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Una publicación de la asociación SER

Presidente, ¡no aprende!

La salida de Carmen Masías de Devida debería representar un cambio en la estrategia gubernamental de lucha contra las drogas en general. Deberían, en todos los niveles,  adoptarse los vientos de reforma que soplan fuertemente en el resto de América Latina (Colombia, México, Uruguay, algunos estados de Estados Unidos, etc.). Sin embargo, aparentemente, el cambio solo se reduciría a la forma de aplicación de la erradicación en el Vraem, y este hecho respondería a una cuestión pragmática y sensible: el riesgo de conflicto social que afectaría directamente al gobierno y a la imagen del Partido Nacionalista.

Mi postura en esta columna es bastante pesimista. Si bien el replanteamiento de la estrategia de erradicación en el VRAEM debería ser una nueva forma de ver el problema mundial de las drogas, considero que la principal razón de este hecho es que el gobierno de Humala se ha dado cuenta que se enfrenta a una población bastante coordinada y con gran capacidad de convocatoria y movilización (la movilización de cocaleros del 14 y 15 del mes pasado así lo demostró). Es decir, ni Humala ni sus asesores más cercanos (probablemente ni Otárola, flamante presidente de Devida), buscan reformar la lucha contra las drogas por convicción, puesto que si así lo hicieran no solo replantearían la erradicación forzosa (como lo han hecho, llamándola “reconversión productiva”), sino que también se comenzaría a trabajar por implementar programas de reducción de daños, o quizá la apertura del debate sobre el uso de cannabis en el Perú. Es más, el Perú podría dejar tratar de bloquear las iniciativas de otros países progresistas en espacios multilaterales como la OEA o las Naciones Unidas. Pero no, siguen con el mismo discurso.

Frente a esta situación, resulta necesario que los principales tomadores de decisiones gubernamentales sobre la materia se sienten a discutir cuál será la mejor estrategia de lucha contra las drogas en nuestro país, dándose cuenta así de que el mundo está cambiando y que urgen las reformas en esta materia. Por cierto, ya que el apoyo estadounidense ha disminuido considerablemente (para la lucha contra las drogas), deberíamos ostentar un mayor nivel de autonomía respecto a este tema (como lo prometió Humala en su Plan de Gobierno). Pero, quizá, por tanta mamadera (más de 30 años) se nos quedó la costumbre, se nos quedó el discurso.