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Una publicación de la asociación SER

Racismo y goles

El fútbol es uno de los deportes que despierta grandes pasiones en la afición. El juego entre once se multiplica en cada asistente al encuentro y dn cada televidente u oyente del mismo. Quienes sufrimos y disfrutamos con el fútbol sabemos que el gol no es su única gloria y que cada partido se carga de emociones, memorias, historias y representaciones conjugadas en los colores de una camiseta.

El fútbol llegó al Perú a fines del siglo XIX e inicios del XX, como parte de las políticas de modernización en una industrialización limeña. Rápidamente, pasó del césped a la calle, del club al barrio y su inglesa pronunciación, fue tildada y re-entonada como fútbol.  No tuvo que pasar mucho tiempo para que en la nueva y urbana capital, las asociaciones deportivas empezaran a representar a diferentes sectores de la sociedad; no tuvo que pasar mucho tiempo para que surgiera una rivalidad en la cual se confundieran y proyectaran históricos antagonismos: universitarios y obreros, blancos y negros, fuerza y habilidad, la garra y el corazón, dentro y fuera de la cancha, construyéndose de generación en generación; una identificación basada en la diferenciación que, en una suerte de mandamiento de la hinchada, será utilizada para burlarse de jugadores, equipo y barra del equipo contrario, visibilizando una problemática concreta y cotidiana: la discriminación camuflada y confundida como parte de las reglas del juego.

Yo soy aliancista desde que lo recuerdo y no recuerdo como empecé a serlo, pero he sentido la irracionalidad de sentirse parte de un equipo que quizás nunca se entere de que existes; aún así he gritado, saltado, sufrido, reído, despotricado, alentado, festejado, cantado y vuelto a gritar, sintiendo que en esos 90 minutos oficiales se vive más que en un resultado, de cara o no a un campeonato. Se viven el momento y la historia, se juega el honor en cada jugada, se siente al equipo. Por eso se es “grone de corazón”, porque sin importar su origen étnico ni su clase social, cada hincha corea “vamos grones a ganar”, invocando a la negritud que enmarca y caracteriza al equipo de La Victoria.

Pero esta negritud que dotó de picardía, velocidad, alegría, popularidad y quimba al equipo que en octubre es blanquimorado, es la misma negritud que desde la otra tribuna será animalizada, embrutecida, esclavizada, entre otras caracterizaciones. El racismo y la discriminación se abren campo, se corean, en cada encuentro, y pocas veces nos detenemos a pensar en cómo se ha naturalizado, dentro y fuera del juego, incluso sin importar el color o la historia de la camiseta. Las tribunas, en el anonimato e inmunidad de la multitud, se han permitido expresarse, abiertamente, sexistas y racistas.

El pasado sábado 25 de octubre, estando a la espera del partido de Alianza, alcancé a escuchar las declaraciones de Luis Tejada, al cierre del encuentro entre los equipos  de la Universidad César Vallejo y el Sporting Cristal, lejos de la típica declaración en que la confianza del equipo técnico y el aliento de la hinchada eran agradecidas por el jugador. Tejada, agotado física y emocionalmente, declaró: “Es duro eso, cuando ya una, dos, tres, (…) siempre con el racismo. Es duro pero qué puedo hacer yo, comérmela. Creo que igual los jugadores de Cristal no tienen la culpa. Es su afición, que en vez de ver el espectáculo que está brindando su equipo, que está ganando bien, que está jugando bien, quieren insultar a los rivales, y es feo eso, pero, bueno, algún día van a aprender”. Luego agregó que tras su intención de dejar el campo de juego por los canticos racistas desde las tribunas, fue persuadido por jugadores rivales, así como de su propio equipo, para que no dejase el juego. Siendo consciente de que la agresión trasciende la cancha, afirmó:“Igual es duro. Es duro porque los que se sufren son la familia de uno, por este racismo (…) y es duro que siempre le pase a uno. Uno es profesional, una persona humilde, y a seguir para adelante”.

No es la primera y, lamentablemente, no será la última vez que un jugador afrodescendiente sea animalizado, pero sí ha sido la primera vez, en el Perú, que un jugador intentó retirarse del campo de juego ante las constantes agresiones raciales hacia su persona. También ha sido el primero en presentar una denuncia ante la Comisión de Justicia de la Asociación Deportiva de Fútbol Profesionalen el Perú, que ha sido resuelta mediante una sanción al club y la hinchada agresora, y que sienta un precedente a nivel nacional. Del mismo modo, llama la atención sobre la necesidad de desnaturalizar y sancionar la discriminación, también en los espacios de entretenimiento, como el deporte.