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Una publicación de la asociación SER

Sentimientos Patrióticos

Siento pena por este país, que carcomido por la corrupción y el cinismo, ha hecho de nuestra rutina un cotidiano de escándalos y vergonzosos espectáculos, que muestran toda la miseria que somos capaces engendrar, producir, expresar.

Siento lástima de vivir en un Estado que está construido y diseñado para ser asaltado, para ser aprovechado, para ser entregado al mejor postor, para ser timado. 
Siento angustia de que los ciudadanos no podamos lograr ni mínimos de nuestros gobiernos, a quienes sentimos como contrarios de nuestros intereses; de los que solo esperamos ser usados, engañados, o ignorados.

Siento rabia de chocarnos todos los días con la pobreza, con esa miseria, no solo material sino peor aún moral, que ha logrado filtrar en cada espacio de este Estado, pero tristemente además, en el sujeto de esta sociedad.
Siento tristeza, esa tristeza que huele a desesperanza, porque cada vez que cosas se descubren, sabemos que queda más, que no es lo único, que no es lo último, porque este país no solo es campo de la corrupción y la vileza, sino de algo peor que la deja impune, la injusticia.

Mas de medio centenar de víctimas de feminicidio durante este año, según el Registro de Feminicidio del Ministerio;  cientos de pobladores indígenas y rurales de la sierra y la amazonía contaminados con metales pesados y sin atención médica, conforme al Informe de Amnistía Internacional; al menos 36 autoridades locales o regionales procesadas  y/o sentenciadas como responsables de corrupción, conforme a Transparencia Internacional; 198 conflictos sin resolver en los territorios, según la Defensoría del Pueblo.   Con un Poder Judicial derrumbado, un Congreso secuestrado por una descarada mafia, y una sociedad frustrada en sus intentos, no sé si hay algo que valga la pena celebrar.

Pero como esta patria nos vincula, sus raíces nos atan, y su esencia nos construye al punto de amarla, tal vez debamos honrarla resistiendo, luchando y desafiando a todo aquel acto miserable que intenta cotidianamente agredirla, que ansía desmantelarla.

 

LARGA VIDA, PERÚ!