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Una publicación de la asociación SER

#PerúPaísDeVioladores ...aunque no lo aceptes

No hay día en nuestro país en que una mujer no sea violentada o no sea violada. No importa la edad, ni el lugar en el que viva. Tampoco si tiene o no tiene ingresos. El hecho es tan cotidiano que ya no sorprende. Sencillamente ocurre y se convierte en parte de un largo vía crucis que miles de mujeres peruanas viven, y se hace más duro aún por la indiferencia de la sociedad y el maltrato de los funcionarios del Estado que en vez de atender a las víctimas, las acusan de ser las causantes de su tragedia.

Es en ese escenario en el que la violación de una empadronadora del INEI en pleno desarrollo de los Censos Nacionales ha generado una reacción en cadena, no solo entre quienes vienen luchando por la implementación de políticas públicas que prevengan la violencia contra la mujer, sino también en la ciudadanía que siente que ha llegado la hora de cambiar las cosas. Lo lamentable es que hasta el día de hoy existe un sector que se resiste a aceptar que esta violencia requiere de una política de Estado y pretende ignorar lo que los hechos y la magnitud de las cifras muestran de forma irrefutable: no hay mujer peruana que no esté expuesta a las agresiones. Todas lo están.

Hay quienes argumentan que esta violencia la cometen hombres “enfermos” que no pueden controlar sus impulsos sexuales frente a mujeres que “los tientan con sus encantos” o “los seducen”, o que inclusive “consienten la relación”, entre otras cincuenta razones más que reducen todo al plano de los deseos. Quienes sostienen estas posiciones niegan de plano que la violencia de género es la expresión de relaciones inequitativas de poder en una sociedad como la nuestra, que privilegia a los varones subordinando a las mujeres. Relaciones jerárquicas que se asientan sobre un machismo profundamente arraigado donde los hombres se sienten los dueños de las mujeres y por tanto pueden disponer de ellas como mejor les plazca. Así somos parte de una cultura de la violación, instalada y normalizada: desde el acoso que no se percibe como tal, la exposición de las mujeres como objetos en los medios o la manera en que se culpabiliza a las víctimas, entre otras.

En Noticias SER consideramos que la resistencia a enfrentar el problema de la violencia contra la mujer es ante todo un problema político, porque cualquier política pública que busque prevenirla o enfrentarla, pone en cuestión los cimientos de una sociedad jerárquica que considera que la vida de los peruanos vale más que la vida de las peruanas. Y esto implica enfrentar a sectores profundamente conservadores y autoritarios que enarbolan las banderas contra las políticas que buscan reducir la desigualdad entre hombres y mujeres. Contra esa coalición de poderes eclesiásticos, políticos y empresariales que con sus acciones se hacen cómplices de violadores, acosadores y agresores, es contra quienes seguiremos dando la batalla.

#PerúPaísDeVioladores es un llamado urgente al Estado y a la sociedad en su conjunto.