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Una publicación de la asociación SER

Populismo peruano

Más que una ideología, el populismo es una corriente política que busca atender demandas y necesidades sociales insatisfechas, teniendo como fines principales la búsqueda de bienestar para toda la población, el reconocimientodel derecho de todos de participar en política y la creación de una identidad nacional que fortalezca la propia, ya deteriorada.

Sin embargo, en la práctica es totalmente diferente. El populismo, valiéndose de una peligrosa demagogia, enmaraña al pueblo y le hace creer que el líder populista, sea de derecha o de izquierda, es la única autoridad, fuerte pero justa, que va a solucionar todos sus problemas, sin importar qué y así tenga que ir contra la Constitución, y así tenga que violar derechos fundamentales, porque todo es en un supuesto bien de la población.

Este nuevo populismo aparece por nuestra resquebrajada democracia, por nuestra utópica “república democrática” y por no haber logrado establecer igualdad ante la ley ni justicia para todos. Todas estas taras hacen que la población caiga con mayor facilidad en el discurso fácil del populismo; ese que promete la incorporación y descentralización social, una economía equitativa, y unas supuestas seguridad y estabilidad que nunca llegan; y que sólo termina logrando una mejora del nivel de vida en los que ejercen el gobierno y en su círculo más cercano.

Además, el discurso populista, de derecha o de izquierda, suele separar a la población en dos: El pueblo y el anti-pueblo. Y en cada discurso u oportunidad ante la prensa, el líder populista intentará insertar odio en la sociedad, hacer que el pueblo odie al anti pueblo, logrando así seducir a esta parte de pueblo, que le perdonará todos los robos, actos de corrupcióny falta de justicia, porque supuestamente todo lo que el líder populista hace es en nombre del pueblo, y cualquier cosa que vaya mal será culpa del anti-pueblo. Por ejemplo, las esterilizaciones forzadas: Pese a tratarse de violaciones de derechos humanos, fueron realizadas en “beneficio” de la población más precaria y por tal motivo, todos y todas debemos perdonarlas y olvidarlas. Lo mismo sucede con todo el dinero derrochado en lujos, universidades caras, viajes de familiares, etc. Todo ese derroche es perdonado y olvidado nuevamente, porque el líder fujimorista de ese entonces terminó con el terrorismo del país. Es decir, con el populismo estamos obligados a ser ciegos y sordos, porque si el líder nos roba, es en nuestro beneficio; si el líder nos engaña, es en nuestro beneficio; si el líder nos mata, también es en nuestro beneficio; y si el líder no cumple, es culpa del anti-pueblo, jamás del líder populista. Cosa de locos, ¿no?

Para amenizar más esta locura, todo líder populista busca fusionar los tres poderes del Estado y gobernar a su antojo con una sola mano. Además, cada vez que el líder populista satisfaga ciertas necesidades mínimas, tendrá que publicitarlas con bombos y platillos, a fin de continuar con la maraña de que es el único que cura las injusticias en la sociedad y regala bienes al sector de menores recursos. Pero estos regalos y supuestos actos de justicia no son gratis, nada es gratis, todo tiene un precio. De este modo se incrementan los gastos del Estado, suben losimpuestos y el precio de la bolsa de consumo; y la inflación, cual huayco, le arrebata cruelmente los ahorros a la clase más baja del país. Claro está, la culpa no es del líder populista, sino del anti-pueblo.

El populismo peruano comenzó en 1912 y con el tiempo ha ido cambiando de rostro, de ideal, de partidos y de bandos. Desde la izquierda hasta la derecha, el discurso populista no sólo ha vuelto, si no que nunca se fue, sólo pasó disfrazado por cada gobernante, hasta el día de hoy. Si no queremos que el populismo nos gobierne nuevamente, si no queremos ser ciudadanos pasivos,de derechos pisoteados, y tontos enamorados de la demagogia populista, debemos aprender a ser una sociedad activa pero ordenada, exigir educación y buscarla nosotros mismos, y debemos, sobretodo, pensar antes de elegir y nunca olvidar que el poder está en el pueblo, y nunca en el gobernante.