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Una publicación de la asociación SER

Racismo, desde el emisor al receptor

Hace una semana, un auto bloqueaba la ciclovía entre el cruce de Arequipa con Paz Soldán, y un ciclista que iba delante de mí, indignado, llama su atención pidiéndole que se retire porque bloqueaba la ciclovía; a lo que éste le contesta “calla serrano de mierda, a mi ningún cholo me va decir lo que tengo que hacer”. Éramos 5 ciclistas aproximadamente, y el escándalo fue tanto por el bloqueo de la vía como por las palabras “serrano” y “cholo”. El ciclista agredido verbalmente, rojísimo de la cólera y un poco de vergüenza, le contestaba como podía.

Y hace unos días una usuaria de Facebook colgó un vídeo grabado en un conocido centro comercial, donde varias personas reclamaban y gritaban a una mujer por haber agredido a un bebé, y gritado a la madre “chola de mierda” sólo por ocupar una silla.

Sin embargo, la indignación es equiparable a la acción negativa de estas dos personas que agredieron tanto al ciclista como a la madre. En el primer caso, existe un acto en contra de las reglas de tránsito, y una conducta negativa y violenta por parte del conductor; y en el segundo caso, existen lesiones con agravante hacia un bebé, y un acto discriminatorio por no permitir que una persona ocupe un lugar. Pero; por qué nos altera tanto la palabra cholo y/o serrano. ¿Al indignarnos por esa palabra no le damos más poder al racismo? ¿No ocupamos el mismo lugar del racista?

Me explico; si alguien me gritase en la calle “chola de mierda”, yo sólo me voy a defender por la palabra mierda, más no porque me dijera chola. Para mi ser chola o serrana no es ningún insulto ni motivo de vergüenza; y no importa cuál sea la intención el emisor, lo que importa es cómo lo entendemos los receptores.

Entiendo la molestia y la indignación de muchos al oír esta palabra mal usada para herir o denigrar; pero no logramos nada con eso, al contrario seguimos enviando el mensaje equivocado de que ser cholo es malo y es un insulto racista.

La discriminación debe ser denunciada, por supuesto que sí; pero como un acto de exclusión, no por una palabra o palabras mal usadas. Debemos jugar del otro lado para erradicar el racismo y la violencia; y en vez de enojarnos o sentirnos avergonzados, aceptemos con orgullo que somos peruanos, somos mestizos; por más apellido extranjero o piel blanca, todos somos mezcla, y por eso somos cholos.

Yo espero que en este nuevo gobierno, el Ministerio de Educación trabaje de la mano con el Ministerio de Justicia; porque todos los problemas que afronta el país son producto de una deficiente educación y un autoritarismo enraizado en los derechos humanos.

El camino es largo, empecemos nosotros.