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Una publicación de la asociación SER

Política y religión: lo que importa son los votos (y la plata)

Foto: Lamula.pe

En nuestro país los políticos suelen tener un natural acercamiento a las religiones, iglesias y sectas, mostrando un respeto excesivo hacia sus líderes. Al interior de estos grupos religiosos su palabra es dogma, y por ello nadie discute sus decisiones. Estos líderes asumen luchas retrogradas contra minorías sociales a las que considera pecaminosas y por tanto  condenables. Y rechazan a los homosexuales pero también a los divorciados. Mientras tanto a los fieles los sostienen con el diezmo obligatorio.

Más allá de que si creen en ellos o comparten sus creencias, los líderes de los partidos políticos, escudados en la “libertad de culto”, buscan acercarse a ellos -no por fe- interesados en el número de prosélitos con los que cuentan, que son votantes potenciales en una futura elección. .

En su momento los adventistas se unieron al fujimorismo, y en Puno mi buen amigo Pastor Díaz, llegó a ser congresista. La iglesia evangélica llevó al Parlamento hasta hoy vigente Humberto Lay quien postula por tercera vez a la alcaldía de Lima. De otro lado hemos visto a los últimos presidentes desfilar por los templos de Alianza Misionera. Y no olvidemos que en el congreso actual hay cinco evangélicos bastante sectarios. Para terminar la muestra recordemos que el cardenal Cipriani, confeso fujimorista y anti derechos humanos, tiene ideas coincidentes con el pastor y congresista Julio Rosas bajo la defensa de la familia. #ConMisHijosNoTeMetas.

Los grupos paraeclesiales y evangélicos tienen una peligrosa sintonía con los partidos políticos actuales. Se convierten así en caballos de Troya que sirven para lograr un cargo político y volver a un estado confesional que ya superó la historia. Podrá decirse de todo sobre el pastor Santana y su Iglesia del Aposento, pero hasta la misma Keiko Fujimori y Alan García han hecho genuflexión doble ante el pastor de marras. Aunque ahora lo negarán tres veces como Butters a Iza Motors o como Pedro a Jesús, pero la fe que profesan es pétrea y los lleva al martirio por su líder, sino veamos al congresista Miki Torres convertido en la  #señoraK. 

En resumen, cualquier iglesia radical o extremista, sabe que cuenta con fieles que no son nada despreciables para quienes sueñan con el 2021. Por ello sus líderes se unirán a un partido político e incluso lo financiarán. Las alianzas medievales renovadas se ciernen para afianzar el poder y la corrupción. La Iglesia católica con el Cardenal Barreto tiene claro que ese no es el camino, pero los evangélicos suspiran por los cargos que puedan conseguir...Peligrosísimo.