:295).