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Una publicación de la asociación SER

Problemática ambiental y Desarrollo

Hace unos días se cumplieron dos años del inicio de la resistencia pacífica contra el proyecto minero Conga. Este y otros conflictos, sumados al deterioro ambiental que vivimos, han generado diversos debates por lo que me parece importante realizar algunas reflexiones en torno a esa problemática, el desarrollo del país y las percepciones que se tienen sobre esos temas en el marco de estas luchas.

Resulta común escuchar o leer al respecto sobre eventos internacionales en donde el asunto principal tiene que ver en cómo hacer frente a la problemática ambiental o cómo afrontar el cambio climático. El problema está planteado, el objetivo que nos trazamos también, incluso en muchos casos la forma de lograrlos también, pero la situación no cambia y se sigue profundizando el desequilibrio ambiental.

Esta situación de creciente preocupación por nuestro medio ambiente ha tenido también una repercusión en nuestra vida diaria. Hemos introducido prácticas que consideramos ambientalmente correctas como el reciclaje, el ahorro energético, el no uso de ciertos materiales o tecnologías. Pero a pesar de esta 'conciencia ambiental', muchas veces se trata de actos aislados, que no se articulan a procesos en los que esas acciones individuales tengan mayor repercusión. Es decir, puedo manejar bicicleta buscando reducir el uso de combustibles fósiles o puedo separar mis residuos en mi casa, pero si no tomo en cuenta todo lo que implicó producir esa bicicleta o que mis residuos tengan una adecuada disposición final, el impacto positivo que pueden tener estas acciones es mínimo o nulo.

En el otro extremo se encuentra el tema del desarrollo. Desde muchos gobiernos y los grandes medios de comunicación se plantea que la conflictividad social, que en muchos casos tiene un fuerte componente ambiental, está limitando el desarrollo del país, alejando la inversión como sostenía el diario Correo en un artículo hace algunas semanas [1] . Aún está en nuestra memoria la frase “Perro del hortelano” usada por Alan García para designar a todas aquellas personas o poblaciones que cuestionan la forma en que se ejecuta la inversión y que, según él, se oponen sin ningún motivo más que el estar en contra del desarrollo del país.

Es importante entonces cuestionar(nos) cómo percibimos la problemática ambiental, el desarrollo y su relación, pues aunque existen muchas críticas al hecho en sí de buscar el desarrollo, es parte del sentido común de la población. Hay una asociación casi inmediata entre desarrollo y bienestar o calidad de vida, ya que entendemos que éste  implica la posibilidad de satisfacer todas nuestras necesidades.

Esta dicotomía aparente, entre lo ambiental y el desarrollo del país, está enmarcando nuestras  percepciones sobre la conflictividad social y el tema ambiental en específico. Por otro lado, enmascara cuestiones más profundas, como  los impactos que estos temas tienen sobre el territorio, sobre las distintas cosmovisiones y percepciones que habitan el territorio y como se dan estas relaciones dentro del ámbito nacional. Que urge de un diálogo profundo desde los saberes locales para articular propuestas que vislumbren un futuro más promisorio.

Entonces intentaré esbozar algunas percepciones que nos pueden aportar en el entendimiento de cómo muchas veces las soluciones que nos plantean o que planteamos, finalmente  reproducen la lógica que criticamos.
Una primera percepción que se tiene sobre la problemática ambiental es que las grandes industrias y empresas extractivas son la causa fundamental. Esa gran industria que basa las mejoras de sus niveles productivos y la calidad de sus productos en la ciencia y la tecnología. Así, el centro de la crítica está en las mineras, las hidroeléctricas, la agroindustria, las petroleras, entre otras, que generan los mayores impactos ambientales negativos.

Una segunda percepción tiene que ver con cómo vemos el medio ambiente. Existe un sentido común que lo ve como fuente inagotable de recursos y que es capaz de resistir todos los impactos negativos que ocasionemos para la satisfacción de nuestras necesidades. Esta percepción se basa en el rol  dominador que nos damos, es decir como controlamos todos sus procesos, creemos que podemos ‘limpiar’ o ‘reparar’ el medio ambiente gracias a los avances científicos y técnicos.

Finalmente, una tercera percepción tiene que ver con el desarrollo. Se piensa que logramos alcanzar el desarrollo cuando logremos incrementar nuestra industria, la que parte de mayores avances en ciencia y tecnología, asegurando la diversificación de la economía, permitiéndonos no ser dependientes de la venta de materias primas. Se establece entonces un círculo vicioso en el que la causa de la problemática ambiental, la ciencia y la tecnología, es también la solución al deterioro ambiental que se ha ocasionado.

Casos como el de Conga, Inambari, Cañaris están cuestionando nuestras percepciones sobre los temas ambientales y los modelos de desarrollo. Romper el círculo vicioso pasa por definir un nuevo rol para la ciencia y la tecnología,  que esté profundamente articulado a los procesos naturales y culturales. Esto finalmente plantea el reto de (re)pensar el desarrollo cuestionando no solo nuestra forma de producir, sino también nuestra forma de consumir; logrando que esta relación entre el consumo y la producción sea ambientalmente sustentable.
 

NOTA:

1. Diario Correo: Inversión minera se va a Chile por conflictos en Perú