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Una publicación de la asociación SER

¿Quieres Paz?

Había escrito seis párrafos sobre el atrevimiento de la señora Gisela Valcárcel; seis párrafos sobre su relación con Montesinos y el fujimorismo,y el de otras figuras públicas más que hoy pasan desapercibidas y que tal vez la nueva generación no conoce. Pero al terminar de escribir, me di cuenta de que eran seis párrafos de negatividad. Sólo había críticas destructivas con palabras adornadas que no construyen ni solucionannada. Y, ¿quién soy yo para criticar?

Desde que tengo memoria hasta hoy, he recibido insultos y críticas destructivas por donde voy, y me he acostumbrado a responder con violencia y a la defensiva desde entonces. Además, utilizo esa mala experiencia como una excusa para mi accionar violento: Auto-defensa, le llamo. Pero la situación no ha cambiado. Aún se burlan de mí, aún contesto negativamente, aún estoy en un círculo de violencia infinita. Es más, traslado esa negatividad cuando veo algo injusto, cuando camino por la calle, cuando alguien es víctima de bullying, cuando escribo sobre un político con el que no concuerdo, y me transformo en un energúmeno cuando se trata de maltrato animal. Pero, hipócritamente, rechazo la violencia del Estado para atacar la violencia e inseguridad. ¿Cuál es la diferencia entre mis acciones y lo que reprocho?

El fin de semana pasado, todos y todas pedían paz, y la bandera y demás símbolos franceses desfilaban por cuanta red social existe. Ningún crimen, terrorista o militar, tiene justificación, y cualquier muerte, en cualquier rincón de este planeta, nos debe doler a todos. Así como el Perú no es Lima, el mundo no es sólo Francia y EE.UU.; y así como civiles murieron el pasado 13 de noviembre en Paris, miles más murieron en Siria, Beirut, en todo África, y en nuestro país, en cada conflicto social.

Un francés no vale más que un sirio, y esta guerra no es por fanatismos religiosos, sino por poder y petróleo. En el mismo sentido, un limeño no vale más que un cajamarquino, un arequipeño, un huancaíno,etc. Entonces, por qué a los limeños no nos importa lo que sucede a nuestros hermanos del interior del país. ¿Qué diferencias hay entre unos y otros?, ¿por qué preferimos sensibilizarnos con un país europeo antes que con nuestra sierra y selva? Pedimos paz, pero no somos justos; pedimos paz, pero colocamos barreras a los(as) que son diferentes a nosotros. Pedimos paz y distorsionamos los conceptos de justicia, feminismo (exageraciones que superan el machismo per se) e igualdad a nuestro antojo; pedimos paz y reprimimos derechos fundamentales, o sólo luchamos por los que nos convienen, mientras exigimos reprimir los demás (ateos buscando solución al reprimir el derecho a culto) derechos, en lugar de educar. Pedimos paz en otros países y no nos importa si hay guerra en nuestra casa.

¡Paz, paz, paz! Cual discos rayados, todos pedimos paz. Sin embargo, ¿qué hacemos para lograrla?, ¿cómo ayudamos para que se acabe la violencia en nuestras familias, trabajos y en la sociedad en general?

Para alcanzar la paz en el mundo, debemos alcanzar la paz individual, en nuestra familia, en nuestro entorno social. Sin embargo, hemos crecido y sido educados en familias machistas, sin valores morales. Nos enseñan desde niños(as) la desigualdad y competencia: “Debemos ganar siempre”, “yo valgo más que”, “soy menos que”, “merezco más o menos que”. Nos enseñan que las mujeres somos objetos sexuales y merecemos ser maltratadas; nos educan a separar por el color de la piel y la condición social, y a odiar y repudiar la homosexualidad; crecemos valorando sólo a las personas por lo que tienen y no por lo que son.

Si de verdad queremos paz, necesitamos educación inclusiva, necesitamos cambiar la educación competitiva por una colaborativa; debemos enseñar que si bien somos diferentes, somos iguales en derechos y deberes; necesitamos educación y cultura emocional: Dar amor y ayuda sin esperar recibir. Necesitamos cambiar nuestra cultura destructiva y consumista y valorar nuestros recursos naturales, y aprender a respetar todas las formas de vida que también son parte de este planeta. Necesitamos acabar con la cultura de chismes e hipocresías y crear una sociedad honesta en todos los aspectos.

La paz se logra al tener un verdadero sentido de justicia; cuando no solo reconocemos los propios derechos, sino también los de los demás; y cuando buscamos más opciones que contratacar y responder la violencia con más violencia.

¿Quiero paz? Y, sin embargo, no aprendo a escribir ni reclamar en positivo. Quiero paz, pero no sé perdonar las ofensas ni crecer con ellas. Quiero paz, pero en mi cabeza hay miles de conflictos personales hiriéndome día a día. Quiero paz y no logro reconciliarme con familiares lejanos ni con amigas o amigos perdidos por malos entendidos y resentimientos.

¿Quieres paz? Pero, ¿qué estás haciendo?

 

“…esa noche, más tarde, busqué un atlas en mi lap. Pasé mis dedos a través de todo el mundo y susurré: ¿Dónde duele?

Y respondió: ¡En todas partes, en todas partes, en todas partes!”

(WarsanShire)