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Una publicación de la asociación SER

Para dejar el mito de la Nación

“Nada se asemeja más al pensamiento mítico que la ideología política. Tal vez ésta no ha hecho más que reemplazar a aquél en nuestras sociedades contemporáneas”
La estructura de los mitos - Claude Lévi-Strauss

“Las naciones como medio natural, otorgado por Dios, de clasificar a los hombres, como inherente […] destino político, son un mito”
Naciones y nacionalismo - Ernest Gellner

¿Qué es un mito? Dicho esquemáticamente, es lo que al nivel de la cultura (no de lo cultural) opera como elemento demostrativo de lo que existe. Produce retroactivamente formas institucionales concretas, un oxígeno social y regula la performance de los sujetos. O sea que un mito forja materializaciones y subjetivaciones al interior de una formación cultural. Postula el orden de las cosas y procura su eterno retorno. Sedimenta los hechos que existen en la sociedad a tal punto que hace perder el recuerdo de su constitución y, de este modo, produce el espejismo de que lo que hay ha existido siempre. Así, toda sociedad necesita de un mito para sus necesarios períodos de homeostasis social.

Pero los mitos tienen un ciclo de funcionamiento. Paradójicamente estos mueren en su proceso de transmisión y expansión. Su éxito es el inicio de su fin. El final de un mito está en su esparcimiento, cuando deja ser operador explicativo del orden. Pero para esto es necesario siempre un desplazamiento hermenéutico, de lo contrario el mito sigue sedimentando las cosas. Su esparcimiento continúa con una lógica expansiva cada vez más perversa. Para que los mitos mueran, hay que hacer una arqueología de su nacimiento y evidenciar su desgaste. Así podemos responder –un poco en broma, pero solo un poco– a la pregunta de Lévi-Strauss sobre ¿cómo mueren los mitos? diciendo: ¡con ayuda!

Para el caso que nos ocupa, diremos que la Nación es un mito porque es el fundamento al que recurren los sujetos de una formación cultural para dar sentido a su sociedad. Luego de que apareciera el mito de la Nación se formaron retroactivamente instituciones tales como la nacionalidad, el sentimiento de patriotismo (pertenecer a una patria) y la manera ser un ciudadano. Mi punto es que el mito de la Nación se ha agotado. Hay que ayudar a darle muerte. Veamos por qué.

La idea de Nación surgió con una serie de revoluciones que van desde la Revolución Francesa en 1789 hasta las revoluciones de 1848 que terminó de derrumbar el absolutismo. Esta era de revoluciones, como lo llama Hobsbawn, dio fin al Estado-Absolutista y marcó el nacimiento del Estado-Nación. O sea que el sentido moderno de la categoría Nación no se remonta más allá del siglo XVIII.

Pero ¿cuál es la definición de Nación? Para no entrar en la densidad de debate, digámoslo así en simple: ¡no se sabe! Toda definición a priori objetiva y/o subjetiva es tan engañosa como inútil, porque que “la ‘nación’ real solo puede reconocerse a posteriori” (1). O sea que es una formulación discursiva que hacen los sujetos, ya sea a partir de datos preexistentes (cultura, folklore, leyendas, etc.) o inventados, para darse a sí mismos un sentido de pertenencia, un origen común. Por eso una Nación es, pues, una “comunidad imaginada” (Anderson); por eso la Nación no construye Estados sino al revés; por eso el Estado necesita de la maquinaria de la educación para crear una Nación homogénea (una lengua, una cultura, etc.); por eso ella siempre está en disputa, de lo que se deriva que nunca ha existido un Estado-Nación exitoso, sólido y total.

Si se me entiende bien, entonces no es difícil aceptar que los estudios llamados subalternos y poscoloniales (tanto en su versión original india como en su adaptación “crítica” latinoamericana) son la consecuencia necesaria del nacimiento del mito de Nación y no una reacción para su capitulación. O sea que para que haya ese campo de estudios tiene que mantenerse el mito de la Nación. ¿No es evidencia de su permanencia que el estudio de la “historia desde abajo” haya generado la ola de discusiones sobre los Estados-plurinacionales y no el abandono de la idea misma de Nación? Postular la pluralidad de naciones no es lo mismo que declarar la muerte de este mito.

¿Y por qué dar muerte al mito de Nación? Respuesta 1: porque este mito antes que una necesidad para los sujetos de una formación cultural, es un artefacto funcional a la necesidad estatal de la era del capital. En efecto, con el desarrollo de la revolución industrial, la competencia por el capital entre Estados se hace apremiante; de allí la necesidad de tener ejércitos profesionales y ya no mercenarios, de tener poblaciones homogéneas y ya no etnias dispersas, etc.; en suma, reclamar fidelidad a una nacionalidad era, pues, necesario para dar eficiente operatividad al desarrollo del capital. Respuesta 2: porque el verdadero problema no es la Nación, sino la idea de Estado a secas que tenemos en la cabeza; es decir, ese aparato de origen europeo que se comenzó a formar desde la Baja Edad Media (siglos XIV y XV), cuya primera dimensión (soberanía territorial) nace en 1648 con el tratado de Westfalia y cuya teorización más formidable es dada a conocer pocos años después con la publicación del Leviatán (1651) de Thomas Hobbes. La idea de Estado moderno es europea y nace como idea definida en el siglo XVII.

