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Una publicación de la asociación SER

Promoviendo la industrialización

El presidente Humala ha anunciado el lanzamiento del “Plan Nacional de Industrialización”,  con el objetivo de promover la diversificación de la matriz productiva del país. Una tarea que requiere ser impulsada con decisión tanto desde el gobierno nacional como desde las regiones,  evitando los errores cometidos en el pasado.

La diversificación de la economía peruana  es una tarea que no solo debería haberse promovido hace bastante tiempo atrás. Peor aún, durante las últimas décadas se dio  atención especial, y casi exclusiva,  a la explotación y exportación sin transformación de nuestras materias primas.  Ese es uno de los principales reparos que  muchos han hecho al modelo económico vigente porque refuerza la dependencia de nuestra economía a las fluctuaciones del mercado internacional.

Los últimos años hemos tenido muestras de  esta mala manera de articularnos al mercado mundial. Una, que ha afectado a las regiones, ha sido la reducción del monto percibido por los gobiernos subnacionales por concepto de canon minero debido a la caída del precio  de los minerales como consecuencia de la crisis norteamericana y europea y el descenso del ritmo de crecimiento de la economía china.

El impacto de la situación internacional en nuestra economía  es un llamado de alerta para tomar medidas que prevengan uno de los círculos viciosos de nuestra historia. Más de una vez se han desaprovechado los procesos de acumulación basados en la exportación de materias primas, al no utilizar los recursos obtenidos para incentivar otros sectores de la economía.

Sin embargo, la industrialización no es  una varita mágica. Es indudable que es muy importante para generar más empleo, pero puede producir serios problemas sino se presta atención a  aspectos sustanciales.

Se requiere que la industria utilice nuestros recursos naturales y se base en el desarrollo de las capacidades de nuestra población; debe tener  como motor principal a las empresas nacionales –incluidas las pequeñas empresas -, combinar de manera adecuada la atención al mercado interno y externo, su actividad debe realizarse reduciendo al máximo posible los impactos ambientales y debe  partir de un acuerdo entre empresas, Estado, consumidores  y trabajadores que le dé sostenibilidad en el tiempo.

Si bien este tipo de iniciativas son responsabilidad fundamental del gobierno nacional, las regiones tienen mucho que hacer. El desarrollo rural es una tarea fundamental  pendiente  que se está convirtiendo en una deuda de las actuales autoridades regionales y que el próximo año puede ser su última oportunidad para responder a esta demanda de sus pueblos.   
 

Publicado en la revista Voces N° 47 (Diciembre 2013).