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Una publicación de la asociación SER

¿Qué nos avisa Willaqniki 3?

¿Cómo nos los avisa? y ¿a quiénes nos avisa?

Willaqniki (el que avisa) es el documento preparado por la Oficina Nacional de Diálogo y Sostenibilidad (ONDS) de la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), que da cuenta de la gestión de conflictos sociales en el país. Este mes de febrero se presentó el tercer número dedicado a, y cito el subtítulo: “las culturas y el conflicto en el Perú. Contextos socioculturales”. Me concentraré en la primera parte, aquella que precisamente trata sobre el subtítulo. Se parte de la premisa que a pesar que varios de los conflictos son recientes, estos tienen una larga historia detrás que “han contribuido a crear y “sedimentar” diversas “culturas del conflicto” en el imaginario social peruano, que en realidad data de muchas décadas (y quizás siglos), reforzadas por una serie de elementos propios de la diversidad cultural del país” (p. 7).

Son muchos los puntos que llaman mi atención en este informe.

i. Para comenzar se asume que hay una forma conflictiva que es culturalmente aprehendida desde las poblaciones en su relación con el Estado. No se reconoce que desde el Estado hay una cultura política autoritaria y vertical que asume ciertas prácticas como válidas en su acercamiento al trabajo con poblaciones campesinas e indígenas, como por ejemplo la represión y el despliegue y uso de fuerza. ¿Cuántas comisiones han sido enviadas a lo largo de la historia republicana de nuestro país desde Lima a soliviantar revueltas, levantamientos y conflictos y éstas han ido acompañadas de representantes de nuestras fuerzas armadas para, dígase, garantizar el diálogo?  
Considero grave la mención que se hace en la sección “Antecedentes históricos” a siquiera sugerir que “las invasiones de haciendas protagonizadas por comunidades campesinas andinas en los años 50-60… son otra fuente alimentadora de las culturas populares del conflicto” (p. 8) y estimar que estas luchas por la tierra y el reconocimiento ciudadano, que para los autores del informe (casi, casi como secuencia lógica) luego se desenvuelven en un contexto urbano de movilizaciones sindicales y de trabajadores afirman “una cultura política que ve la confrontación como la única (o principal) manera de defender los intereses.” (p.8)  Estas afirmaciones se entretejen como parte una mirada histórica lineal y aglutinante que no recurre a fuentes secundarias para siquiera citar a algún estudio que avale estas afirmaciones.  No hay un sentido de autocrítica porque de la forma como queda planteada esta sección, y en realidad el índice de este informe, el diálogo siempre es desde las poblaciones hacia el Estado. Es una comunicación trunca que no se ve alimentada por el Estado –o es una manera simbólica por reforzar el mito de un “Estado ausente”, ineficaz o poblaciones aisladas. ¿De qué Estado habla este informe? ¿Cómo es este Estado que aparece como relator del informe? ¿Es el Estado acaso un agente garante de la paz y el diálogo entre sus ciudadanos?

ii. Porqué quizás se sigue pensando que ser inclusivo es usar un vocablo quechua como parte del título de un informe en el cual se tratará sobre “las culturas y el conflicto en el Perú”, así la cuota de diversidad se representa retóricamente cuando el resto del informe está redactado y pensado en castellano, desde el poder central del Estado mismo, que es la propia PCM.  

iii. Desde ahí se establece que “la sociedad peruana está formada por diversas culturas y subculturas, siendo las más significativas aquellas que corresponden a tres sectores socioculturales: 1) la cultura andina, propia de la población rural andina y de un fuerte segmento urbano en este ámbito; 2) la cultura urbano-popular, que corresponde a las clases populares urbanas, principalmente de la costa, y 3) la cultura criolla “cosmopolita”, de clases medias y altas de Lima y las ciudades más importantes” (p. 9).  Los grupos y poblaciones de la Amazonía aparecen relegados a una nota de pie al final del texto que nos “avisa” que serán atendidos en una próxima edición. No es solo su no mención, sino la forma de gradiente evolucionista con la cual se hace este trazado clasificatorio de la sociedad peruana. Como telón de fondo emerge la definición de Edward B. Tylor diera en 1871 sobre cultura como un todo “complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres, y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre”. (1) Esta definición alimentó la curiosidad y desarrollo de las principales escuelas de antropología del siglo XIX e inicios del siglo XX. Pero estas escuelas también se enfrentaron al evolucionismo imperante de estos siglos. Es desde la antropología que siempre se discutió que los seres humanos tienen distintas formas de pensar y ahí puedo citar el trabajo clásico de Evans Pritchard sobre brujería Azande. Pero aquí no. En este informe asolan los esencialismos y la mirada ahistórica y atemporal de pensar los grupos humanos como grandes totalidades homogéneas negándoles así a los sujetos toda posibilidad de agencia y de toma de decisiones propia.