Con estos pocos elementos, reflexionemos con estas preguntas: ¿Todas las nociones de Estado se reducen a esa formación europea de Estado que se desarrolló desde el siglo XIV? Si esto es así, entonces no se podría hablar propiamente de Estado Inca, por ejemplo, pues de formó sin tener noticia de la existencia de la forma de Estado europeo. Aclaremos, no estoy tratando de decir que aquel era mejor que éste o que ya en esta parte del mundo teníamos una idea de Estado “propio”, etc. El chauvinismo es siempre una tentación rápida de todo nacionalismo. A donde sí apunto es en reparar en las siguientes interrogantes: ¿en qué momento esa forma de Estado particular se hace universal para el resto del mundo? Esto nos lleva a preguntar ¿qué es, pues, un Estado? Luego, si el Estado europeo crea la Nación como una herramienta para el capital ¿los problemas están del lado de la herramienta o del aparato que la usa? Entonces, ¿hay que discutir sobre la identidad nacional o sobre el capital y (¿su?) el Estado a secas (2)?

Si formulamos las preguntas en términos nacionales, es decir, pensando en el Perú, decimos lo siguiente: ya sabemos que aquí no hay Nación o que la hubo pero desde distintas perspectivas en disputa (republicanos andinos, república sin ciudadanos, república con ciudadanos, nacionalidades subalternas, etc., etc.); ¿no es la pregunta en qué momento se jodió el Perú expresión de este dilema? Pero ¿aquí se formó primero el Estado y luego la fallida idea de Nación? Si se intentó construir ambas cosas a la vez ¿cuántas investigaciones hemos dedicado al Estado a secas y cuántas al mito de Nación?

Un pequeño ejercicio bibliográfico de búsqueda de títulos de investigaciones sobre el Perú nos hará notar que la intelligentsia peruana o peruanista le ha dedicado sus mayores esfuerzos y energías a la cuestión de Nación, pero no mucho (casi nada en realidad) a la idea de Estado a secas. De los trabajos sobre la Nación hemos aprendido bastante, sin duda, pero los problemas sobre ese mito persisten: cuál es la identidad de los peruanos, en qué momento se jodió el Perú, etc, etc.

Mientras que la intelligentsia sigue en tal disputa, la economía de mercado global ya ha “resuelto” el problema: el peruano no solo tendría una identidad reflejada en la comida, sino hasta una marca, la marca Perú. Entonces nos preguntamos: ¿está del lado de la Nación el problema? Si la Nación, como vimos, desde hace mucho tiempo atrás es el brazo operativo del capital ¿vale la pena insistir en los temas de la “identidad” de los peruanos? ¿Desde cuándo un Estado para ser exitoso tiene que resolver los problemas identitarios de su sociedad? ¿O será más bien que el problema está del lado del Estado a secas? Bueno pues, para saberlo, valdría la pena dejar el mito de la Nación y concéntranos en el Estado a secas.

En suma,  si los mitos nacen, se agotan y mueren, a la luz del desarrollo anterior creo que no es del todo pretencioso pensar que el mito de Nación sino está ya muerto, por lo menos se ha agotado bastante. Hay que ayudarlo a morir o por lo menos suspender su estudio un momento para investigar el Estado a secas. Se podría decir que ya lo hace la Ciencia Política, pero ¿estudia el Estado a secas o el Estado-Liberal-Democrático? Como dije en una nota al pie de página, argumentar esto merece todo un desarrollo propio. Quizá en la siguiente columna.


Nota final: piensa el Estado como una caja 3D y la Nación como el Objeto de la promesa (3): ahora se puede entender mejor (espero) mi anterior columna. (http://www.noticiasser.pe/13/06/2012/pensamiento-salvaje/%C2%BFpor-que-humala-no-es-el-problema-sino-el-estado-nacion)

Notas:

1.    HOBSBAWN, Eric. Naciones y nacionalismo desde 1780. Barcelona: Critica, [1990] 2000, p., 17.
2.    La categoría de “Estado a secas” merece su propio desarrollo; no obstante dejemos indicado aquí que se refiere a la edificación de un aparato que permita el generar estabilizaciones en la sociedad. La naturaleza y composición de ese aparato  y esa estabilización son cuestiones hay que desarrollar más extensamente.
3.    Véase MONTALBETTI, Mario. Cajas. Lima: PUCP, 2012.