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Una publicación de la asociación SER

Racismo desde los 14

Hace unos días compartí un taxi con un chico de 14 años, compañero mío de una escuela de improvisación teatral. Entre tanta conversación acerca de lo bien que la pasábamos en la escuela y de lo mal improvisadores que éramos alguno de nosotros (recién llevamos 3 meses), salió el tema de que algún fin de semana deberíamos ir al sur con el resto de la gente. Todo bien hasta ahí. El problema surgió cuando este talentoso chico de impro sugirió ir a una playa que él conoce donde “hay flacas ricas”, donde “no entran cholos” y donde tampoco “no entra nadie si no tiene jato”.

¿Cómo puede ser posible que un adolescente de solo 14 años pueda pensar de esa forma? A primera vista, podríamos echarle la culpa a la educación. Claro, una crianza pobre de padres ignorantes y un colegio con escasos recursos para contratar profesional adecuado que imparta educación de calidad. Pero este no es el caso. El chico en cuestión viene de una  familia de estatus social y económico alto, hecho por el cual resulta altamente probable que esté inscrito en alguno de los colegios más caros de Lima. ¿Cuál es el problema, entonces?

Quizá los grupos de pares a temprana edad tengan algo que ver. Por siglos, los seres humanos han tendido a asociarse con aquellos que son más similares y que comparten usos y costumbres parecidos. Estos grupos suelen ser cerrados y de difícil inclusión a nuevos integrantes (pues, entre otras cosas, se desarrolla un estrecho lazo de confianza a través del tiempo y a causa de experiencias diarias). En el caso de los adolescentes en el colegio, los grupos se comienzan a formar por alguna afinidad determinada (pasión por el fútbol, disgusto por los deportes, estatura determinada, color de piel específico, forma de hablar, etc.), la misma que se va reforzando conforme pasa el tiempo. El problema surge cuando llega un nuevo integrante que no comparte dicha afinidad. Así, los adolecentes del grupo tienden a rechazarlo y a aislarse.Este modo de vida se hace costumbre a lo largo de toda la etapa escolar y no existe ninguna autoridad (escolar o estatal) que diga que formar grupos exclusivos dentro del colegio no está permitido. ¿O sí la hay?

Cuando estos chicos salen del colegio y adquieren las prerrogativas que todo ciudadano consigue con la mayoría de edad, llevan a cabo el mismo tipo de comportamiento al cual se acostumbraron en el colegio. Además, piensan que sus actitudes son lo más normal del mundo (pues nadie les dijo que hacer grupos exclusivos estaba mal) y discriminan a cualquier persona que es diferente a ellos. Pero, ¿qué podemos hacer nosotros al respecto?

No basta con educación de calidad sino tenemos una educación plural. Una currícula educativa que no esté diseñada por los gerentes de aquellos colegios caros que solo priorizan generar la mayor rentabilidad posible, difícilmente será inclusiva y tratará a fondo temas sociales tan necesarios para borrar cualquier rastro de discriminación racial en el país. Pero creo que me estoy adelantando mucho para la realidad política de nuestro país. Sí, aquel país de corrientes y filosofías neoliberales donde el intervencionismo y la regulación estatal resultan totalmente diabólicos y contraproducentes.

Sí, pues. Por siglos, los seres humanos le han temido a lo que sus ojos perciben como diferentes. Pero hoy, con un Estado eficiente y con voluntad política, podemos ponerles anteojos.