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Una publicación de la asociación SER

¿Rectifíquese?

En 1967 François Bourricaud escribía en “Poder y sociedad en el Perú contemporáneo” sobre la ‘preciosa’ información que brindaba la prensa peruana para comprender el comportamiento y la naturaleza política del país. Una prensa claramente comprometida y polémica, señalaba agudo el investigador francés, que no estaba dirigida por intereses partidarios o al  simple negocio de “vender papel para ganar dinero”, sino como instrumento político de familias concretas (los Miró Quesada de “El Comercio”) o de personalidades o un grupo de ellas (Beltrán y su equipo en “La Prensa”).

En la introducción al libro, Bourricaud retrató la forma de operar de los periódicos peruanos. Cito textualmente: “El Comercio,aun cuando tenga las apariencias austeras de ‘diario de prestigio’, aún cuando se califique a sí mismo como ‘decano de la prensa nacional’ […] no se distinguen en él las noticias de los comentarios; por el contrario, el juicio de hecho y el juicio de valor están inextricablemente confundidos”. Por este motivo, señalaba, estos diarios ligados a intereses particulares y bajo la defensa doctrinaria de tesis económicas generales se convierten en elementos esenciales del juego político, ya sea por sus enfrentamientos o su oposición al gobierno afectando potencialmente las posibilidades de transformación o solución de los principales problemas que enfrentaba la nación. Ahora recuerde el año, 1967.

¿Cómo no recordar esa potente referencia en estos días en el que el debate se ha centrado en la ‘concentración de los medios’? Un debate harto necesario pero que se ha teñido de acusaciones, enfrentamientos feroces y tremendismos varios en las portadas y editoriales de los principales grupos de prensa escrita y audiovisual.

Harto necesario porque a pesar del argumento de que “aunque lo intentamos, no hemos podido poner a quién queremos en el sillón presidencial” -haciendo referencia a las derrotas de sus candidatos favoritos-, no se puede esconder el hecho de que la información parcializada y el hostigamiento mediático no solo afectan a los ‘candidatos indeseables’ de estos grupos, sino que son práctica generalizada contra reformas o políticas que incomodan sus intereses a travésde editoriales y portadas usadas como dardos rústicamente untados en las más agrias ponzoñas. No es poco común ver tímidas y tendenciosas notas cuando se agreden los derechos de ciudadanos (a quienes etiquetan como ‘pobladores’ con un tufillo discriminador) y estos se defienden, mientras que al mismo tiempo se usan encabezados grandilocuentes para defender sus intereses claramente particularistas.

Un poco de mesura y moderación no vendría mal en este altercado. Esta intentona de polarizar y crispar los ánimos que han emprendido las élites políticas y empresariales no solo es contraproducente para sus intereses, sino para los intereses del país. Este nuevo episodio de histeria, como ha señalado Eduardo Dargent, es preocupante y desconexo además de otras prioridades del país. Los cauces de la discusión no tendrían por qué llevarse gratuitamente hasta portadas escueleras como la de este lunes, en la que bajo el imperativo “¡Rectifíquese!”,“Perú.21” hace eco de un comunicado de la Confiep sobre la intención de legislar sobre los medios de comunicación. Una vergüenza.

Pero tampoco debe perderse de vista en ningún momento que el debate no pasa por las líneas editoriales o el control de la información, sino por la pluralidad de opciones de información (uno de los pilares básicos de la democracia),amenazada por la dinámica empresarial. No es lo mismo que un medio lance sus dardos a que lo haga el 80% de ellos como parte de un solo grupo mediático. La libertad de expresión viene amarrada al derecho al acceso a fuentes plurales de información, y esto es lo que está precisamente en juego.