iv. Más bien, la tipología establecida como gradiente evolucionista, se permite esgrimir rasgos “culturales” para cada grupo humano dibujado. Así, en los “andinos” prima “la desconfianza” como “un mecanismo de defensa, resultado de la experiencia histórica de expoliación y aprovechamiento del que la población andina fue víctima”. Por un momento pensé que leía un texto clásico de autores indigenistas de inicios del siglo XX y no el informe preparado desde la Presidencia del Consejo de Ministros y publicado en febrero de 2013. Aparece en esta caracterización de los andinos también la “resistencia pasiva”, la visión jerárquica y estamental de la sociedad, la importancia de las redes sociales (lo que en algún momento entendimos como “reciprocidad”)… se representa un Otro que es naturalmente “conflictivo” y enfrentado históricamente a la minería. Porque finalmente Willaqniki será un informe sobre “diferencias, controversias y conflictos sociales” que solo se centra en los problemas actuales que poblaciones de distintas partes del Perú tienen con empresas por el establecimiento de proyectos mineros en sus zonas. Es decir, no hay una mínima reflexión siquiera a nuestra historia reciente de conflicto armado ni pensar el país de posguerra que somos.
Pero sigo, en el caso “urbano-popular” emerge también como característica la desconfianza en las autoridades, la corrupción, mínimas lealtades, conductas transgresoras frente a las normas y el orden institucional de las cosas, es un universo criollo caracterizado como corrupto y transgresor pero en este, a diferencia del anterior, “hay una visión más igualitaria y democrática de las relaciones sociales respecto a la existente en el mundo andino rural…” (p. 14). Ajá! en esa pendiente ascendente que los autores del informe han trazado la democracia emerge y se construye en la ciudad civilizada. De ahí tratan de maquillar la oración diciéndonos que ahí también persisten la jerarquía, el racismo y el clientelismo como formas de relación con los otros. El conflicto en la cultura criolla “cosmopolita” es representado como “individualista”, “legalista” y ahí persiste “el temor de que los conflictos ahuyenten la inversión, y suelen usar con frecuencia este argumento para pedir la supresión de todo desorden social, independientemente del costo social que ello pueda implicar. En general, hay una suerte de miedo ancestral, no muy oculto, a la “rebelión de los indios” y a que éstos bajen a la costa a imponer su voluntad a los criollos… “(p. 14). Además, desde aquí se explican los conflictos sociales como “producto de agitadores (comunistas o radicales), que lo único que buscan es subvertir el orden y manipular a la gente con fines subalternos” (p. 14-15). Visión maniquea y dicotómica que deja mal parados a los temerosos “cosmopolitas”.

v. En este informe asolan los estereotipos y los esencialismos. La diversidad cultural no es comprendida en su complejidad, ni heterogeneidad ni diferencia. Esta es más, apelando a algo ya señalado por Javier Torres, como un mal o la sombra del Perro del hortelano (2), aquello que es un lastre para la inversión. Aquí comienzo más bien una reflexión sobre ¿qué Estado nos muestra y representa este informe?

vi.  Se nos muestra un Estado esquizofrénico: de un lado fomenta el orgullo nacional por las riquezas culinarias y culturales del país, que explota bien desde ciertas oficinas públicas y que es canalizado y perpetuado hasta con el cambio de símbolos nacionales, he ahí Marca Perú. De otro lado, es un Estado que mira su diversidad como un lastre frente al “desarrollo” o inversión –solamente—posible a través de la minería. No aparece en este informe ninguna otra forma de inversión sino la minera. Además en este informe inversión aparece contrapuesto a conflicto. Es un Estado además que no  fomenta el diálogo, mejor dicho, no dialoga con sus propias poblaciones –no las conoce ni entiende.  

Siempre pensé que el diálogo se establece entre dos o más partes, implica sí una relación de poder, pero aquí subyacen los diálogos truncos. El diálogo es el ejercicio del entendimiento, de hacer propio y digerible, aquello que recibes de alguna fuente emisora de significado. El informe dibuja diálogos que están dirigidos de un lado pero no son comprendidos o recibidos por el otro –he ahí los estereotipos que trazan. Si se habla de racismo desde, para usar su lenguaje “la cultura cosmopolita”, no se mira el racismo en su complejidad ni heterogeneidad como una forma de vincularse entre unos y otros, como un racismo que va desde todos los grupos sociales. Tampoco se complejiza el panorama con menciones a la etnicidad, como señalase Torres, no aparecen los pueblos indígenas, no se alude a una cultura política desde el Estado que exige a sus pobladores aprender a relacionarse con este a través de asociaciones. Es un Estado paternalista que presenta poblaciones andinas como ancladas en un pasado que no las deja avanzar (¿o será el Estado esa fuente inagotable de creación de mitos que no miran la realidad?). Quizás por ello se recurre a programas sociales asistencialistas que niegan toda capacidad de reflexión y decisión de los sujetos.

No se entiende tampoco en este informe que hay un poder que va desde abajo, que los sujetos pueden tomar decisiones sobre lo que desean para sus pueblos y que la nación hace ya tiempo que dejó de ser percibida como una entelequia homogénea. La nación se vive en tiempo heterogéneo, se construye desde abajo, desde la forma cómo los pobladores peruanos exigen que su gobierno, que su Estado esté a la altura de sus propias exigencias y responda respetando primero los derechos ciudadanos de reconocimiento de sus tierras e identidad.   

Es interesante pues que al tratarse de un informe de la PCM se nos presenta un Estado sin capacidad para fomentar el diálogo y sin capacidad para comprender a sus propios pobladores. Hay un pleno desconocimiento de las historias locales donde luchas ciudadanas quedan percibidas como fuentes de conflicto.  

Por último, en este informe solo aparece una referencia bibliográfica. En los antecedentes históricos y la suerte de tipología culturalista de la sociedad peruana solo hay una nota al final que hace referencia  a un autor peruano. Es un Estado que promueve la enseñanza de la palabra escrita pero que no es muy dado a la lectura de lo que sus investigadores producen. Esto también debería ameritar una reflexión y autocrítica desde nosotros, profesores e investigadores peruanos, que no logramos ser leídos ni servir de referencia para los informes elaborados en oficinas del Estado. Willaqniki 3 nos deja un panorama sombrío en la históricamente tensa y naturalmente conflictiva relación del Estado con sus poblaciones.  

Notas:

(1) Tylor, Edward B. 1995[1871]. "La ciencia de la cultura". En: El concepto de cultura. Compilado por J. S. Kahn. Barcelona, Anagrama.

(2) http://diario16.pe/columnista/6/javier-torres/2341/el-perro-del-hortelano-ronda-la-pcm